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domingo, 12 de abril de 2026

SELVA NEGRA 5.- ESTRASBURGO 24.03.2026

 Hoy pasaremos el día en la Alsacia francesa, la región mas pequeñita del vecino país y una de las mas encantadoras. El Rin hace de frontera natural con Alemania y los montes Vosgos  la separan un tanto, de Francia. 

Su capital, Estrasburgo, es una de las ciudades mas bonitas de Europa sin duda, además de cruce de caminos entre galos y germanos. Aquí se inventó la imprenta de Guttemberg, la bandera azul con estrellas doradas de la Unión Europea, dieron fama al paté de foie-grass  y nació la Marsellesa, el himno de los franceses. Luis Pasteur fue Decano e  impartió clases en su reconocida universidad y Erasmus de Rotterdam se quedó prendado de ella. Una ciudad a ratos alemana y a ratos francesa cuyo idioma indígena dicen que no se parece a ninguno de los dos, el alsaciano. Su casco histórico junto a la catedral situados en la "gran isla" delimitada por el río Ill son Patrimonio de la UNESCO desde 1.988


Salimos temprano aunque nuestro primer destino, Estrasburgo, no dista mas de 30km. El bus nos acerca lo mas que puede a la Grand Île, allí se concentra el centro histórico de la capital europea sede del Parlamento Europeo, del Consejo de Europa, del Tribunal Europeo de Derechos Humanos  y... de la Farmacopea Europea. Si, el tema de controlar la calidad para garantizar seguridad y eficacia de medicamentos nació allí, en un convenio firmado en 1964. Los españoles teníamos y tenemos nuestra propia farmacopea pero una vez nos quitamos las "telarañas" del medio, nos unimos al convenio europeo en el año 87. Esta farmacopea es la que suele estar presente en los despachos de boticarios, simplemente porque se revisa y renueva mucho mas que la española.

Después de unos 15 minutos andando por la "rue de la Brigade Alsace Lorraine", (esto de las zonas de bajas emisiones en los centros de las ciudades toca a veces un poco las narices) llegamos a la plaza de la catedral por la "calle de las mercerías", una de las que ofrece mejores vistas del emblemático edificio. Y allí, a los pies del precioso templo, nos separaron de nuevo en dos grupos. 

Esta vez nuestra guía era española, Nerea, de Alicante, con mas acento francés que español, curioso. La verdad es que además de simpática fue bastante interesante escuchar todo lo que contó. Primero nos hizo fijarnos en la plaza y en el edificio mas antiguo de ella, la casa Kammerzell de 1427. Hotel y restaurante actualmente, es de esas construcciones que te deja con la boca abierta. Su belleza medieval atemporal hace que sea uno de los lugares que se deben conocer. Como curiosidad comentar que los cristales de las ventanas en forma de culo de botella dejan penetrar la luz pero no permiten que desde fuera se vea el interior. Desde sus salones ofrece las mejores vistas de la catedral. Dicen que es la "braserie" mas bella del mundo, seguramente acierten, aunque su plato estrella es el chucrut con tres pescados acompañado de salsa de mantequilla,  yo no lo pediría. No la conocimos por dentro por lo que ya tengo un poderoso primer motivo para volver a Estrasburgo. En un rato se multiplicarían por diez.


Fijamos nuestra atención ahora en la esplendida fachada que tenemos frente a nosotros, te sientes muy muy pequeñito cuando miras hacia arriba y ves esa enorme verticalidad que presenta el frontal de la catedral. Me quedo muda, son 142 m lo que llega a medir la aguja de la catedral, hasta el s. XIX la mas alta de la cristiandad. Solo tiene una torre, a diferencia de las catedrales góticas que suelen tener dos. Es la catedral de Nuestra Señora. Notre Dame de Estrasburgo, comenzada en el año 1015, durante cuatro siglos fue creciendo en belleza y monumentalidad.
Nos acoplamos a la cola de entrada mientras observamos. Dice la guía que en el control de entrada debemos abrir bolsos y mochilas para mostrarlas a los guardias. La entrada es gratis para todos.


Todo el pórtico central y los dos laterales están plagados de figuras que cuentan historias, es una Biblia abierta, en el medievo la mayoría del pueblo no sabía leer y aprendían y recordaban el Antiguo y Nuevo Testamento a través de dibujos, pinturas y esculturas en las iglesias. En aquel tiempo las figuras estaban totalmente coloreadas, hasta que llegó la moda y decidieron que la piedra arenisca rosada desnuda era mucho mas elegante. Sea así o no, la belleza de la fachada es incuestionable. 

Al entrar te quedas sobrecogido por esa altura, la luz tamizada de la doble hilera de vidrieras y los esbeltos pilares que se alzan hasta las bóvedas de crucería. Si a nosotros nos conmueve, que no sentirían las gentes de siglos pasados al contemplarla. Las catedrales se crearon para unir la Tierra con el Cielo, era el camino que unía al hombre con Dios y lo consiguieron.


Nuestra atención no debe dispersarse dentro del templo aunque esto es fácil ante tanto que ver, lo primero las vidrieras repartidas por todos los muros, a doble altura, grandes, altas, espigadas y sobre todo el rosetón de la fachada principal, quizás el mas enorme que haya visto nunca en una catedral gótica. Simboliza el orden del universo y puede que sea lo más emblemático del edificio junto al reloj astronómico.


Presume esta catedral de vidrieras y con toda la razón, las del coro son las más antiguas, del s.XII y del XIII, maravillosas. Fueron precavidos. Durante la Segunda Guerra Mundial tuvieron la precaución de desmontar y esconder en unas minas de sal todas las que pudieron, ya estaban hartitos de recoger cristales. El templo sufrió muchísimo destrozo y expolio durante la Revolución Francesa y en todos los conflictos armados venidos en tiempos pretéritos.


Tras pasar por el belén napolitano preservado en urnas, llegamos a la una virgen muy peculiar con características románicas aunque datada en 1926, según reza en la base junto al nombre del autor P. Klein.



Presenta los brazos abiertos en acogida mostrando su hierática majestad, lleva al Niño en su regazo que sujeta una flor. Es la virgen de Alsacia o de Estrasburgo. La rodean un buen montón de velas, debe ser muy venerada por el pueblo.


El maravilloso púlpito adornado por incontables figuras y en ella una anécdota entrañable acerca de un predicador llamado Jean Geiler y su perro, que lo acompañaba hasta el púlpito, quedándose tranquilo en las escaleras hasta que su dueño acababa. Este señor fue muy querido por los fieles pues solía predicar en alsaciano. Los obreros tallaron a su mascota "in memoriam".


En el ábside de la catedral destaca otra vidriera con la virgen de Estrasburgo que vimos antes, esta vez aparece la corona de doce estrellas sobre ella. Es un vitral regalado en 1956 por el Consejo de Europa que simboliza la Paz y la reconciliación. En la bóveda, aunque parezcan mosaicos bizantinos, pinturas del XIX. Vemos a la Virgen siendo coronada, rodeada de los padres de la iglesia y fundadores de órdenes religiosas. Dejo un enlace donde explican muy bien la catedral, tanto el interior como el exterior, su historia y vicisitudes a lo largo de los siglos. Notre Dame de Estrasburgo


En la capilla de san Andrés una virgen Inmaculada Concepción que nos dicen es en realidad la Asunción. Pero vamos, la luna y la serpiente a los pies, vestiduras doradas, corona de doce estrellas... 



La columna de los ángeles, justo antes de llegar al reloj situada en el lado derecho del transepto, que simboliza el juicio final, ángeles con trompetas que lo anuncian, escenas del juicio y Cristo como juez supremo. 


Y llegamos al reloj que debía estar a punto de dar la hora pero nada, en este viaje se nos han resistido bastante los relojes, estaban poniéndolo a punto. Aunque de la hora, el  día, el mes, el año, las fases de la luna, el signo zodiacal  y el movimiento de los planetas, nada, no vimos nada de eso.  Arriba del todo, un gallo que al espabilarse los autómatas, canta tres veces y mas arriba el sabio Salomón. 


Pues a este rey sabio lo encontramos en el vértice del enorme órgano abriéndole las fauces a un león y en las vidrieras de la parte Norte del transepto, en pleno famoso juicio del bebé con dos madres además de en otra junto al rey David. También estaba en el exterior, un rato después le pillaríamos con la cámara junto a la Iglesia y a la Sinagoga. ya llegaremos a ello.  La sabiduría y la justicia están bien representadas en este templo.

vidriera del s.XII el juicio de Salomón

Esta claro, para empaparse bien de los tesoros escondidos hay que entrar a este templo con ojos del s. XIII y entonces será como estar totalmente inmerso en un texto medieval bíblico, a donde mires, un grupo de figuras, una vidriera, un detalle arquitectónico, la luz a través del cristal, la infinita altura de las naves... todo nos enseñará algo de la Escritura Sagrada. 


Saliendo hacia el exterior paramos un momento a contemplar las vidrieras que se encargaron para  conmemorar en 2015 el 1000 cumpleaños de la catedral. Totalmente distintas a lo acostumbrado y con técnicas innovadoras que, si no las destrozan, podrán mantenerse otros 1000 años en perfecto estado. El rostro de Jesús está compuesto por 150 retratos de gente corriente que visitaban el templo y que la diseñadora se encargó de fotografiar.


Nos vamos fuera, algunos se quedan rezagados en la tienda comprando algún recuerdo, yo me quedé con las ganas de traerme algún libro de esos que te explican al detalle cada milímetro cuadrado de la catedral. Mientras les esperábamos, Nerea nos conduce a la plaza del Castillo en el lateral derecho de la edificio. Desde aquí ofrece vistas distintas y se ve mejor esa transición del románico-gótico (en la cabecera y transepto) al espectacular gótico tardío del resto del templo. 


Es en este portal del Sur, el más antiguo de todos, donde encontramos otra vez al rey Salomón entre dos figuras femeninas que simbolizan la Iglesia y la Sinagoga. La primera aparece coronada, porta un cáliz y una cruz, la segunda con los ojos vendados y sujeta la Torá. Hay que ampliar la imagen para percatarse del mensaje tan importante que ofrece.


He leído que fue una mujer, Sabina Steinbach, hija de un maestro de obras del siglo XIII la que esculpió muchas de las figuras, con una destreza y simbología totalmente inaudito para la época.

En este vídeo se puede ver un documental sobre la arquitectura de la catedral:


     Estamos en la plaza del Château, ya hemos visto la catedral, a su lado el Palais Rohan, edificio del XVIII, residencia de los príncipes-obispos construido una vez retomada la ciudad por los franceses, que ahora alberga tres museos: el arqueológico, el de bellas artes y el de artes decorativas. A su lado, otra bonita construcción con otro museo "Musée de l’Œuvre Notre-Dame". Aqui se pueden ver todos los tesoros de la catedral que por desgaste, ha sido aconsejable sustituir por copias en sus localizaciones originales.


Y abandonamos el recinto para dar una vuelta por el centro. Emilio y Mauricio pegaron la hebra con un par de señores retrasándose un poco. Luego nos contaron que eran cubanos, les habían oído hablar y por el acento y tal... acabaron amigos para siempre.


Estamos en la plaza de Guttenberg, del inventor que nos cambió de era. El creador de la imprenta pasó unos años de su vida exiliado de su natal Mainz en Estrasburgo donde ideó, ensayó y perfeccionó su invento. En la plaza hay unos cuantos "cacharritos de feria" que no dejan ver bien lo bonita que es. Al frente, la sede de la Cámara de Comercio, antiguo Ayuntamiento.


Vamos ahora por la calle de los Cerrajeros "rue des Serruries" una de las más bonitas de la city, famosa por sus casas alsacianas. Nerea nos hace contemplar las fachadas, en concreto un inmueble con unos balcones con ménsulas llamados oriel, ventanales que sobresalen de la fachada. Más adelante otra casa bastante más antigua, con entramado de madera. 


En los bajos de las casas vemos comercios de souvenirs pero también una quesería, pastelerías... los empleados se acercan a los turistas para que probemos sus productos y compremos.


Pasito a pasito llegamos a la iglesia protestante de santo Tomás, en la plaza del mismo nombre. Es otra de las joyas que tienen los estrasburgueses catalogada como románico. La suelen considerar como la "catedral del protestantismo en Alsacia". 

No llegamos a entrar, solo la vimos por fuera, aunque el otro grupo si que lo hizo. Me contaron que guarda un mausoleo, el del mariscal Mauricio de Sajonia, cumbre del arte barroco y un órgano admirado por el mismísimo Mozart.

Si que vimos en la misma plaza, una estatua dedicada Albert Schweitzer premio Nobel de la Paz en 1952. Se encuentra sentado en esta plaza pues además de estudiar en la universidad teología y filosofía, fue pastor, docente, también estudió medicina y fue músico organista de la iglesia de santo Tomás. Tras pasar unos 20 años en Estrasburgo, se fue a África donde ya no paró.
 

Y llegamos a la Petit France. Inscrito como patrimonio mundial de la UNESCO, es el barrio mas pintoresco de la ciudad y hasta hace relativamente poco tiempo de lo mas pobre y humilde, hogar de pescadores, molineros y curtidores. Dicen que el nombre le viene  al barrio de un hospital que curaba "el mal francés", la sífilis


 Sus casas de entramado de madera, con desvanes abiertos y tejados aireados, los colores, los canales del río Ill que las envuelven, el adoquinado de las calles sinuosas, los puentes... y la gente que lo llena todo de vida, todo forma una postal en movimiento encantadora.

 Con no más de media hora para dar una vuelta por aquella zona me quedé sin saber que hacer, no sabia si meterme en una tienda, tomarme una cerveza o irme de excursión fotográfica. Menos la cerveza, completé con mas o menos éxito las otras dos opciones.
Agotado el tiempo de permiso volvimos al bus dando un soleado paseo por la rivera del río. Nos esperaban en Colmar para comer.
Estrasburgo fue un maravilloso descubrimiento, una ciudad espectacular, llena de vida, de historia y tradiciones francesa y alemanas, una ciudad mestiza donde todo se funde, un crisol de culturas en el centro de Europa.




miércoles, 8 de abril de 2026

SELVA NEGRA 4.- GUTACH Y LOS RELOJES DE CUCO 23.03.2026

 Y nos metimos de lleno en la Selva Negra. Después de un buen desayuno buffet en el Mercure subimos al bus para desplazarnos por una ruta de montaña boscosa preciosa, plagada de árboles y verde prados de cuento, hasta llegar al valle de Gutach. Íbamos a conocer el museo al aire libre Vogtsbauernhof


Las primeras granjas de esta región son del s.XVI. Es una zona tan fría, tan umbría,  tan desconocida y de terreno tan difícil de cultivar que los campesinos alemanes solo se establecieron cuando comprobaron que monasterios y conventos se asentaban. Normalmente, eran fincas autosuficientes, distantes unas de otras, pertenecientes a agricultores y ganaderos. Los artesanos que se dedicaban a otros oficios como molineros, carpinteros, herreros, panaderos, tejedores, zapateros, lateros, sopladores de vidrio, etc que les faltaban en la granja, solían establecerse en ella temporalmente mientras atendían los trabajos necesarios. 

Acercándonos a la zona, pudimos descubrir desde el bus troncos apilados, serían aserraderos, en definitiva industria maderera. Luego nos contaron que en la zona se dedican a la silvicultura. Tuve que consultar que era exactamente aquello pues me sonaba a algo así como a "cuidar del bosque", en este caso, selva, pero el concepto es un tanto mas complejo. 

Estos parques naturales me encantan, debo tener parte de alma de perroflauta, aunque no creo que durara mas de 24h seguidas entre hierbas y bichos. Me entusiasmó el de Rumanía y me ha encantado este. Se trata de un lugar maravilloso para retroceder en el tiempo, entre caserones antiguos típicos de la Selva Negra, de distintas regiones y de distintas épocas, trasladados pieza a pieza desde sus lugares de origen. Algunos con más de 400 años encima.

Vimos varias casas solariegas totalmente amuebladas, con utensilios de cocina, vajillas, retratos, cachivaches, ropa, juguetes, herramientas, cestos a medio hacer, carruajes...parece como si sus inquilinos puedan aparecer por alguna esquina para llamarte la atención por invadir su casa. 


Dejamos a la izquierda un complejo con tiendas, baños y restaurante en el que hicimos un alto mientras Marta iba por las entradas y los guías, tras cruzar las vías del tren por un pasadizo subterráneo ya estábamos en la entrada del parque, con mas tiendas, restaurantes, servicios etc.
La parada del tren está justo enfrente de la entrada al recinto.


Tuvimos guía local, dos, otra vez nos dividieron. Nos tocó una chica argentina amante de la vida rural que nos llevó a una pérgola para mostrarnos el plano del lugar y ponernos en antecedentes de lo que íbamos a ver. El museo llevaba abierto solo un par de días. Lo abren la última semana de marzo hasta la primera de noviembre. Tuvimos suerte aunque no estaba a punto, nos dimos cuenta un poco mas tarde.


El recorrido trata de llevarte por unos 24 o 25 puntos para explorar las fincas con sus anexos: graneros, almacenes, molinos, establos, fresqueras... En cada una de estas paradas encuentras un panel informativo giratorio en varios idiomas, entre ellos el español. El conjunto de edificios están distribuidos de tal manera que parece un pueblo. Se puede conocer cómo vivían los granjeros alemanes de la Selva Negra hace un montón de años. También hay animales: cabras, ovejas, vacas, caballos, gallinas, patos, burritos... de los que vimos, tres de cada. 

Primero fuimos al molino hidráulico de grano que, según cartel de la entrada, data de 1609. Laura nos explicó como funcionaba, cuáles eran las partes nuevas y las antiguas. Una vez comprobado que había grano en la tolva, intentó ponerlo en marcha pero el caudal de agua que lo activa era tan canijo que aquello no funcionó. 

La segunda visita fue para la finca que da nombre al lugar, la granja Vogtsbauernhof, grande, preciosa, imponente, la única que aún se conserva en su lugar original, con sus muros de piedra y su tejado con faldón de madera y paja que protege los muros de vientos helados y nieve. Un edificio histórico en perfecta simbiosis con su entorno que data de 1612. Estuvo habitada hasta los años 60 del siglo XX, trece generaciones de la misma familia pasaron por aquí. Fue museizada  a partir de1964 (primer edificio que se abrió al público). Delante posee un jardín de hierbas aromáticas y medicinales además de un huerto,  cercanos  se sitúan un granero-almacén, una fresquera, un WC, el molino y la panadería-destilería.

La entrada lateral es pequeña, y los techos tampoco son muy altos, yo estaba cómoda pues levanto poco mas del metro y medio pero algunos chicos se llevaron mas de un coscorrón... los selvanegrenses de hace 3 o 4 siglos debían ser pequeñitos y enjutos. Leí en algún sitio que el raquitismo era endémico en la zona y digo yo que también en muchas mas, sobre todo en esos tiempos.

La casa consta de tres plantas, en la primera, cocina con tres hogares (uno por familia), comedor, salón y en la parte de atrás la cuadra. Es donde se generaba el calor. En la segunda, dormitorios unifamiliares y en la tercera, para que el calor no se escapara, se ubicaba el pajar. 

Estos edificios suelen tener varias entradas, una o mas por la planta baja, otra por escaleras exteriores que van al primer piso y además un gran portón en el segundo piso, en la arte de atrás, aprovechado el desnivel del terreno con una rampa.


Como curiosidad, la cocina de esta vivienda, y también de las que vimos luego, no tiene chimenea, para aprovechar el calor y el humo. Paredes negras negras, el humo que generaban los fuegos se utilizaba para ahumar alimentos y el calor para calentar la casa. Salía por unos agujeros en el techo. Claro, las señoras pagaban las consecuencias, cuentan que un granjero solía quedarse viudo al menos tres veces a lo largo de su vida. Estas viviendas eran compartidas  por mas de una familia, según entendí. Por lo visto había habitaciones unifamiliares, muchas veces para profesionales que trabajaban en la parcela: el panadero, el zapatero, carpintero...


Junto a la cocina, el salón comedor con varias ventanas que dan al frontal de la casa y una estufa de azulejo verde refractario que se calentaba desde la cocina. Lo de los ventanales era un símbolo de status social: a mas cristales, mas dinero. En una esquinita camuflado entre el revestimiento de madera, un pequeño panel deslizante donde esconder una herradura, símbolo de superstición que debía esconderse por si aparecía la autoridad eclesiástica. Aquí eran todos muy apretaditos con la religión pero las leyendas del bosque negro podían mas. 


Los dormitorios en el piso de arriba mostraban unas camas mas bien cortas debido a la costumbre de dormir semierguidos, por si había que salir corriendo, temían mucho al fuego. Y mas arriba, el pajar, ahí se guardaban los carros, maquinaria pesada, etc. la perspectiva para ver como está construido el enorme techo de la vivienda desde aquí es perfecta. Dejan un espacio prácticamente diáfano en el pajar.  


Se pueden ver los vestidos que utilizaban los lugareños, fue la primera vez que vimos a tamaño original el sombrero de pompones rojos, el bollenhut que portan las solteras. Si tu corazón no está disponible, entonces debes llevarlo en negro.

Y subimos al enorme espacio del pajar, grande amplio, diáfano y bastante mas luminoso que el resto de la casa. 


En la parte baja, atrás, una amplio establo para caballos y ganado con aperos, monturas, un poco de todo. Fuera, en edificios separados, la destilería y la panadería además de una pequeña fresquera cercana a un abrevadero de agua continua, para guardar leche y alimentos perecederos.


Luego nos dejaron disfrutar por media hora del parque, aunque me hubiera quedado todo el día. 

Casi no dio tiempo a conocer el Hippenseppenhof, otra finca de 1599, el tipo de casa mas antigua conocida de la Selva Negra. Es muy reconocible por el Cristo crucificado del frontal al que acompaña Longinus. Fue la primera casa transferida al museo desde otro lugar.

Vimos un par de ellas más a toda prisa. Nos quedaban 4 o 5 minutos así que corrimos hacia una construcción con una cruz en lo alto del tejado de paja, en su puerta un chiquillo de cartón daba la bienvenida a los visitantes.


 Una trupe de niños salió corriendo del recinto entre gritos y risas, entramos y vimos que la antigua capilla se había convertido en un taller para jovencitos que inundaban el lugar. En lo alto, un intrépido guerrero de paja nos miraba desde su otero. 


¡Que visita tan bonita! Que manera de preservar el pasado tan especial, tan respetuosa con las tradiciones y el medio ambiente. Me encantó, se me hizo tremendamente corto. Me hubiera gustado ver a los artesanos que suelen exponer sus trabajos y hacen "making of" los fines de semana, me hubiera gustado tener mas tiempo para explorar bien algunas de las dependencias  de las casas convertidas en museos, como la del bosque con laberinto, la de los trajes regionales, la de los relojes o la que tenia la historia de la tarta "selva negra". Me hubiera gustado ver los animales, solo dio tiempo a  las cabritas, el resto nada, me hubiera encantado disfrutar por lo menos un par de horitas mas de aquel lugar tan singular.


Al salir hicimos un kit kat en la tienda del parking, era enorme y había un montón de relojes de cuco además de  muchísimos adornos de navidad. Me quedé embobada observando el detalle de los relojes, personajes en escenas cotidianas, pequeños animales, abetos, ciervos,,, todo con un mimo maravilloso, daban ganas de gastarse el dineral que costaban.

Recuerdo cuando era pequeña que en mi casa había uno de estos, aun vivíamos en Teniente Arrabal, la cuesta de los Remedios, yo debía tener menos de 8 años. Mi padre lo trajo una noche cuando volvió de trabajar y lo colgó en la salita. No era muy grande pero si muy alegre. Tenía un péndulo y dos piñas de contrapeso. El motivo principal eran hojas de hiedra rodeando la casita del cuco. Se vino con la familia a los grupos Alfau pero cuando nos volvimos a cambiar de casa ya le perdí la pista.


Llegaba la hora de comer, esta vez en un restaurante cercano que sonaba a griego Alexandros. De primero la conocida ensalada de lechugas variadas con zanahoria, remolacha y apio rallado y de segundo Bifteki, un pastel de carne picada relleno de queso feta, cocinado a la brasa y acompañado con patatas y tzatziki. ¡riquísimo! Creo que casi nadie pudo con el rulo entero a pesar de lo bueno que estaba. Y encima postre, yogurt griego con miel y nueces. Nada mas que acordarme me indigesto. 

Aunque el programa marcaba regreso a Offenburg, con tiempo libre hasta las 18h que era la misa en la parroquia de san José, Marta nos dio una pequeña sorpresa, decidió que nos llevaría a ver el reloj de cuco mas grande del mundo que andaba  muy muy cerquita. En realidad eran dos, el mas grande a lo ancho y el mas grande a lo alto 😀en dos localidades muy cercanas que además, me di cuenta mirando Maps, se localizaban a un suspiro de Triberg.


El primer reloj, de grande como una casa de tres pisos, es una preciosidad. Esta situado en la carretera que une Gutach con Triberg, en Hornberg junto a una tienda de souvenirs con un montón de artesanía. El mecanismo está preparado para dar las horas y las medias y activar a los autómatas si se le echa un euro a la hucha, pero estaba estropeado. 


Nos hicimos un millón de fotos con él. Dicen en la web que ya no es el reloj mas grande del mundo, porque en el vecino pueblo de Schonachbach o algo así, construyeron uno mayor. (Rivalidades adolescentes de quien lo tiene mas grande). Fuimos a visitarlo. 



Ahora si que estábamos delante de uno enorme que funcionaba con monedas aunque tenía menos gracia, como si hubiera perdido el arte de lo "hecho a mano". En la misma manzana del reloj que ocupaba la parte trasera del edificio, otra enorme tienda de artesanía  y otro cuco mas alto y mas bonito, este fue para mi el mas elegante.

Aunaba el arte del reloj de cuco de péndulo y pesas de piña, y la belleza de las casitas antiguas alemanas de madera vistas con sus símbolos en la fachada. Precioso. Se podía visitar por dentro, costaba 3€ aunque ninguno se decidió. 



Nos metimos a ver los relojes de la tienda que eran preciosos, había uno gigante que costaba una millonada, un artefacto como este debe tener montones de horas de trabajo. 
Los relojes de cuco son originarios de la Selva Negra, no de Suiza como muchos creen. Datan del s.XVII-XVIII siendo fabricados por artesanos de la madera. Para saber mas sobre su historia,  este artículo de Wikipedia está muy completo: relojes de cuco


Serían las 4 de la tarde cuando ya estábamos camino a Offenburg. La misa se adelantó a las 5, llegamos en hora a la parroquia de san José, muy cercana al hotel. Ofició el padre Mauricio y nos encantó. El padre Matías concelebró con su perfecto español de marcado acento alemán.


En el hotel estábamos a las 6. Deberíamos haber pedido a Marta que nos acercara al centro, a los que hubiesen querido, aun era de día, podríamos haber explorado un poco el pueblo del que solo recorrimos una calle el día anterior  y volver a las 20h para cenar. Creo que a nadie se le ocurrió. Fue entonces cuando la mayoría, al entrar en sus habitaciones, se percataron que no había pasado por allí la camarera de piso ni para estirar sabanas, ni para cambiar toallas.
Marta intermedió con los responsables del hotel para que proporcionaran toallas, mas almohadas o lo que necesitase cada uno, aunque ya era imposible arreglar cuartos pues no disponían de personal.
Estuvimos abajo en recepción tomando cervezas desde las 7 de la tarde, haciendo cuerpo para la cena.

A las 20h el buffet en el comedor tirolés estaba preparado. Esta vez no éramos los únicos, había bastante gente, sobre todo hombres, seguramente trabajadores de alguna empresa. 
El chico que nos atendió ayer no estaba, en su lugar había dos camareros, uno rubito joven muy amable y otro más mayor con un humor de perros, tan de perros que Agustín la tuvo con el por decir en un tono una tanto despectivo "LOS ESPAÑOLES COMO SIEMPRE, MOLESTANDO". ¡Con la Iglesia hemos topado! Agus, que no perdona una. Además, este señor ya venía de llamarle la atención al padre Alberto por abrir una botella de licor que había comprado fuera y de responder a Tere con muy malos modos, al indicarle ella para quien eran las cervezas que había pedido. Agustín se fue derechito a recepción a dar las quejas. Los españoles molestaremos lo que tengamos que molestar porque solemos hablar alto y somos algo escandalosos, aunque creo que somos mucho mas educados que muchos europeos y muchísimo mas tolerantes. ¡dónde vamos a parar!

El plan del día siguiente llegó puntual. Mañana nos desplazábamos a Francia, Estrasburgo y Colmar

Fue un día muy bonito, el museo de la Selva Negra me encantó y también los enormes relojes de cuco,  aunque lo hubiera aprovechado mejor estando un par de horas mas en el parque, retrasando un poco la comida y después de los cucos gigantes, paseando por Offenburg, la gran desconocida. En la próxima será.