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sábado, 10 de octubre de 2026

Cabrales, San Vicente de la Barquera, las Secuoyas y Santander 21.09.26

 Lunes 21 de septiembre de 2.026. En el cuaderno de bitácora teníamos apuntados un par de lugares bastantes interesantes antes de abandonar Asturias: el mirador del pozo de la oración y arenas de Cabrales, el pueblecito del queso delicioso y pestoso a la vez.

Salimos temprano con la idea de desayunar en ruta. Tomamos la autovía y unos minutos mas tarde paramos en la cafetería de una gasolinera donde me zampé un bocata de tortilla con setas que estaba de lujo. Los demás me miraban con cara sorprendida, hacía mucho tiempo que no me veían comer con las ganas que lo estaba haciendo últimamente, y sin subir un gramo, que es lo mejor.


Continuamos adentrándonos en la montaña asturiana por una carretera amplia, magníficamente asfaltada y maravillosas vistas hasta llegar al mirador del Pozo de la Oración, una explanada a la derecha de la carretera en la que detenerse unos minutos a contemplar el paisaje: primero los verdes prados asturianos del concejo de Cabrales, bosques, laderas y al fondo, sobresaliendo casi de manera vertical, aparece el Picu Urriellu con sus 2519 metros de altitud. El naranjo de Bulnes no es la cumbre más alta de los Picos de Europa, pero si la que más impresiona por su enorme pared vertical, es una enorme torre de roca aislada en mitad del paisaje. A su cima no se puede llegar andando, hay que escalar, por eso durante años fue un desafío para el alpinismo español e internacional.

Estuvimos un buen rato disfrutando del sol y de las vistas. Recuerdo que le pedí a mi marido que me hiciera una foto con el Picu al fondo y cuando la vi dije ¿y donde está el Picu? ¿Dónde apuntaste? Cosas de hombres!

Un hombre mayor aparcado en un extremo de la explanada vendía hórreos. Desde el mostrador del que era el maletero abierto en su coche pudimos ver muchos, de distintos tamaños y diseños. Estuve mirándolos un buen rato, eran muy bonitos, rústicos, se notaba que los había fabricado él con sus manos y materiales muy básicos: cartón, papel madera y pegamento. No les faltaba detalle. Le compré uno pequeñito para exponerlo en mi vitrina viajera a la que ya casi no le cabe nada. Hasta la cajita de cartón que me dio para guardarlo había fabricado él.


Luego nos entretuvimos un rato tirando fotos desde todos los ángulos al Naranjo de Bulnes, incluido el ojo de cerradura de la estructura de piedra por la que si te asomas, ves centrado el Picu. Es como si esa montaña constituyera la llave de Cabrales.

Es hora de poner rumbo a Las Arenas de Cabrales, un pequeño pueblo donde nació el famoso queso asturiano.

Dejamos el coche en un parking céntrico al lado de un pequeño río y nos dispusimos a patear la calle principal mientras buscábamos alguna tienda de comestibles a ver si conseguíamos llevarnos un trocito de queso. Encontramos varias, el pueblo es muy pequeñito pero también es la puerta de entrada a todas las rutas que llevan al Picu y por tanto pasan por aquí muchos senderistas, alpinistas y turistas. Además, aquí está la cueva del queso de cabrales donde te explican como se madura para que esté tan riquísimo por lo que nos cruzamos con muchísima gente.


Nada mas cruzar el puente todo eran casas de piedra asturianas con carteles de hoteles, pensiones hostales o tiendas de productos típicos. La primera en la que entramos “el Rinconín” tenia de todo además de muy buena pinta. Compramos muchas cosas, bueno, Mariloli porque yo me llevé solo dos latas de cebollas rellenas que aún no he catado, las tengo guardadas como oro en paño. Echamos un rato charlando con el dueño, un señor muy agradable que nos aconsejó sobre conservas, quesos y vinos. Salió el tema de Ceuta, claro, en el momento en que te preguntan por tu procedencia debes saber lo que viene luego. Es generalizado, todo el mundo empatiza con los ceutíes.


Seguimos explorando la calle principal hasta que dimos con la “cueva de los quesos” otro local donde vendían además de quesos y sidra un montón de antigüedades. Me quedé encantada con algunas piezas que tenía aquella señora en sus estanterías, había verdaderas delicias de cerámica muy antiguas entre teléfonos de baquelita negra y herramientas pasiegas oxidadas. También pegué la hebra con la dueña por lo menos otros 10 minutos y hasta salió la figura de Don Pelayo, expresando nuestro deseo que levantara la cabeza y liderara una nueva “reconquista” esta vez en el Norte del Sur.


Fuimos a conocer las casas de piedra más antiguas del pueblo, algunas restauradas, otras abandonadas y volvimos para reanudar la ruta. Si algo claro saqué de aquella visita es que el Concejo de Cabrales es un territorio de pastores, cuevas, desfiladeros y pueblos encajados entre enormes paredes de caliza que forman parte de los Picos de Europa.


Nuestra siguiente parada ya era en Cantabria, el famoso pueblo de San Vicente de la Barquera. Los que hace ya 25 años nos enganchamos  a OT sabrán porqué lo digo, no se le caía de la boca a Bustamante el nombre de su pueblo, uno de esos lugares donde se entiende perfectamente aún a día de hoy, cómo el mar, la religión, el comercio y las montañas han marcado durante siglos la historia del norte de España.

Dejamos el coche en el aparcamiento de pago de la Barquera porque el parking del paseo marítimo estaba a reventar, dimos dos vueltas por lo menos y nada. De allí nos dirigimos andando al centro, cruzando el puente el de la Barquera. Desde aquí se veía perfectamente el mar a un lado, el puente antiguo de la Mata, el pueblo con su castillo y la iglesia en lo alto de la colina y detrás, los Picos de Europa. Una estampa espectacular.


San Vicente no pasaba de ser una modesta villa marinera hasta que en 1210 Alfonso VIII de Castilla le concedió un fuero especial junto a Santander, castro Urdiales y Laredo, las Cuatro Villas de la Costa de la Mar, que permitió impulsar su comercio, desarrollar el puerto y fortalecer su autonomía municipal. Como curiosidad: sus bravos marineros participaron tanto en las campañas castellanas del s.XIII para conquistar Sevilla como en expediciones a Terranova para la pesca del bacalao en sus caladeros.

En nuestro camino, nos topamos con un letrero que nos daba la bienvenida a la Puebla Vieja, el casco medieval de la villa y kilómetro cero del Camino Lebaniego, ruta que une el mar Cantábrico con el monasterio de Santo Toribio de Liébana, en Potes, quizás lo más importante a nivel cultural e histórico del pueblo.


Decidimos subir la empinada cuesta de la colina para explorarla, unas increíbles postales se contemplaban desde aquella subida, detrás nuestra, el mar, a nuestros pies la ciudad moderna, detrás las cumbres y frente a nosotros, la puerta de acceso a la ciudad medieval. El castillo del Rey te lo encuentras junto a la primera puerta, enarbolando la bandera española, un poco mas arriba nos topamos con la casa cuartel de la Benemérita, los juzgados y un edificio histórico con un montón de escudos en su fachada, es el palacio de la familia Corro, actualmente casa consistorial de la villa, antigua morada del inquisidor Antonio Corro, cuya tumba se encuentra en la cercana iglesia de santa María de los Ángeles, situada en la cima de la colina. 


 En nuestra errabunda ascensión llegamos a los pies una robusta torre de piedra nos indica que hemos llegado al lugar donde se recaudaban los impuestos, la torre del Preboste. En el cartel explicativo leemos que también se utilizó como prisión.


Acabamos nuestra visita a la Puebla Vieja junto a la joya de la corona, la iglesia de Santa María de los Ángeles, un bellezón medieval desde el que se pueden contemplar vistas inmejorables del pueblo. Comenzada a construir en el s.XIII, forma parte del Camino de Santiago del Norte y por tanto es Patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO.


Durante la Edad Media, miles de peregrinos recorrían la costa cantábrica siguiendo el Camino del Norte, San Vicente constituía una parada en esta ruta debido al puerto, su situación geográfica y porque contaba con hospitales de acogida, de hecho, junto a la iglesia, se aprecian las ruinas del hospital de la Concepción, allí recibían asistencia y alojamiento los peregrinos que atravesaban la villa. Algunos de estos viajeros antes de continuar a Santiago, justo en Muñorrodero, desviaban sus pasos hacia el interior de Cantabria para visitar un monasterio que custodiaba una reliquia extraordinaria, un fragmento de la Santa Cruz. Así nació y se consolidó el Camino Lebaniego como ramal de la peregrinación hacia Santiago por el camino de Norte. A los peregrinos que se dirigen a venerar esta Lignum Crucis se les conoce como “crucenos o cruceros”.


Y como el hambre apretaba buscamos rincón para comer. “El Recreo” fue elegido, llegamos hasta pronto, la mesa nos estaba esperando y la camarera nos atendió estupendamente. Pedimos ensaladilla barquereña que llevaba unas sardinillas típicas de allí que se llaman “lanzón”, rabas riquísimas, y unas albóndigas de pescado que estaban de rechupete. También cayeron unas anchoítas del Cantábrico como no podía ser de otra manera.


Después de comer pusimos rumbo a Santander, queríamos descansar un rato pero antes, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, nos pasamos por el Bosque de Secuoyas de Cabezón de la Sal.

El navegador nos llevó hasta uno de los aparcamientos que esta aproximadamente a 500 metros de la pasarela. Fuimos caminando con pocas ganas, creo que a todos nos apetecía echarnos una siesta, el calorcillo, el susurro del bosque, la luz atenuada por los árboles…


Conforme avanzas por las pasarelas, comienzan a desaparecer las hayas, eucaliptos y abetos dando paso a otros árboles mucho más grandes, más altos, enormes, diría yo, de troncos rectos y gruesos: las secuoyas. Parece que estés en un escenario de película. Están plantadas bastante juntas, las copas forman una cubierta vegetal altísima, como la de una catedral. El tronco presenta un color rojizo oscuro muy bonito, la corteza parece esponjosa y fibrosa a la vez. Son preciosas, dan ganas de abrazarse a ellas aunque no se debe tocarlas. Las luces y sombras que se cuelan entre las hojas, ramas y troncos hasta donde estamos, hacen el lugar mágico.

 España no es un lugar donde crezcan de forma autóctona las secuoyas, no llegaron aquí de forma casual, ni se plantaron para crear un bosque turístico. Su existencia se debe a una decisión económica tomada durante la dictadura franquista. No todo iba a ser malo. Y lo mas gracioso, si aquella decisión hubiera sido un éxito, hoy no estaríamos paseando entre estos gigantes.


El régimen autocrático impuesto por Franco recién acaba la Guerra Civil consistía en reducir al mínimo las importaciones intentando producir en el país todo lo necesario. Necesitábamos madera para la construcción, la industria y el papel por lo que se decidió experimentar con una especie de árbol procedente de la costa occidental de Estados Unidos: la secuoya roja de California. Cantabria reunía condiciones parecidas a las que estas secuoyas encuentran en su hábitat natural: temperaturas moderadas, abundantes precipitaciones y mucha humedad. La finalidad de aquella plantación era económica, no paisajística. Se buscaba comprobar si estos árboles podían proporcionar madera de forma rentable. Sin embargo, con el paso de los años, otras especies como el eucalipto resultaron más interesantes para la industria papelera. El proyecto de aprovechamiento de las secuoyas perdió interés y los árboles permanecieron en el monte.


Hasta que en 2003 el gobierno de Cantabria declaró el bosque Monumento natural, aquellos árboles que habían sido plantados para cortarlos terminaron siendo protegidos para que nadie los cortara.

Hay 848 secuoyas que tienen exactamente 80 años. Muchas alcanzan los 40 metros, incluso 50 metros de altura. Y aunque parezcan viejas, son muy jóvenes. Estas plantas pueden alcanzar los 2000 años de edad y alturas de 100 metros.

Nos vamos ya para Santander, tenemos reservado para las siguientes tres noches el hotel Náutico un poquito alejado del cogollo pero con buenas referencias, además podemos guardar el coche aunque no tiene cargador. Nos paramos antes de llegar, en el de Reocín cerca de Santillana del Mar, localidad que visitaremos otro día. Mientras Tesla come, nos vamos a la cafetería a tomar algo. Faustino se queda con Mariloli pidiendo los cafés y Jose y yo bajamos a la tienda a por chocolate. Somos los tontos del chocolate, mas si es negro. Lo único que encontramos que calme nuestra ansia es una barra de toblerone grande de chocolate negro. 7 eurazos del ala nos cobran por la tableta. Muerta me quedo. Una media hora esperamos hasta que el coche avisó que estaba listo para continuar camino con las pilas a tope. Quedaban pocos kilómetros para destino.


El hotel es una monada, todo decorado en ambiente marinero, colores azules y blancos, rallas náuticas, detalles que huelen a mar. Está situado en el barrio pesquero muy cerca del puerto pesquero y de la estación de trenes aunque a unos 20 minutos andando de Puerto Chico o de la catedral. El aparcamiento era plaza al aire libre algo justa, tan justa que un par de veces Jose se tuvo que bajar de Tesla y aparcarlo desde el móvil. Increíble pero cierto, dentro de nada los coches vuelan.

Descansamos un ratillo y nos fuimos a patear el centro de Santander. ¡Que ciudad más bonita! ¡Que elegante! ¡Que santanderinos tan bien vestidos! Nos encantó. Me había cambiado de ropa, llevaba puesta la camiseta blanca y negra del Ceuta, me quedaba enorme (es de mi hijo) pero me sentía superbién con esos colores. La gente se me quedaba mirando, alguno incluso preguntaba, yo superorgullosa.


Caminamos por el paseo de Pereda, Subimos a las pasarelas del centro Botín, maravillosas las vistas desde allí arriba aunque a esas horas de la tarde ya hacía frio norteño. Continuamos por Puerto Chico  haciéndonos fotos con “los Raqueros” y acabamos cenando en Marucho, nos lo había recomendado María José, la hermana de Mariloli. La comida estaba rica y el marisco fresco pero las raciones eran escasas y algo caras. El local pequeñito, estaba llenísimo, las mesas dispuestas para los comensales con manteles de papel azul demasiado juntas unas de otras, casi que puedes mojar en el plato del de al lado. Las paredes repletas de retratos, Lola creyó reconocer a su hijo en una foto de aquellas y la verdad es que el chaval se parecía, pero no era. Una señora muy señoreada lo dirigía todo. Nos sirvieron un cuenco de sopa de ajo para abrir apetito, eso de regalo.


Después de cenar hubo helado y vagabundeo por las calles comerciales con escaparates de infarto super elegantes, ropa preciosa, alguna carísima ¡menos mal que todo estaba closed!  

Llegamos al hotel pasadas las 12 pm hora de descansar, al día siguiente tendríamos freetour por la bella capital cántabra.

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Fotos del 21.09.26

 

 

 

 

 

 

 




martes, 6 de octubre de 2026

Descenso del Sella y Ribadesella 20.09.2026

Domingo 20 de septiembre, amaneció una mañana soleada, llena de luz, perfecta para los planes escritos en el cuaderno de bitácora señalados ese día, el descenso del Sella. No todos, los cobardes nos quedábamos en tierra.

Me despedí de León con pena, me pareció una magnífica ciudad con mucho por ofrecer, es de recibo dedicarle más días.

Después de desayunar emprendimos camino hacia Arriondas a 170 km, ya en Asturias, punto de salida del descenso del Sella. Nos sorprendieron para bien la calidad de las carreteras asturianas, están perfectas, aunque la autopista era de pago y cara.

Llegamos a las instalaciones de Jaire Aventuras rozando las 12 de la mañana, dejamos a Tesla en su aparcamiento y nos dirigimos a la nave principal. Aquello tiene pinta de campamento de actividades para niños y adolescentes, también adultos con ganas: tirolinas, rocódromo, puentes colgantes, circuitos para hacer el mono, incluso mesas de madera con bancos corridos tipo camping. En la misma puerta las perchas con trajes de neopreno de distintas medidas y a su lado decenas de chalecos salvavidas. Había muchísimos chicos jóvenes en chanclas, bañador y camiseta preparándose para coger las palas y echarse al agua.

instalaciones Jaire Canoas

Nos atendió una jovencita rubia muy amable que nos explicó todos los detalles de la actividad: equipo necesario, recorridos posibles, duración de cada uno, donde guardar la ropa de repuesto para que no se mojara y lo mas importante, como llegar al pueblo andando para los gallinas. Lo único que exigían era saber nadar y preferiblemente llevar crema solar, bañador y escarpines.

Jose, nuestro único palista, tenía ilusión acumulada desde hacía años por completar este recorrido, no se si cumplió sus expectativas, lo que si cumplió fue su deseo. Se cambió, metió en el bidón que le facilitaron su ropa seca y pertenencias, se compró allí mismo una funda estanca para llevar el móvil colgado del cuello, se colocó el chaleco salvavidas y cuando ya estaba casi listo, volvió dentro a comprar una gorrita para protegerse del sol que andaba apretando.

Un monitor del complejo pidió a los participantes que cogieran las palas de un arcón cercano, Jose estuvo buscando una mas corta, pero todas eran iguales. Se colocaron alrededor del chaval que les dio algunas nociones de cómo funcionaba aquello y se dirigieron hacia la rampa de salida. Nosotros también fuimos. Situada en la parte trasera de la cabaña principal del complejo vimos una resbaladera de unos 7 u 8 metros que acababa en el río, una buena forma de comenzar el paseo con un subidón de adrenalina. Una vez embarcado, el monitor pedía alzar brazos agarrando las palas y te impulsaban por la resbaladera hasta acabar en el agua con un buen chapuzón. 


Nos encontramos con un grupo de jovencitos que iban a pasar el día, llevaban comida y bebida en bolsas de mercadona para montar un buen almuerzo río abajo. También coincidimos con una pareja de amigotes acompañados por un pastor alemán. Al perro se le veía un tanto nervioso, creo que no se fiaba mucho de la habilidad de su amo para mantenerlo a flote. No hubo manera de meterlo en la embarcación. Lo intentaron dejando la rampa atrás,  bajando hasta el río arrastrando la canoa, pero nada, no hubo forma, al final tuvieron que dejar al animal encerrado en el coche.

Llegó el turno de Jose, se subió, empujaron su piragua, pegó el gran zaleazo en el río y perdió la recién estrenada gorra que se quedó en la resbaladera. Antes de que lanzaran una nueva canoa, consiguió maniobrar y recuperar su complemento para protegerse del sol durante la travesía. Le dijimos adiós desde lejos y nos pusimos en marcha hacia el pueblo, a unos 500 metros de distancia. Teníamos por delante un par de horas o tres hasta reunirnos de nuevo. Había elegido el recorrido corto que acababa en el puente de Toraño unos 7km rio abajo, el largo acababa en Llovio pero eran 15 km, quizás para un día entero y aprovechar haciendo paradas para bañarse entre palada y palada.

Arriondas es una pequeñita población asturiana famosísima por el descenso del rio Sella, si no fuera por este acontecimiento que se celebra anualmente y se puede disfrutar cualquier día del año, el pueblo sería prácticamente invisible. Esta prueba nació en 1929 impulsada por Dionisio de la Huerta en la que participaban algunos amigos aunque pronto se hizo internacional y hoy la vemos convertida en una gran fiesta del verano asturiano.

Nada mas cruzar el puente no encontramos con la plaza del Ayuntamiento donde, como era de esperar, me hice la foto con mi bandera. En el centro de la plaza había un gran cañón. Nos contaron que es el que se utiliza para dar la salida el día del descenso después de cantar el “Asturias patria querida”.


Al cruzar al otro lado de la avenida descubrimos una pequeña capillita consagrada a san Antonio muy antigua, para, a continuación, el comienzo de un paseo que corría paralelo al río. Decidimos explorarlo ya que el día acompañaba y nos condujo, después de bordear unas casas, a un parque, a un enorme aparcamiento de coches para acabar en el barrio del Peruyal, famoso por las fiestas del Bollu organizadas por sus vecinos y porque conserva algunas casas típicas asturianas. 
Hacía mucha calor, buscamos una terraza para sentarnos a beber algo. Primero probamos en un sitio y preguntamos si había tapas o pinxos, ya iba siendo hora de echarse algo a la boca, pero nada, no le quedaba ni una bolsa de papas así que nos levantamos y nos fuimos al de al lado, Taberna el Camperu. Nos atendió una chica muy simpática, le pedimos unas patatas al cabrales que estaban de lujo y nos sirvió para entretener el gusanillo del hambre mientras el palista llegaba.


Jose tardó menos de dos horas en llegar a Toraño, llamó cuando acabó y nos dijo que estaba esperando el bus de retorno y que lo había disfrutado mucho. Le dimos la ubicación de donde estábamos y donde podía dejar el coche para reunirnos. De mientras habíamos estado buscando un buen sitio para comer y el elegido fue la sidrería La Llera a no mas de cinco minutos por la calle principal. El local y su terraza estaban hasta la  bandera, parecía que todos los palistas que vimos en el río se habían reunido allí para comer. El encargado nos sentó en una tienda que tenían frente al restaurante, de ambiente mucho mas tranquilo que el resto. Jose no tardó en llegar y una vez todos a la mesa pedimos. Mientras llegaba la comanda, el palista nos contó el paseo en piragua: el río es poco profundo, suele discurrir tranquilo en la mayoría de los tramos, aunque en algunas zonas se aligera entre rápidos suaves que le quitan rutina. Hay muchas zonas para pararse a comer, a bañarse o a disfrutar del paisaje, de hecho, se cruzó con grupos familiares o de amigos atracados en las orillas disfrutando del dia. En algunas zonas la piragua se atascaba y había que bajarse, a el le empujaron en una ocasión y en otra no le quedó mas remedio que bajarse y empujar, en fin, una aventura para repetir. Llegó nuestra comida, entre cachopos, pulpos, tomates azul asturianos y escalopines nos pusimos hasta la bola. Y para rematar pedimos postres, como si no hubiéramos comido bastante.



Hora de buscar el hotel y descansar un poco. Llegamos a Ribadesella en pocos minutos, una villa marinera localizada en pleno camino de Santiago del Norte, muy cerca de Arriondas, unos 16-18km. Nuestro destino era el jardín de Eugenia, un hotelito familiar monísimo ubicado a pocos minutos andando del pueblo, en una casona señorial reformada con mucho encanto. Nos recibió un joven cuarentón, al parecer hijo de Eugenia, que vivian en la casa de al lado, custodiado por dos grandes perros, tan mansos que nos contó se solían asustar de la gente. Nos entregó las llaves de las habitaciones, eran de las antiguas, acompañadas de la de la puerta de la calle, por si llegábamos tarde y un llavero de esos que no caben en el bolsillo del pantalón. 

En las cómodas zonas comunes decoradas con cierto aire oriental y mucho gusto, descubrimos una hermosa terraza en la que crecía un peral. José cogió un par de ellas por si apretaba el hambre.


Cada habitación lleva el nombre de alguna planta, la mía era las Calas, en el cabecero de la cama tenía pintado un bonito ramillete de ellas. También en la mampara de la bañera las tenía serigrafiadas. Toda la decoración en blanco, negro y plata, colcha blanca impoluta, suelo de madera, techo abuhardillado con ventana al cielo bien aislada. Por poner alguna pega, el el baño había bañera, hubiera estado mejor un plato de ducha. Me recordó muchísimo a un hotel de Catania, Sicilia, también ubicado en una casa familiar decimonónica reformada, como esta, con muebles originales y decoración noble aunque bastante ajada. Aquí todo estaba nuevo e impecablemente limpio.

Después de descansar un rato nos echamos a la calle, la tarde estaba preciosa, la luz del sol reflejándose en la ría dejaba unos colores maravillosos. Soplaba una ligera brisa apetecible después del calor mañanero. Fuimos andando, cruzando el pueblo por el paseo marítimo que estaba muy animado, hasta alcanzar el paseo de la Grúa construido hace un par de siglos como camino de sirga para empujar los barcos desde tierra y luego  hasta los acantilados del final. 


Me subí a las rocas y tuve vértigo, aunque el paisaje era maravilloso. Desde allí veíamos a los surfistas esperando la ola entre nosotros y playa Marina, casi metidos en la ría. Al otro lado del río está la imagen mas elegante de Ribadesella. 


A principios del s.XX el lugar se convirtió en uno de los destinos veraniegos mas solicitados por las clases acomodadas españolas del norte junto a Santander y San Sebastián. En esta parte del río se levantaron chalets, palacetes indianos y casas que constituyen a día de hoy un pequeño museo de arquitectura de principios del XX


Volvimos disfrutando del paseo, examinando los dibujos de Mingote incrustados en los muros que contaban la historia de la villa, desde la prehistoria hasta la visita de los entonces príncipes de Asturias Felipe y Letizia. Fue un placer.


Luego nos metimos por las callejuelas interiores y descubrimos una iglesia un tanto extraña, la  Iglesia de Santa María Magdalena de Ribadesella estaba cerrada y solo pudimos contemplar su exterior un tanto ecléctico, con un gran Cristo en la parte superior de la portada que presenta los brazos abiertos en acogimiento entre dos altas torres. Luego leí mas sobre ella, la original fue destruida en la Guerra Civil, la actual es de factura muy reciente. Lo mas importante son las pinturas de su cúpula. Aunque la iglesia medieval fue muy importante al ser lugar de parada de los peregrinos del camino de Santiago del Norte, se decidió reconstruirla al estilo moderno.


Llegó la hora de la cena y que mejor en Asturias para despedirnos que una sidrería, le preguntamos a Mr. Google que nos recomendó una sidrería del paseo marítimo, el Tarteru, un sitio sencillo, pequeñito de manteles de papel y mesas apretadas. Probamos su sidra, mejillones, chorizos a la sidra, zamburiñas, pulpo y otras exquisiteces por supuesto. Al lado había algunos metiéndose entre pecho y espalda arroz caldoso y cachopo que a aquellas horas se me hacían de lo mas indigesto. Rematamos la ingesta con un helado de camino al hotel.

Pasando cerca de unos pisos de vecinos escuchamos jaleo, música, pasodobles, una orquesta en directo animando un fiestorro que debía estar de lo más concurrido. Eran las fiestas de San Miguel del barrio El Cobayu, muy cercano a nuestro hotel. Acabaron ese domingo con fuegos artificiales que oímos ya desde la habitación.

Me quedé frita nada mas poner la cabeza en la almohada, oyendo de fondo los sones de la orquesta que animaba la verbena riosellana.

 

Fotos de Arriondas y Ribadesella pinchando en el enlace PHOTOS

lunes, 28 de septiembre de 2026

León de camino a Cantabria 19.09.26

​Vamos por la autovía de camino a León, la siguiente parada en nuestra ruta hacia Cantabria. 

Me doy cuenta que si no hablo con los demás, me paso el rato en facebook, instagram, whatsapp o tiktok  leyendo comentarios, artículos, memes, lo que sea que hable de mi Ceuta. ¡que pena tenemos encima todos los caballas! ¿Cómo es posible que el gobierno de nuestra nación no haga nada por nosotros? ¿por nuestra ciudad? No lo entiendo y me enfado, me indigno, me entristezco para luego volver a enfadarme. Vivimos en una pesadilla...

Unas dos horas y media después de haber dejado Zafra, Tesla informa que estamos llegando a la estación de carga de Béjar, necesita energía para llegar a León. 

Es sábado, en el polígono industrial donde se ubican los cargadores no hay un alma, está desierto, no encontramos un bareto por ningún lado y la logística de los baños nos es muy necesaria. Mari Loli y yo vamos a dar un paseo por las calles vacías a ver si localizamos alguna persiana arriba. Llevamos un rato caminando cuando vemos una furgoneta azul circulando muy despacito, como buscando algo, me da cierto repelús, digo de volver. No pega nada ese vehículo medio destartalado en este sitio. ¿y si nos secuestran?

Junto a los cargadores hay unas máquinas dispensadoras de bebidas y chuches y unos BAÑOS CERRADOS a cal y canto. Cada uno dispone de una cerradura como la de los porterillos automáticos pero no tenemos el código, empezamos a buscar posibilidades en la pantalla del cargador, en la aplicación Tesla y preguntando, que se llega a Roma, en este caso a la IA del coche, nos facilita el código que no se me va a olvidar en la vida. Por fin se hizo la magia y la cueva de Alí Babá se abrió. Baños limpios, impecables solo al alcance de los usuarios del mundo Tesla, increíble.

Desde Béjar quedan aun otras dos horas y media hasta León, se va acercando la hora de comer, le preguntamos de nuevo al coche que busca una buena opción, no nos desvía demasiado de la autovía por la que circulamos, debemos llegar antes de las 18.30, hemos reservado un freetour con Civitatis y no queremos perderlo. Nos recomienda el Mesón Fuentebuena en la misma dirección en la que vamos pero en la carretera nacional de Zamora, a una hora mas o menos de distancia. Llamamos, nos dicen que si, que nos ponen en el bar porque el comedor lo tienen lleno. Llegamos puntuales, el chico que está en la barra nos dice que tenemos que esperar que unos señores que están comiendo acaben y se levanten. Me quedo un poco perpleja pues de las cuatro o cinco mesas que hay, tiene otras tres desocupadas. Entro al baño y doy una vuelta por el local, el comedor también lo tienen despejado aunque decorado para un cumpleaños. No me gusta la situación, veo al chaval poco resolutivo, como si la atención al cliente no fuera con él. Miro en maps y veo que justo al lado hay otro mesón asador, Joaquín. Se lo digo a Mariloli y nos vamos de exploración a ver si nos gusta la pinta, dejamos a los chicos en el Fuentebuena por si al camarero le da una inspiración y les sienta en alguna de las tres o cuatro mesas libres. 

Nada mas entrar vemos un local de los de siempre, con solera, exponiendo sus productos en la barra, patas de lechal asadas, chicharrones, alubias....le preguntamos a una señora que nos recibe y si, tienen hueco para cuatro. Nos lleva al comedor principal y nos sienta a una mesa de mantel y servilletas de tela. Llamamos a nuestros loves que se plantan en un minuto. Nos atienden enseguida. En esto suena el teléfono y era el camarero del Fuentebuena, preguntando donde nos habíamos metido. ¡A buenas horas! 

Traen el pan y las bebidas y por poner una pega, no me gustó mucho la respuesta del camarero ante la repetición de petición de mantequilla de Jose. Le soltó un "caballero le he dicho que iba a ver si había y resulta que no hay" ¡Esos modos chaval!

Yo no tenía mucha hambre y el sitio era de comida contundente así que no pedí nada, me limité a picar algo de ensalada, el resto pidieron merluza, cochinillo y lechazo. Debía estar bueno porque no dejaron na mas los huesos pelaos.

Nos fuimos con bulla, quedaba aún un rato largo de carretera hasta llegar al hotel Crisol Riosol de León. 

El hotel está muy bien situado, habitaciones amplias con camas cómodas, parking con cargador eléctrico y a 10 minutos andando del centro neurálgico de la ciudad. Lo malo es que íbamos muy escasos de tiempo. Pedimos un taxi que nos acercó lo más que pudo a la catedral, punto de partida de nuestro tour, para tener un primer contacto con la emblemática ciudad de León. 

Recordar en este punto que su alcalde socialista del PSOE, José Antonio Díez, decidió saltarse la consigna de su partido y acompañarnos en la manifestación de apoyo ciudadano que convocamos desde Ceuta en nuestro día, el 2 de septiembre. Gracias León, por sentir como caballa y estar con España y con Ceuta. 

León es una ciudad maravillosa, animada, limpia, con mucha solera y con muchísima historia. Siempre recordaré cuando en el colegio, en clase de historia la profesora nos explicó como en el siglo I los romanos explotaron las minas de oro de León localizadas en las Médulas. Aquel método "ruina montium" me pareció de lo mas lógico aunque brutal y desde luego conformó el paisaje. Hoy día Las Médulas son Patrimonio de la Humanidad. Desde entonces la provincia de León tuvo un extra de interés para mi. Este día en que la visitábamos debería conformarme con un vistazo al centro histórico del reino de León.

murallas romanas de León

Su nombre, León, no procede del rey de la selva si no de Legio y es que en realidad fueron los romanos, mejor dicho, la Legio VI Victrix los que establecieron su campamento entre los ríos Bernesga y Torío con el fin de controlar a los cantabro-astures y proteger los envíos de oro procedentes de las Médulas. Después de la VI llegó la VII, la Legio Gemina y alrededor del campamento se asentaron comerciantes, artesanos, familias, población civil que convirtió aquel castro en una ciudad. Los romanos, con el tiempo, la amurallaron y se quedaron hasta el final del imperio. Todavía en el centro histórico se percibe la forma del antiguo acuartelamiento, vimos los límites dibujados en el suelo y las huellas de las sandalias romanas. Hispania durante siglos fue Roma y dos de sus mas grandes emperadores, Trajano y Adriano nacieron en Andalucía. 

Suevos, visigodos y musulmanes anduvieron por la ciudad romana hasta que llegó el año 910, siglo X en que se fundó el Reino de León. El rey asturiano García I decidió trasladar su corte de Oviedo a León y desde allí organizar la reconquista liderando las campañas contra el califato de Córdoba, tuvo un papel fundamental en la expansión de los reinos cristianos hacia el sur. León pasó de ser una ciudad militar romana a convertirse en la gran capital de un reino medieval. A los musulmanes les bastaron menos de 15 años en invadir casi la totalidad de la península Ibérica, mientras los cristianos se pegaron la friolera de 770 en reconquistarla.


La guía nos estaba esperando en la plaza de la Regla, delante de la catedral, una preciosidad gótica con un enorme rosetón en la portada principal, plagada de arbotantes y vidrieras. Luego veríamos la casa donde las restauran, conservan etc. y es que lo mas importante de la Pulchra Leonina son sus elegantes vitrales. Los arquitectos consiguieron reducir los muros a la mínima expresión y sustituirlos por 1800 metros cuadrados de  vidrieras. El rosetón está flanqueado por dos altas torres, la de las campanas y la del reloj.
No daba tiempo a visitarla por dentro ese día, la cierran a las 7 y hasta las 10 del día siguiente no volvían a abrirla. La próxima vez la conoceremos. 

La  catedral de Santa María de la Regla se construyó  inspirada en las catedrales góticas francesas como la de Rems sobre la antigua catedral románica que a su vez ocupaba los solares del palacio del rey Ordoño II y las termas romanas de la Legión VII Gémina.

 Como dato curioso comentar que fue el primer edificio declarado "monumento" en España, corría el año 1845. 

Situada en pleno camino de Santiago, es quizás la mas bonita y una de las mas visitadas en nuestro país. Dejo enlace para saber mucho más sobre la catedral de León: Catedral de León - Wikipedia, la enciclopedia libre

Era momento de mover al grupo, nos habían reunido a unas treinta personas y tras darnos el discursito correspondiente de en que consistía el freetour, la duración   como de horita y media, que conoceríamos los barrios romántico y húmedo, además de algunas curiosidades de la ciudad y que Civitatis solo es una plataforma que vende el tour y a la agencia de guías de León le cobran 3€ por cada uno de nosotros, continuamos andadura. 

edificio el Torreón

Nos acercamos a un edificio un tanto extraño situado en uno de los costados de la plaza. Parece un castillo medieval aunque data de primeros del s. XX, se llama El Torreón es la antigua sede de Correos y Telégrafos que ahora pertenece a la diputación leonesa. Lo diseñó un arquitecto del que mas adelante veremos otras obras, todas similares, robustas, bastas, cuadrangulares... es D. Manuel de Cárdenas.

Junto a este, una casa museo de una rica familia que también da nombre a la calle por la que vamos, los Sierra Pambley. Dice  la guía que la casa conserva todo el mobiliario, ajuar etc de cuando vivían los dueños y en la visita te muestran como era la vida hace casi 200 años. 

Llegamos por esta calle frente a la casa donde se restauran las vidrieras de la catedral, justo frente al hotel Camarote, aquí tuvimos una pequeña clase magistral sobre como se fabricaban, se coloreaban, se colocaban y se conservan los preciosos vitrales. 


Continuamos paseo hasta la plaza del Cid, frente a ella el parque del Cid, único espacio verde y pulmón del barrio histórico. El lugar se llama así porque la tradición señala la localización donde se encontraba la casa de D. Rodrigo Díaz de Vivar, Sidi para los amigos, cuando vivía en la corte de León. Una escultura de un hombre subido a un pedestal que sostiene un pajarito muerto me sorprende, es bastante feo. Representa el dolor, el vacío ante la perdida de un ser querido. El escultor se inspiró en la perdida de un amigo que murió a los 21 años en un accidente de bicicleta.


Mirando de frente, dentro del parque, veo una enorme mano de bronce, dice la guía que es un monumento a los veterinarios. También se ve una de las torres de la casa Botines y el palacio de los Guzmanes del s. XVI diseñado por Gil de Hontañón. Nos está gustando León, es una capital repleta de edificios impresionantes.

palacio de los Guzmanes

Estamos a dos pasos de la basílica de San Isidoro, el santo sevillano que se trajeron a León. ¿Y cómo acabaron los huesos de un santo enterrado en Sevilla en la capital leonesa? Pues por obra y gracia de los reyes de León. 

basílica de San Isidoro

San Isidoro, obispo de Sevilla en el s.VII (plena época visigoda) fue un gran influencer de su época, de hecho dejó por escrito algunas publicaciones por las que está considerado como el último Padre de la Iglesia de Occidente.
Se le enterró en el monasterio de san Isidoro del Campo en Santiponce y allí quedó durante 400 años. Llegaron los moros por el sur , surgió la reconquista desde Asturias por el norte, mientras el reino de León sobrevivía a duras penas, hasta que con el cambio del milenio las cosas cambiaron. Al-Andalus se fragmentó en pequeños reinos taifas que luchaban entre ellos mientras León crecía y se hacía fuerte liderando la Reconquista. En el s.X el por entonces rey Fernando I de León y su esposa Sancha recibían tributos en oro de los reinos moros. Estaban reformando la iglesia de san Juan Bautista de la capital leonesa en una moderna construcción de piedra que les sirviera de panteón real y necesitaban dotarlo con reliquias de peso para sumar prestigio político y espiritual. Decidieron pedir al califa sevillano Al-Mutadid los restos de las santas Justa y Rufina, patronas cristianas de Sevilla a lo que accedió a regañadientes.

Los leoneses enviaron una nutrida embajada encabezada por Alvito, obispo de León, pero al llegar a tierras moras, nadie sabía donde estaban enterradas las santas. Estuvieron buscando durante días hasta que decidieron volver con las manos vacías, solo que aquella noche Alvito soñó con san Isidoro, que le indicó el lugar donde estaba enterrado su cuerpo. También contó que el mismo moriría en el viaje de vuelta. Ambas cosas fueron ciertas, de ahí el dicho de que los leoneses fueron a Sevilla a por dos santas y volvieron con dos santos pues el obispo también fue santificado.

puerta del cordero

La guía nos plantó a la sombra para contarnos todo esto, eran casi las 7 de la tarde pero el calor seguía apretando. Estábamos ante la entrada principal de la basílica, frente a la preciosa y románica puerta del Cordero, a la derecha, un poco más allá, la del Perdón. 

Fueron los albores del estilo románico leonés en el s.X, mas tarde el templo sufriría múltiples reformas aunque nos dijo que en el panteón aun hay pinturas del siglo XII perfectamente conservadas. En esta misma puerta se notaba que aunque el tímpano del cordero es original, la peineta que tiene arriba, con la figura de san Isidoro a caballo, es de época muy posterior.

puerta del perdón

La puerta del Perdón, por donde entraban los peregrinos camino a Santiago para conseguir las indulgencias, es mas recogida, más austera, mas románica. El barroco no llegó a tocarla, conserva sus líneas puras. El frontal se ve dividido en dos por una cornisa ajedrezada, en la parte superior  vemos tres ventanas geminadas, dos laterales ciegas y la central con una reja. 

Algo muy importante sucedió en el año 1188 en el claustro de esta basílica,  tuvo como protagonista al rey Alfonso IX. Fue la primera vez en Europa que se convocaron unas Cortes  en las que se le dio voz y voto al pueblo llano (burguesía y ciudadanos elegidos) junto a los nobles y la iglesia. Es por ello que la UNESCO reconoció a León como "Cuna del Parlamentarismo"

Me hubiera encantado visitar tanto la catedral como la basílica por dentro, creo que merecen la pena y mas para los frikis de la historia como yo.

marca de la muralla y cáliga romana

Hora de encontrarnos con los romanos. El perímetro de la antigua muralla levantada por la Legio Gemina permanece marcado en el suelo de la capital donde sus restos han desaparecido. Nos paramos en una esquina de la calle para contemplar de lejos los torreones circulares de casi 2000 años de antigüedad. Las huellas de las cáligas romanas que estamos viendo en este paseo indican la ruta que hay que seguir para conocer el León romano, es una señal igual que la concha para el camino a Santiago.


Llegamos por fin a otro de mis objetivos en León, la casa Botines. Gaudí solo diseñó tres edificios fuera de de su tierra natal, este, el Capricho en Comillas y el palacio episcopal de Astorga. En este viaje conoceremos los dos primeros. La casa museo se ubica en la plaza de san Marcelo, a un paso del jardín del Cid, su estilo modernista neogótico con apariencia de castillo de cuento encaja de manera fascinante con su entorno. 


Gaudí diseñó un edificio multifuncional donde los bajos eran almacenes textiles y oficinas mientras los pisos superiores, viviendas de alquiler y residencia de los dueños. El nombre, Botines, le llega por el apellido del fundador del negocio textil "Botinás"
Tiene 365 ventanas, una por cada día del año que van decreciendo en tamaño conforme se asciende de piso. Sobre la puerta principal, San Jorge y el dragón símbolo inequívoco de Cataluña. En la restauración de 1953 se halló un tubo de plomo dentro de la estatua que contenía los planos originales de Gaudí y recortes de periódicos de la época. Al arquitecto le gustaba bastante la simbología, otro ejemplo además del número de ventanas son los 28 pilares de hierro que sostienen la planta baja y el semisótano, correspondientes a los 28 días del ciclo lunar. 

El edificio está rodeado por un foso, como los castillos, protegido por una preciosa reja de hierro negro, así entra la luz por los amplios ventanales del sótano. 


El señor Antoni Gaudí nos esperaba sentado en un banco de la plaza mirando hacia su edificio. Junto a el, dos señoras charlaban animadamente. Cuando nos vieron haciendo fotos, hicieron por levantarse y nos preguntaron de donde veníamos, del Sur, dijo Jose, de Ceuta , dije yo y claro, enseguida se compadecieron de la situación. Estuvimos un ratillo charlando con ellas y casi perdemos al grupo.


Nadie, no he conocido a nadie en este viaje ni conozco a nadie que no sienta pena por lo que sigue pasando en Ceuta hoy día. Y es que no es de recibo el abandono y la inseguridad que se ha instalado en una ciudad española. No estamos en guerra pero lo parece. Es desesperante.

Salimos del barrio Romántico para adentrarnos en el barrio Húmedo, vamos de camino cuando una placa en la fachada de una casa me detiene "en esta casa nació Kiko Argüello, iniciador del camino neocatecumenal" si el de los Kikos, era leonés.


Si antes estábamos en una ciudad animada lo de ahora es ir a empujones. El barrio húmedo estaba hasta la bandera de público, no había una silla donde sentarse, ni hablemos ya de entrar en algún bareto y eso que aun no eran las 8 de la tarde. 

Ya llegamos a la plaza Mayor, de camino hemos pasado por la iglesia de san Martin, un templo románico del s. XI que lo que le queda de románico es el ábside totalmente tapado por el antiguo consistorio que da a la plaza. Comenta nuestra cicerone que hicieron el edificio del ayuntamiento con tan mala baba que la iglesia lleva siglos sin que le entre un rayito de sol. Es sede de distintas cofradías leonesas, entre ellas la de las Ánimas y santo Cristo de fuera de san Martín. Este "de fuera de san Martín" se refiere a la capilla que vimos justo enfrente, fuera de la iglesia, que es donde antaño se guardaba el Cristo. Esta cofradía sigue vivita y coleando a pesar del montón de años transcurridos, es una de las importantes de la ciudad.

San Martín estaba muy relacionada con el mercado que se celebraba a sus espaldas y con los gremios de comerciantes, carniceros, zapateros, plateros, taberneros, etc que vivían y trabajaban en callejuelas adyacentes. Todas estas calles estrechas constituyeron en su momento el barrio judío de León.


Un buen grupo de treintañeros uniformados con vaqueros y camisetas "Marcos se casa" andan jaleando en la esquina de la calle, una despedida de soltero que lleva al protagonista con traje a rayas. ¡Preso te vas a quedar chaval!

Nosotros seguíamos a lo nuestro, descubriendo la bonita plaza mayor reconstruida tras un enorme incendio acontecido en el s. XVII que acabó con el antiguo mercado medieval, sustituido por esta plaza elegantemente porticada, cuadrangular y llena de balcones. El antiguo ayuntamiento funcionó mas como balcón del consistorio que como ayuntamiento. Es un edificio estrecho, solo 5 m de profundidad y alargado, con buenas balconadas y rematado a ambos lados con dos torres con chapiteles. En realidad no se diseñó para ejercer de ayuntamiento, sino como mirador, desde sus balcones las autoridades podían ver lo que acontecía en la plaza, en el pueblo, allí se compraba, se vendía, se legislaba, se proclamaban leyes incluso se organizaban corridas de toros. Toda la plaza está diseñada para mirar, es un gran escenario urbano.  

Acabamos el tour en plena plaza de san Martín en el barrio Húmedo. Lo de "húmedo" es un uso popular bastante reciente, de mediados del siglo XX por un lado por la cantidad de bares, cantinas, cafés y casas de comida que había, pero también porque antiguamente el vino se transportaba en grandes cubas que se trasegaban a los barriles de las bodegas con mangueras, al final algo se derramaba y el suelo acababa mojado. También los leoneses, peregrinos y visitantes acaban mojados, por dentro.


La guía nos recomendó dos o tres sitios para tapear, entre ellos uno donde ponían la mejor tapa de morcilla leonesa de la provincia, creo que se llamaba el Altar, en la calle Plegarias, estaba muerta de hambre, así que nos despedimos de la guía, le pagamos 25€ por pareja, fuimos pitando al bar y me comí yo solita un pedazo de tapa de morcilla riquísima con una cervecita. 


Luego nos fuimos a terminar de cenar a un bareto donde encontramos un rinconcito para medio sentarnos apoyados en unos toneles. Pedimos cecina de León y algunas tapas. Las tapas estaban ricas pero la cecina estaba de muerte ¡que rica! ¡como nos hemos puesto de comer en este viaje!

Acabamos el día paseando, tirando las últimas fotos con mi bandera de Ceuta delante del ayuntamiento actual, que no podía faltar y regresamos al hotel caminando por la calle Ancha. Antes de cruzar el puente vimos un coche de carreras antiguo. Mariloli se subió y yo después. Ahí está la foto.


Mientras me bajaba del coche, que mi trabajo me costó, un señor que pasaba me preguntó sonriendo ¿a que no sabes de donde es el escudo que lleva la bandera de Ceuta? pues claro que sí, de Portugal! no es idéntico pero si parecido y la bandera clavadita a la de Lisboa. Ceuta tiene una interesante ascendencia portuguesa de la que los caballas nos sentimos muy orgullosos.

Debo decir que me faltaron horas en León para conocer la bonita capital, por lo menos 24  y para visitar las Médulas y la provincia al menos otros dos días, así que digo lo que Terminator: VOLVERÉ.

Fotos de León pinchando en el enlace: photos León