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domingo, 19 de abril de 2026

SELVA NEGRA 7.- TRIBERG 25.03.2026

 Se acabó el buen tiempo. La hojilla que Marta nos pasaba todas las noches pronosticaba lluvia, frio y hasta nieve. 


Como soy tan friolera me vestí de cebolla, casi no me podía mover: camiseta, jersey, rebeca, guantes, gorro, pañoleta, abrigo impermeable forrado calcetines calentitos y zapatos gordos... todo era poco para esos 3º anunciados, por lo menos sirvió de algo.
Salimos del Mercure hotel cutre de Offenburg rozando las 9:00am con las maletas puestas. Nos dirigíamos a Triberg la capital de los relojes de cuco y de las cascadas de agua mas altas de Alemania, nuestro destino final sería Friburgo de Brisgovia, una de las ciudades mas famosas de la Selva Negra. 

Marta se pegó un buen rato hablando por el micro de "María del Pino" o de "María en el Abeto" yo no me enteraba de aquello, dijo que iríamos a verla aunque no estuviera incluida en la ruta porque era un santuario de peregrinación muy importante en la Selva Negra.  En una hora lo entendí.


Llegamos a Triberg un rato después por una ruta ascendente, llena de bosques y casas de montaña, muy bonita. El pueblo no es demasiado grande, por lo menos lo que veo desde el bus, está metido en la ladera de un monte. Letreros de restaurantes, hoteles y tiendas plagan las fachadas de los edificios.
 Martín continúa hacia arriba, saliendo del pueblo para llevarnos a una iglesia, es"María in der Tanne", situada en un costado de la carretera que atraviesa la villa, lugar de gran devoción y peregrinación en Alemania. 

Su origen, fechado en el s.XVII, está ligado a un historial de sanaciones empezando por una chiquilla que recuperó la vista al lavarse con agua de un manantial cercano y a un sastre que también se curó de lepra y en agradecimiento, donó la pequeña imagen de la virgen de madera, que metió en un hueco de un árbol, de ahí lo de "María en el abeto". Allí se quedó la virgencita convirtiéndose el lugar en un pequeño rincón de culto. Luego se levantó una pequeña capilla, más tarde el santuario que se ornamentó tal como lo vemos ahora. La diócesis de Friburgo lo considera una de sus joyas del barroco.


Nada que ver el exterior, mas bien sobrio con lo que descubres dentro, un hermoso recinto barroco en el que impacta el blanco níveo de paredes con el mobiliario dorado tan ornamentado. Esta iglesia es el fruto nacido de un lugar sencillo en medio de la Naturaleza, levantado por el agradecimiento, la oración y la esperanza de tantas personas que pasaron por aquí buscando ayuda, fortaleza, consuelo... en fin, lo que buscamos todos cuando Dios aprieta pero no ahoga.

La vista se dirige sin querer al fondo, al dorado del gran altar central donde, en una urna muy pequeñita, se encuentra la imagen de María en el Abeto, rodeada de ángeles, santos, girasoles, columnas, marcos y volutas. La luz que inunda la nave hace resplandecer ese maravilloso retablo.

Luego, notas que hay otros altares laterales, también dorados y muy ornamentados, una pila bautismal, un púlpito impresionante, un gran órgano a la altura de la ornamentación barroca y varios confesionarios tallados con el nombre o el cargo del cura usuario. Precioso también el crucifijo colgado en el altar.


Nos agrupamos formando un círculo alrededor de David para rezar el Ángelus que aunque no era la hora acostumbrada por la tradición, ni falta que hace, es una preciosa oración de recuerdo, y recogimiento en honor a María, a la Anunciación y Encarnación.

Cuando salimos ya estaba lloviendo, mas que agua era aguanieve y ¡hacia un fríooooo! Yo me había dejado los guantes y el gorro en el bus, menos mal que Rosa me prestó uno, por lo menos me calentó las orejas. Volvíamos al bus para bajar al pueblo, llegaba el momento de las cascadas. 


El paisaje más famoso y emblemático de Triberg y casi de la Selva Negra, son las cascadas que aunque las vendan como las mas altas de Alemania esto no es cierto, si son las mas altas de la Selva Negra. El rio Gutach pega siete saltos para salvar un desnivel de 163m y seguir su curso entre árboles, rocas, helechos y senderos.  Un lugar para detenerse, respirar hondo y dejarse invadir por la Madre Naturaleza.


Cuando llegamos a la caseta de entrada nos encontramos un letrero que prohibía el paso. Uno de los leñadores se acercó a Marta y le explicó que andaban talando árboles y el camino asfaltado de la izquierda, que normalmente se toma para ver los primeros saltos, estaba cerrado. Nos permitieron entrar sin pagar por el sendero de la derecha, mucho mas dificultoso,  el piso estaba mojado y resbalaba.


Antes incluso de verlas, empiezas a oírlas: un rumor constante, fresco, potente, es el monte que respira agua. El camino va subiendo entre abetos altísimos, rocas húmedas y barandillas de madera y metal. El aire huele a tierra mojada, a musgo y a bosque limpio. 

Llegamos hasta otro acceso,  una pasarela que se acercaba al salto, aunque la puerta metálica tenía el cerrojo echado, entre los árboles, aparece el primer desnivel: el blanco del agua rompiendo sobre la piedra oscura. Y así hasta siete, aunque yo me quedé en este.


Se podía seguir subiendo, mas arriba divisaba un puente que cruzaba la cascada pero la verdad, entre la lluvia, que no llevaba las botas de campo y que los "perjudicados" se habían quedado abajo, decidí tirar cuatro fotos y darme la vuelta. Iba a ser muy difícil ver entre tanta agua y frondosidad ni si quiera una ardilla. 

Para mi, lo mas bonito de este lugar fue sentirme inmersa en la Naturaleza: el ruido del agua, el olor que deja la lluvia en el bosque, las piedras cubiertas de musgo verde, los helechos mojados...Era un paisaje realmente evocador, de cuento. Esa mezcla de naturaleza salvaje, belleza y calma creaba un escenario lleno de fuerza.

  

Unos cuantos nos fuimos al pueblo a tomar café y a ver la tienda de los 1000 relojes de cuco que andaba por allí cerca, además de otras muchas. Otros se quedaron en la puerta hasta que les dejaron pasar a una de las plataformas inferiores.

Este lugar es uno de los imperdibles en la Selva Negra, sobre todo con buen tiempo, pues hacer uno de los tres recorridos que ofrecen por el parque debe ser una auténtica gozada. Según la info de la web están señalizados en tres colores, amarillo, rojo y azul y son estos:

"El Kaskadenweg es la ruta más directa para ver los saltos de agua de cerca. Sigue el curso de las cascadas, pasa por las plataformas y puentes principales y suele ser la opción más clásica para quien quiere centrarse en el agua y los miradores. Es un recorrido pavimentado, en subida, de unos 45 minutos a 1 hora.

El Kulturweg combina la visita a las cascadas con un paseo más amplio por el entorno cultural de Triberg. Después de pasar por la zona de los saltos, se desvía por el bosque y enlaza con lugares como la iglesia Maria in der Tanne, el Bergsee y el regreso hacia el pueblo. Se tarda en torno a 1 hora.

El Naturweg se orienta más al paisaje forestal. Comparte el inicio con las otras rutas y luego se convierte en un bucle por el bosque a ambos lados de las cascadas, por lo que da una experiencia más natural y menos centrada solo en los miradores principales. Tiene una duración aproximada de 1 hora y media."


Después del café en Pfaff, como no paraba de llover, nos fuimos a ver la tienda de los 1000 relojes de Triberg que estaba en la cuesta, a la vuelta de la esquina. Tiene un potente reclamo en la fachada: una familia de osos que se mueven. La mamá osa saluda, el papá oso anda trabajando con un destornillador y el otro muchachito oso sube y baja por una cuerda. Llueva, truene o nieve.

 
Además, a las en punto y a las media, el cuco cantaba. Se aseguran así que todos los giris nos fijemos en este "typical  german shop".

Este local es enorme, pero no solo había relojes de cuco valorados desde los  14 o 15€ a 10.000€, se pueden admirar auténticas obras de arte de artesanía muy elaborada con motivos típicos de la Selva Negra a diseños distintos, sencillos, actuales. Los trabajos de marquetería eran espectaculares, especialmente los adornos de Navidad, con detalles exquisitos. 


También me gustaron muchísimo las telas, toda la confección. Por supuesto los imanes, licores, cerámica y cacharreo para los turistas. En una zona mas reservada, unos señores con batas blancas se afanaban con herramientas varias ajustando relojes. Imagino que no deben estar todos a la vez en hora, pues se puede liar la mundial si se ponen a cantar mas de mil cucos a la vez.

No nos quedamos solo en esta tienda, a pesar del mal tiempo, algunas nos fuimos a ver otros comercios, había de todo, hasta una de quesos y embutidos de la región. El pueblo es pequeño, me dio la impresión que la calle principal era esta, la de las tiendas a los lados de la carretera.

Sobre las 13h nos recogía el bus para llevarnos a comer. No había mas de 10-15km entre las cascadas y el hotel restaurante Gasthaus Staude en las afueras del pueblo, pero la serpenteante y ascendente carretera además de la lluvia obligaban a una lenta marcha, por lo que tardamos algo mas de media hora.


David nos pasó el menú, creo que a todos nos encantó el postre además del escalope... la verdad es que todos los días hemos comido como reyes. La comida además de estar rica era muy abundante, estilo tradicional alemán, claro.


El local estaba en un bonito hotel en mitad de una meseta en lo alto de la montaña, lo que no se es si tendría vistas, porque el cielo estaba panza de burra, y no se veía nada. De hecho, nada más servir el segundo plato, empezó a nevar, y sin gorros, ni abrigos, ni siquiera los jerséis de encima, salimos corriendo a ver caer la nieve y a hacernos fotos. Duramos escasos tres minutos. Tuvimos que volver dentro tiritando.


Los camareros y dueños iban uniformados con trajes de la región aunque los primeros tenían los ojitos un tanto "achinados". 
En las paredes colgaban unos cuadros muy originales, fotografías de guapísimas chicas luciendo tocados y vestidos de la Selva Negra, algunas mostrando sus brazos tatuados. 


Como somos de tierra con mucho sol, lo de la nieve nos tuvo entretenidos un rato, hasta que nos llamaron a filas... autobús y volando para Friburgo. La misa estaba concertada a las 15:30h en la iglesia del seminario Schoferstraße, no llegábamos ni de broma, nos pasamos por lo menos media hora o más.

No importó. Es de agradecer la hospitalidad que siempre demuestran los sacerdotes o responsables que nos han recibido en todos los lugares donde hemos tenido la suerte de celebrar misa. Solo recuerdo algunos, como el Santo Sepulcro en Jerusalén, aquí si que perdías la vez si llegabas tarde, por motivos obvios. O la rigidez de otros templos como la catedral de san Marcos en Venecia, o la de Sevilla, también por motivos obvios El protocolo de los grandes templos. Con todo y con eso, todas han sido entrañables y están en el recuerdo y en el corazón de todos estos peregrinos.


El bus nos dejó en un parking muy cercano, no mas de 200m, y lo primero que vimos fueron las canaletas de Friburgo, adornadas con flores, patitos, pájaros... se llaman Bachle y son parte del diseño de la city desde época medieval. Dicen que si se te va el pie y te metes en una por accidente, volverás seguro a visitar Friburgo o te casas con un friburgués.

Marta no debía saber muy bien por donde se entraba a la iglesia, pues nos metimos dentro del una pequeña urbanización que presuntamente pertenecía al seminario y acabamos delante de una cancela. La suerte fue que se podía abrir desde dentro y no tuvimos que dar la vuelta a la manzana.

La iglesia está muy cerca de la catedral de Friburgo, aunque no tienen nada que ver. Está situada en una calle tranquila y no es un edificio monumental ni nada parecido. La sensación al entrar es la misma que cuando accedes a un claustro de un monasterio habitado: tranquilidad, espiritualidad. Aquí hay gente que medita, que reza, que habla con Dios de continuo.


Es grande, y no está nada recargada: unas vidrieras altas con escenas actuales por las que se derrama la luz; un altar sobre una plataforma de dos o tres escalones con un sagrario que parece estar suspendido del aire; tras el, un mural con lo que me parece que es un Cristo resucitado un tanto "naif" y en un lateral una imagen mariana que tiene toda la pinta de ser bastante antigua, al otro lado, un santo que debe ser san Carlos Borromeo, el titular del complejo. En la web del seminario está la info: iglesia del seminario

Todo lo que vemos ahora es posterior a la guerra, pues Friburgo sufrió un gran bombardeo en el 44 y esta iglesia quedó bastante perjudicada.


En el lateral de las vidrieras, una escultura un tanto extraña que algunos llegan a confundir con una virgen  modernista y que a mi me resultó un tanto tétrica, tanto que la he buscado por foros y enciclopedias hasta dar con ella:

La “Trauernde Theologie” —en español, “Teología doliente” o “Teología en duelo”— es una de las piezas más significativas del interior de la Seminarkirche / Konviktskirche del Collegium Borromaeum de Friburgo. La propia iglesia del seminario la presenta como una figura alegórica femenina y la ciudad de Friburgo la destaca como uno de los detalles artísticos más singulares del templo.

Representa simbólicamente a la teología que llora a los teólogos muertos, en especial a los caídos tras la experiencia de la Primera Guerra Mundial. Fue realizada en 1922 por Emil Stadelhofer (1872–1961) y funciona como memorial para los seminaristas fallecidos.

En la descripción oficial del seminario se subrayan varios rasgos iconográficos: es una figura femenina, lleva una estrella en la frente y tiene las manos apoyadas a los lados, elementos con los que se construye esa imagen de dolor contenido y recuerdo. La misma fuente añade que permanece como una figura de advertencia contra la violencia y la opresión.

También tiene fuerza por el contexto en el que se encuentra: la Seminarkirche, edificada en 1826, es un templo de líneas sobrias que fue casi totalmente destruido en la guerra y reconstruido hacia 1950; dentro de ese espacio austero, la escultura dialoga con el gran mural del Cristo que vuelve de Richard Seewald, de modo que el visitante percibe a la vez memoria del sufrimiento y esperanza cristiana.

No tenía mucha pinta de imagen mariana, no.



Celebró nuestro vicario choquero que recordó con muchísimo cariño a su madre. Rezó y pidió por ella  y por las de todos, porque es así de generoso y de cariñoso. Otra Eucaristía de las entrañables, una muesca mas en estos corazones viajeros.

Sobre las seis de la tarde llegamos al Novotel de Friburgo, un bonito y bien situado alojamiento esta vez con zona de juegos y bar de los que nos gustan. Lo estrenamos después de cenar en el buffet del hotel dirigido por un maître cubano con pajarita roja y gran vozarrón de barítono. Se le escuchaba desde cualquier lugar del comedor donde te sentaras. Cuando me preguntó que qué quería beber, casi que me encogí.


Unos optaron por aprovechar la cercanía al centro histórico para caminar un poco  a pesar del frío y otros aprovechamos para achicar birras mientras nos relajábamos en los sillones del pub. 



Otro buen día, lleno de naturaleza, artesanía y abundante nieve helada, pero nuestros corazones estaban calentitos como el postre del menú en Gasthaus Staude.😆


FOTOS DE TRIBERG



 

miércoles, 15 de abril de 2026

SELVA NEGRA 6.- COLMAR 24.03.2026

 Las 15.15h marcaba el reloj de la "Gare de Colmar" y ya estábamos esperando a los guías locales en el exterior del restaurante donde comimos, bastante cerca del centro histórico. Marta ha sabido meternos en cintura cada día, cumpliendo horarios con una rigidez espartana. Habíamos salido de Estrasburgo rozando las 13.00h, y tras 75km de carretera, mas o menos una hora, llegamos a la Brasserie L´Aubergue en el Grand Hotel Bristol. Mas cervezas, ensaladas, carnes, papas y chucrut, todo muy rico, eso si, yo seguía sin poder con el dichoso chucrut. Alguno se pidió vino para comprobar la fama y bueno, aprobado, sin más. 


En los cafés, Alberto que había comprado en Estrasburgo un turbante de Baltasar, lo repartió entre todos, como buenos colegas.

Una vez abrigaditos, auriculares asomando de las orejas y separados en dos grupos, comenzamos la gymkhana. En escasa hora y media debíamos hacernos un completo recorrido por la hermosa villa francesa alsaciana, a las 17h deberíamos estar todos frente a la colegiata de san Martín.

En el bus hice los deberes, por esta vez me puse a buscar información en Google. Llamaron la atención estos cuatro puntos: Petit Venise, Bartholdi,  los vinos alsacianos y la colegiata de san Martín. De vinos a estas horas ya poco íbamos a catar, veríamos que pasaría con los otros tres objetivos.

La mayoría de los viajeros llegan a Colmar para sumergirse por unas horas en un escenario de cuento de los hermanos Grimm. Aunque una vez allí, te van a bombardear con información de un personaje fundamental en la cultura de Colmar, Bartholdi, el diseñador de la estatua de la Libertad y otras muchas grandes obras, por supuesto, nacido en Colmar. A mi me sonaba su nombre porque una vez salió la pregunta jugando al Trivial, si no... ná de ná.

fuente a Bruat (imagen de internet)

 La primera parada fue en el Campo de Marte para conocer una fuente diseñada por él,  en honor al almirante Bruat, marino también natural de Colmar, monumento que reventaron los nazis. Lo que vemos ahora es una obra de otro escultor francés, semejante a la original. La estatua central de bronce, representa al almirante mientras que las de alrededor son alegorías a los cuatro continentes: Asia, América, África y Oceanía. La fuente que destrozaron los chicos de la esvástica estaba esculpida en arenisca roja, de ella solo se conservan algunas cabezas en el museo Bartholdi. Al parecer, eran tan expresivas  y perfectas que el mismísimo premio nobel de la Paz, Albert Schweitzer comentó en cierta ocasión que la cabeza de la figura africana le inspiró su vocación de médico en África. 

hotel L´Esquisse

Nuestro camino nos lleva hacia el hotel de lujo L´Esquisse. Su frontal es como un espejo metálico que refleja los árboles del entorno. En una de sus ventanas se atisba una enorme máscara. Nos dice la guía, Angela, que se trata de un molde de la cara de la Estatua de la Libertad.

plaza de six montaignes noires y fuente Roesselman

Continuamos admirando la variopinta arquitectura de Colmar, las casas por las que pasamos se hacen mas antiguas a la vez que las calles se estrechan mas. A unos cinco minutos entramos a una hermosa placeta rodeada de casas muy coloridas con entramado de madera y una fuente en el centro. Es la place de "Six Montaignes Noires" puerta de la Petit Venice y la fontaine Roesselman obra también de Bartholdi. 
                           
La guía nos habla de la técnica de construcción de este tipo de vivienda típicamente alsaciana, nos cuenta como los dibujos que hacen las vigas en la fachada y los colores hablan. Leí que el color rojo estaba reservado para los carniceros, el azul para los pescadores y el blanco para los curtidores. 
Contó que hay varios motivos que se repiten, por ejemplo, la cruz de san Andrés que tendría un significado de protección además del refuerzo que supondría para la pared, el rombo o diamante equivaldría a prosperidad y fecundidad, las V o espiga, el crecimiento, etc. 
Son casas móviles no porque se desmonten y te la puedas llevar a cuestas, que también, es porque el entramado de sus vigas y paredes admiten el movimiento y ante cualquier tipo de sacudida lo absorben sin estropearse un pelo, mientras que otro tipo de edificio mas rígido, presentaría grietas o se derrumbaría directamente.
Sobre el protagonista de la fuente, nos contó que fue un magistrado, hijo de zapatero, que se enfrentó al obispo de Estrasburgo que quería adueñarse de la ciudad. El hombre murió en uno de los múltiples altercados convirtiéndose en el primer héroe cívico de Colmar. 


Estamos en la Petit Venise el rincón mas famoso y fotogénico de Colmar. Era el antiguo barrio de pescadores y barqueros, oficios antiguos que se desarrollaban cerca del río. Cruzamos un puente del  Lauch, nos hacemos un montón de fotos, es un rincón precioso con vistas encantadoras.
                               

 Continuamos paseando por la calle de las pescaderías, un callejón estrecho, repleto de pequeñas casitas  de entramado, con no mas de dos pisos, coloreadas en rojo, azul, verde, amarillo..., forman un arcoíris de colores. Las ventanas con postigos de madera, muy cuidadas y adornadas, eso siempre... parece que estamos en un escenario de cuento de hadas. 


La ribera de pescadores se abre al río, mas casitas coloreadas en tonos pasteles, rosas, celestes, verdes...ventanas adornadas con globos, flores, conejitos, corazones, pequeños comercios en los bajos, y el río a la izquierda, las barcazas de fondo plano pasean tranquilas, atestadas de turistas. Un precioso paseo por un barrio encantador que sabe a poco, hasta llegar al muelle de los pescadores en el mercado cubierto.


Nuestra cicerone a penas nos deja asomar los bigotes al "mercado cubierto"  para descubrir un edificio decimonónico que mezcla puestos tradicionales con vinos y gastronomía local. Muy cuidado, bastante limpio, restaurado hace unos años, fue cuando se le añadieron varios frescos en los vestíbulos de entrada, de motivos alusivos a la ciudad y como no, no podía faltar Bartholdi. El Edificio tiene acceso al rio por un muelle, era por donde los pescadores y agricultores accedían directamente con sus mercancías.

en "le marché couvert" de Colmar

Nos metemos de lleno en el barrio de los curtidores, "tanneurs" para los franceses. La arquitectura cambia un tanto. Vemos grandes casas de entramado de madera pintadas en blanco. Tienen varios pisos, el tejado a dos aguas, la estructura nos recuerda a las edificaciones vistas anteriormente pero estas son mucho mas altas. 

casas históricas en el barrio de curtidores

Se trata de viviendas históricas que datan de los siglos XVII-XVIII. Las típicas viviendas de curtidores con el desván al aire para secar pieles. Este barrio sufrió una gran restauración a finales de los años 60 del pasado siglo. 

Seguimos adelante paseando junto al pequeño canal del "quaid des tanneurs" que desemboca en el río Lauch, comercios pequeñitos magníficamente decorados para la pascua alegran la calle. No me puedo resistir, había uno, llamado PICAFLOR, dedicado a la decoración con telas. Manteles, paños, muñequitos, corazones, gallos...Una preciosidad de escaparate.

Koïfhus de Colmar

Vamos hacia la plaza de la antigua aduana. Aquí nos detenemos un momento para conocer el Koïfhus, el edificio aduanero del siglo XV, que estuvo a punto de desaparecer porque amenazaba ruina, pero decidieron restaurarlo ¡gracias a los dioses! No llegué a verlo por la parte anterior, solo por detrás, (luego he visto las fotos y me he tirado de los pelos). Es muy muy bonito, el techo lo forman tejas coloreadas haciendo figuras geométricas, espectacular trabajo. Lo que si vi fue el escudo del águila bicéfala del imperio en la puerta.

frontal del Koïfhus imagen de internet

Caminito de la casa museo Bartholdi dimos con la "rue des agustins" y claro, a todos nos chirrió aquello. ¿Dónde está la iglesia o convento agustino? No, ya no está pero sus dependencias si y ahora las ocupa el Palais du Conseil souverain d´Alsace y tribunal judiciaire


Por tanto, los agustinos no desaparecieron de Colmar sin dejar rastro, parte del antiguo convento sigue en pie y nuestros agustinos se retrataron allí. 
Al principio de la calle hay un regalo que le hizo Bruselas a Colmar, un manneken pis en
una hornacina de una fuente. Es bastante antiguo. la historia la podéis leer aquí: manneken pis de Colmar 


Una de las casas de obligado cumplimiento que hay que conocer es la "maison Pfister", muy interesante y muy importante, se ubica en la calle de los mercaderes del casco antiguo. Fue construida en el s. XVI para un señor que se hizo millonetis haciendo sombreros. Lo que la hacen muy especial es el "oriel" de la esquina de dos pisos, la galería de madera y sobre todo, las pinturas con escenas bíblicas, emperadores germánicos, la Fe, la Justicia, etc.

patio del museo con la estatua "les Grands Soutiens du Monde"

Y llegamos a la casa museo Bartholdi. Allí recibimos la monografía mas completa que exista en este mundo, de la vida, obra y milagros de este señor. Tan extensa que llegamos tarde a la colegiata. De lo que mas recuerdo es que la estatua de la Libertad no acabó en Egipto de milagro, bueno, no exactamente ella pero si el proyecto inicial, que luego fue transformado y acabó en NY.

En cuanto a la escultura de "los grandes sostenes del mundo", lleva en el patio desde principios del s.XX Son tres figuras las que sostienen al mundo: un hombre mayor con un martillo que representa al trabajo, otro bastante mas joven, con espada y escudo que sería el patriotismo y una mujer con una balanza, la justicia. 

Y por fin, llegamos a la plaza de la Catedral, que aunque se llame así, no hay catedral, es la colegiata de san Martín, que en algún momento de su pasado fue catedral, ocupa el centro de la plaza. Se trata de un templo gótico datado en el s.XIII  que ha pasado por incendios, guerras, etc lo que ha modificado algunos de sus elementos. En una de sus restauraciones, en los cimientos se encontraron restos de un templo anterior del año 1.000.

colegiata de san Martín de Colmar. foto de internet

Su fisonomía es bastante distinta de las catedrales  góticas al uso. Algo que la hace diferente es la aguja que tiene en la torre. 


Entramos a toda prisa, llegamos tarde, nos despedimos de nuestra guía medio china medio mexicana casada con un alemán y entramos al precioso templo que está en obras. Toda la cabecera está invadida por andamios, una parte tapados por un tabique de madera y lonas. El ruido de las máquinas era ensordecedor. Veo a una chica (creo que lo es)  bajando del andamio, vestida con un mono blanco de esos de astronauta que no dejan un resquicio de piel al aire, gafas incluidas. Deben andar metidos en una restauración importante.  Van a parar un rato mientras celebramos la Eucaristía.


Es el segundo templo católico mas importante de Alsacia después de la catedral de Estrasburgo y se nota. Nada mas entrar, las altas columnas de la nave principal nos hablan de su carácter gótico. A los lados de la nave, ventanales de arco apuntado con vidrieras, no da tiempo a mas.
                                 

Celebramos en un altar un tanto improvisado en el coro entre el altar mayor y el transepto de la iglesia. Los bancos del coro deben ser una de las joyas de la colegiata. Cada reposabrazos es distinto del anterior, cada personaje de los respaldos es distinto. Me hubiera encantado ver esta bonita iglesia que tanto aprecian los alsacianos en todo su esplendor.


Acabada la misa, tiempo libre. Tenemos un rato para dar una vuelta por los alrededores antes de volver al bus. Algunos nos  fuimos a sentar en la terraza de una patisserie de la misma plaza y nos despacharon con cajas destempladas, no dejaron ni que posáramos el culete en la silla. Así que cambiamos a diez metros a la derecha al café Jupilier y este si que tuvo que hacer caja porque acabamos todos allí sentados.


Llegó el momento de volver, en el reloj daban las 7 de la tarde y a las 8 abrían el buffet para la cena. Fuimos caminando hasta el parking donde nos esperaba el bus mientras seguíamos enamorándonos cada vez mas de Colmar. Pasamos ante la iglesia de los dominicos, la plaza de los Mártires de la Resistencia plagada de casitas antiguas decoradas con regaderas y cigüeñas, la parada del tren turístico marcada por una pequeña cabañita que me recordó muchísimo el pueblo de Bella, la que se enamoró de Bestia... hasta que se acabó Colmar.


Se acabó un día precioso, conocimos dos ciudades maravillosas a las que hay que volver si o si, patearlas bien y empaparse de su historia, gastronomía y tradición. Si nos enamoró Estrasburgo, mas nos entusiasmó Colmar. Yo no sabría decidirme por una de ellas. Si Estrasburgo era mas monumental y cosmopolita, Colmar era de cuento.  

Ya en carretera tuvimos espectáculo. Martín le dio cinco vueltas  a la rotonda de la estatua de la Libertad, entre ooooooolés y aplausos de la afición. faltó el pasodoble.


 Una día hermoso, vivido con alegría, con risas, con cariño. Lleno de recuerdos que quedarán en la memoria por lo visitado, por la compañía, por el sol que nos calentó, porque somos unos privilegiados y cada día al levantarnos debemos recordarlo y agradecer cada minuto de este tiempo disfrutado.