Hacía mas de tres meses que Mari Loli había señalado como destino septembrino Cantabria. ¡Que ganas que bajaran los calores para recorrer la preciosa comunidad norteña! Me puse a buscar posibles rutas, alojamientos y visitas preguntando a amigos, residentes y ,como no, a Mr. Google que todo lo sabe. A finales de julio tenía ya un dossier bastante contundente que no hacía mas que crecer y ampliar los días que estaríamos fuera de casa. Todo era bonito, interesante, lleno de historia o estaba muy rico. En cualquier tertulia cada vez que salía el tema, acababa apuntando algo. Lo que empezó con una programación de 5 a 6 noches fuera de casa se transformó, por arte de magia, en 9 noches de hotel y 10 días de viaje.
Pasó la boda de Chakira y Joselito y llegó el día elegido para partir: 18 de septiembre, debo decir que por entonces mi ánimo había cambiado. Los recientes acontecimientos acaecidos en mi tierra natal me tenían muy en baja forma, sin ganas ni ilusión por este viaje con nuestros queridos amigos, aunque por otro lado, el hecho de quitarse unos días de Ceuta y liberarse de la tensión con la que allí continuamos viviendo vendría bien al oremus.
Quedamos en salir por la tarde, después de la siesta, el primer intervalo programado en los mas de 1000 km que nos separan de la comunidad cántabra lo situamos en la bella Extremadura. España es grande, preciosa y única por lo que establecimos paradas lugares que no conocíamos: Zafra, León y Ribadesella, antes de entrar en Cantabria.
Zafra, es una coqueta población extremeña en la provincia de Badajoz. Nos esperaba el hotel Plaza Grande en el centro neurálgico de la ciudad aunque antes de llegar, dos cosas nos retuvieron: un enorme atasco de cerca de una hora en Sevilla antes de cruzar el puente del V Centenario, y la segunda llenar de energía al Tesla. A Monesterio nos llevó, causalidad que aprovechamos para tomarnos la primera cerveza del viaje con un montadito en la Ponderosa, muy cerquita de los cargadores.
Llegamos a Zafra ya anochecido, el navegador nos condujo por un laberinto de callejuelas cada vez mas retorcidas y estrechas hasta una gran plaza atestada de terrazas repletas de público, mientras la Benemérita, presente bajo los arcos que rodean la plaza, vigilaba atenta.
Los muchachos de recepción que nos atendieron además de superamables, nos indicaron donde aparcar, pues aunque en la plaza se podía estacionar un rato el vehículo mientras te registrabas y tomabas posesión de tu aposento, había que irse de allí. Lo difícil fue sacar el coche de las callejuelas que rodean la Plaza Grande. Que justas, que enrevesadas, algunas sin salida... hasta que dimos con otra pequeña placeta a unos 200m de distancia del hotel donde dejamos a nuestro ordenador con ruedas aparcado.
El hotel Plaza Grande es una casona señorial con historia propia, muy bien reformada, con pocas habitaciones, solo una * pero bastante bien conservado y atendido. Lo justo y necesario en la habitación con baño, camas cómodas y una ubicación inmejorable. Además en su oferta incluyen desayuno que estuvo bastante bien. La relación calidad/precio fantástica. Está ubicado en la plaza principal de la villa, la Plaza Grande, un espacio amplio, rodeado de casas antiguas con soportales y arcos, una fuente grande y palmeras.
Salimos a dar un paseo para conocer el pueblo y acabamos cenando en una de las abarrotadas terrazas de la plaza Grande tablita de quesos extremeños, salteado con verduras y setas, riquísimo y taquitos de bacalao.
Zafra es pequeñita y encantadora. Conserva gran parte de sus murallas medievales que la rodeaban antiguamente en su totalidad. Fueron construidas entre 1426 y 1449 por el señorío de Feria que consiguió hacer de un pequeño pueblo fronterizo extremeño, sin pena ni gloria, una rica ciudad de la Baja Edad Media. Para entender esto pongámonos en contexto, en la España de los cinco reinos, D. Juan II rey de Castilla, papá de mi admirada Isabel la Católica, reinaba en la región extremeña, Extremadura, "extremos del Duero" "ciudad de frontera" aunque la mayor parte de este territorio se encontraba en manos de señores feudales y órdenes militares como las de Alcántara o la orden de Santiago. Al ser Extremadura frontera con Portugal y nudo de comunicaciones entre otras zonas de la península, las luchas de poder entre oligarquías y nobles eran constantes por ello las ciudades se amurallaban y reforzaban sus defensas hasta las trancas.
El antiguo señorío de Feria supo aprovechar la localización de su enclave en la centuria entre 1400 y 1500 para convertirlo en una floreciente ciudad con un gran corazón económico, político y monumental. La familia Suárez de Figueroa, señores de Feria, decidieron dotar a Zafra de unas faraónicas murallas, un cinturón fortificado de 1200 metros de longitud con doble propósito: el defensivo además del fiscalizador y comercial. Todos los mercaderes debían acceder por una de las puertas de la muralla y pagar los tributos al señorío.
Aunque este señorío se fundo a finales del s.XIV, la familia consolidó su estatus real en 1460, cuando el rey de Castilla, por entonces Enrique IV, hijo de Juan II y hermanísimo mayor de Isabel, otorgó a Lorenzo Suarez de Figueroa el título de Primer Conde de Feria. Es entonces cuando la familia decide convertir Zafra en la indiscutible capital de todas sus posesiones. Para reflejar su estatus noble, promovieron obras que cambiaron la villa para siempre como el Alcázar que hoy es el Parador de Zafra, una fortaleza gótico-mudéjar en el corazón del pueblo anexionada a la muralla y el Monasterio de las Clarisas de Santa María del Valle, panteón para el linaje familiar. Como es lógico, el pueblo se llenó de edificios pertenecientes a gentes de posibles, tuvimos ocasión de admirar algunos de ellos en nuestro paseo.
Para saber mas: Historia de Zafra
Los pies nos llevaron a conocer desde la céntrica calle Sevilla, llena de tiendas, hasta pasar por el convento de santa Clara o el antiguo palacio de los duques de Feria convertido en parador de turismo. Luego fuimos a ver la plaza Chica la más antigua de las dos, cruzando por el arco del Pan, descubriendo de paso la columna con la vara de medir que utilizaban en el medievo para evitar timos y la hornacina con la Virgen de la Esperancita. Había gente por todos lados, se notaba que estábamos en una noche de viernes veraniego.
Poco después de las 23h cansados del viaje, nos retiramos a nuestras tranquilas habitaciones. Hora de dormir.
Como siempre me pasa, me desperté temprano. A las 8 am estaba duchada, vestida y lista para salir. Decidimos dar una vuelta por el pueblo que con luz diurna nos pareció distinto, incluso mas bonito que la noche anterior. Nada más salir a la calle, me percaté de un detalle que me emocionó, en el balcón frente al hotel, entre macetas de geranios, lucía la bandera de España en una esquina y en la otra, la bandera de mi tierra querida, Ceuta. Saqué la mía que la llevo siempre en la mochila y allí debajo me hice una foto. Zafra está con Ceuta, con España, como debe ser, como es.
Llegamos al parador, ubicado en una plaza ajardinada, antiguo patio de armas intramuros. Las nueve torres almenadas son imponentes, más aún la del homenaje, enorme, que resalta por su tamaño sobre las demás. Entramos para conocer el patio renacentista, en mármol blanco construido cuando los condes pasaron a ser duques y grandes de España por obra y gracia de Felipe II y subió aun mas su caché.
Cuentan que un día cuando el quinto duque de Feria murió sin descendencia masculina, la rama principal de la familia Suarez de Figueroa se extinguió, sus títulos y posesiones se fusionaron con la casa de Priego y luego con la de Medinaceli, Zafra dejó de ser prioridad y su palacio cayó en el olvido, se utilizó como cuartel, se convirtió en hospital y hasta llegó a ser un instituto. En 1960 cuando el entonces Ministerio de Información y Turismo franquista andaba buscando localizaciones para la red de paradores españoles el palacio fue uno de los elegidos gracias al alcalde de Zafra que supo "vender" el edificio que por entonces amenazaba ruina.
A Zafra la llaman la "Sevilla chica" apodo que le viene por las ferias de ganado que se celebraban el la plaza Chica como en Sevilla. Aunque en tiempos pretéritos se celebraran mercados, es Juan II de Castilla el que otorga a la villa la celebración de la "Feria de san Miguel" en torno al otoño. Al estar Zafra situada en el paso de la "Cañada Real" se convirtió en el centro por excelencia de la compra venta de ganado, cuero y lanas en el sur del reino. Los Reyes Católicos lo ratificaron y concedieron mas privilegios a la villa asentando los cimientos para la actual "feria internacional ganadera de Zafra"
Poco después volvimos sobre nuestros pasos al hotel para desayunar, coger maletas y seguir ruta. Estaba tratando de hacer el último selfie cuando una señora se ofreció a mejorar la foto. Nos preguntó lo que habíamos conocido de su pueblo y de dónde éramos y cuando contesté "Ceuta", la mujer enseguida se alineó, -"no os saco de mi cabeza, ojalá todo se solucione pronto" nos deseó. 😊
Salimos de Zafra rumbo a León, nos esperaban mas de 500 km de carretera al sol.
photos Zafra: pinchando en el enlace FOTOS DE ZAFRA


