ÍNDICE PEREGRINACIONES

INDICE PEREGRINACIONES

 2.010.-  TIERRA SANTA    VIDEO Tierra Santa 2.011.- ITALIA :  Florencia ,  Pisa ,  Padua ,  Venecia ,  Asís ,  Roma   VIDEO fotos   2.012.-...

domingo, 18 de octubre de 2026

Santander 22.09.26 tarde

 La península de la Magdalena es uno de los lugares mas hermosos y emblemáticos de Santander. Ocupa una posición privilegiada separando como una punta de flecha las tranquilas aguas de la bahía de Santander y las aguas abiertas del mar Cantábrico. 

Si hay una imagen conocida de Santander esa es la del palacio de la Magdalena, sede de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y antigua residencia veraniega de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia. En todas las guías de viaje que había leído o visto era el top one santanderino, había que ir y como le dedicaríamos por lo menos un par de horas, dejamos el Ayuntamiento y la plaza porticada para la tarde noche. 

acceso a la Magdalena

Tomamos el bus en las Atarazanas, justo delante de la Catedral, un señor nos indicó varias líneas que podíamos utilizar para ir hasta el Sardinero y de allí 5 minutos andando hasta la península de la Magdalena. Después de un trayecto de unos 12-15 minutos paralelo al mar, llegamos a nuestra parada. Cruzamos un bonito paseo que bordea la playa del Camello, anexa a la península. Algunos bañistas disfrutaban del día, que acompañaba y más para estos norteños que siempre tienen calor. Una señora nos había comentado que en Santander cuando comienza el colegio, comienzan los temporales y las lluvias, pero este año no ha sido así. Hacía calor, tanto hasta apetecer el baño.

Cruzamos la verja de acceso decorada con un cartel que anunciaba que ya estábamos en la avenida D. Juan de Borbón y justo, junto a la casa de los guardeses, actual oficina de información y tienda de regalos, vimos un trenecito de esos turísticos que salía en 15 minutos. Decidimos sacar billetes y aprovecharlo para subir hasta la cima de la colina. 

Mientras hacíamos tiempo, los necesitados nos fuimos a buscar los baños, el cercano además de ser de pago, era de esos que se limpian automáticamente tras cada uso, por lo que tardaba una barbaridad y tenía cola. Por indicación del conductor del tren, fuimos caminando hacia los servicios públicos que estaban un tanto alejados de la entrada pero nos daba tiempo. Mientras yo andaba en estas, mi marido se encontró con amigos de Ceuta, que como nosotros, estaban recorriendo Cantabria con otros amigotes peninsulares. Los caballas somos así, ¡que nos gusta pillar maleta!

Era hora de subir al tren y disfrutar de la naturaleza, arquitectura, playas y vistas al mar que nos ofrece el lugar. Va rodeando la península por una estrecha carretera cercana a la playa que da a la bahía. Observo la arena, dorada, el mar tranquilo, al otro lado pinos, zonas verdes.


Llegamos al monumento en honor de Félix Rodríguez de la Fuente. Es una estatua de bronce a tamaño natural y va acompañado de un lobo. Es un homenaje de los niños de Santander al amigo de los animales que pasaba sus veranos en la capital cántabra. Unos 10 meses después de la muerte en accidente aéreo de Félix  se inauguró esta bonita escultura. Aquella pérdida fue una conmoción para el país entero.

Frente al monumento vemos una gran extensión de césped, se llama la Campa de la Magdalena, aquí se organizan conciertos al aire libre y eventos. Antiguamente, en tiempos de Alfonso XIII, había un campo de polo, el rey era aficionado a este deporte.

Continúa el paseo en tren, vemos la playa de losbikinis, a la derecha, una extensión de arena final dorada. Dicen que se llama así porque las estudiantes extranjeras que acudían a los cursos de la universidad utilizaban esta prenda cuando en España aún no era tan habitual.

caballerizas reales 

Justo enfrente aparecen las Caballerizas Reales, unas casas bonitas, elegantes, organizadas en torno a un patio. No parecen las cuadras de un palacio español tradicional: la fachada, los tejados inclinados, las torrecillas y la decoración con entramados de madera recuerdan mas bien la tradición inglesa. Hay que recordar que todo esto se construyó pensando en los reyes y la reina Victoria Eugenia era inglesa, nieta de la reina Victoria. Aquí se guardaban los caballos, carruajes y otros elementos relacionados con el servicio de la residencia real. La disposición de los pabellones, los jardincillos y esos tejados inclinados y puntiagudos dan la sensación de encontrarnos ante un pueblecito inglés. Esta zona durante la Guerra Civil fue utilizada como campo de prisioneros, hoy día además de ser el bar restaurante, estos edificios están anexionados a la Universidad Menéndez Pelayo. Luego, cuando bajemos andando, la visitaremos por dentro.

palacio de la Magdalena fachada sur

El tren continúa su marcha hacia la zona palaciega ascendiendo poco a poco la colina cada vez mas empinada. Comenzamos a atisbar la parte posterior del palacio de la Magdalena. A nuestra derecha el mar, a nuestra izquierda un bosque de pinos y al frente la elegante y señorial residencia real de verano. Fue D. Alfonso XIII quien eligió personalmente la ubicación en la parte alta de la península, desde donde podía contemplarse tanto la entrada de la bahía como el mar abierto. 

La monarquía española siempre había elegido la ciudad de San Sebastián para pasar sus vacaciones estivales, pero, cuando a finales del s. XIX Santander comenzó a tener relevancia entre aristócratas y nobleza, la ciudad decidió ofrecer a los reyes una residencia para que la utilizaran en verano para así dar a Santander un gran impulso económico y social. Lo curioso es que el palacio se financió con suscripciones populares, lo pagó el pueblo, y mereció la pena. Era un regalo de la ciudad a los reyes, aunque también una inversión turística y económica para Santander.

La construcción comenzó en 1908 acabando 4 años mas tarde. Se convocó concurso público para seleccionar arquitectos y el proyecto que ganó fue el de dos jóvenes cántabros: Gonzalo Bringas Vega y Javier González de Riancho. Ambos diseñaron un edificio inspirado en los grandes palacios y residencias señoriales inglesas, pero incorporando características propias de la arquitectura montañesa. Hay que fijarse especialmente en sus torres, los tejados inclinados de pizarra, las chimeneas y los entramados de madera de algunas fachadas.

Desde agosto de 1913 hasta 1930 la residencia fue habitada por los reyes de España. La presencia de la Corte favoreció el desarrollo de hoteles, restaurantes, comercios y grandes residencias particulares, especialmente en El Sardinero, hasta la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931. Alfonso XIII tuvo que exiliarse de España y el palacio de la Magdalena dejó de ser utilizado por la monarquía. En el 32 se creó la Universidad de Verano de Santander, acudían profesores, escritores, investigadores e intelectuales españoles y extranjeros. Entre sus protagonistas destacó Ramón Menéndez Pidal, primer rector de la institución. Después de la Guerra Civil, la actividad universitaria se reanudó bajo la denominación de Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). En 1977, el Ayuntamiento de Santander adquirió el palacio a Juan de Borbón, conde de Barcelona y padre de Juan Carlos I por 150 millones de pesetas. Era el dueño, a pesar que la República había confiscado la propiedad.  En 1982 fue declarado Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional y en 1995 concluyó una importante rehabilitación.

isla y faro de santo Mouro al fondo

Estamos un rato admirando las vistas desde los miradores del palacio, la isla de santo Mouro, la bahía, la playa del Sardinero… hace un día fantástico. La luz acompaña y las imágenes son realmente bonitas.

Damos una vuelta de reconocimiento antes de retomar camino y comenzar el descenso de la colina por los jardines.

El siguiente punto marcado en mi mapa es el museo al airelibre del Hombre y el Mar de Vital Alsar. Se encuentra sobre una terraza con magnificas vistas hacia la playa del Sardinero.


Vital Alsar Ramírez nació en Santander en el año 33 del pasado siglo, fue un navegante, explorador y aventurero que se hizo mundialmente conocido por atravesar grandes extensiones oceánicas utilizando embarcaciones inspiradas en las técnicas de navegación antiguas. Quería demostrar que los pueblos antiguos habían podido atravesar los océanos con medios mucho más rudimentarios de lo que se pensaba. En 1970 logró cruzar el Pacífico desde Ecuador hasta Australia en una embarcación de troncos, aquí vemos una réplica de la utilizada con sus mástiles y velas. Posteriormente realizó expediciones por el Atlántico, promoviendo también un mensaje de paz y hermanamiento entre los pueblos. Entre 1966 y 1992 llevó a cabo nueve expediciones que hoy recuerda este museo.

Los tres galeones o bergantines (como los definen los paneles) son quizás lo más llamativo del museo porque recuerdan a los barcos de los grandes descubrimientos como las utilizadas por Colón o las de Orellana en el Amazonas.


Caminando, caminando, nos metimos en el zoo marino. Aprovechando los acantilados y las piscinas naturales formadas entre rocas de esta parte de la península, se ideó un mini zoo con focas, pingüinos y leones marinos, pero hace tanto calor que están todos escondidos, solo vemos algunos leones bailando en el agua jugando mientras niños y adultos tratamos de localizarlos.

Vamos ya de vuelta, volvemos a coger el bus que nos dejará cerca del hotel. Hoy comemos en un asador con muy buena puntuación, es la Taberna de Vicente. Llegamos temprano y la chica que nos recibió nos dijo de esperar en la barra. Le pregunté si es que estaban llenos y debió de darse cuenta de lo inútil de una espera sin motivo justificado por lo que nos invitó a subir al comedor. Nos acomodaron en una mesa frente al ventanal que en otro momento tendría vistas al puerto pesquero pero que ahora estaba tapado por un tupido andamio.


Pedimos pimientos asados, patatas y un chuletón para los cuatro. Cuando llegó pensé que no íbamos a ser capaces de comérnoslo. Nos pusimos de comer hasta el gorro. Exquisito, creo que no he comido carne igual. Ahora, lo pagamos bien, aunque mereció la pena. Luego nos fuimos a descansar un rato para acabar el día visitando las playas santanderinas.

Esta vez si contamos con Tesla, llevaba apuntadas todas las playas que merecía la pena visitar y son muchas desde la Magdalena a Liencres, sabia que no daría tiempo antes del ocaso, pero había que expurgar algunas e intentarlo con el resto. Fue una excursión muy bonita, llena de paisajes espectaculares, calas de arena dorada entre acantilados vertiginosos, playas rocosas, y un faro con mucha historia.

jardines del Piquío

Comenzamos por la segunda playa del Sardinero, dejando atrás la playa del Camello así llamada por la roca con la forma del animal que sobresale del agua.  Aparcamos junto a los jardines del Piquío y cruzamos para bajar a conocer la playa mas famosa de Santander, una amplia extensión de arena a los pies de las aguas cantábricas flanqueados por los elegantes edificios del paseo marítimo. El nombre le viene por la pesca de las abundantes sardinas y aunque desde que los reyes veraneaban en la Magdalena el turismo se incrementó, fue años antes, cuando los médicos recomendaban los “baños de ola” para fortalecer la salud, ya era un lugar bastante concurrido. La reina Isabel II llegó a Santander para tomar los baños y fue tal el éxito de aquello que la ciudad empezó a competir con San Sebastián y Biarritz.

segunda playa del Sardinero

En todas las guías aparecen dos playas del Sardinero, la primera , mas cercana a la Magdalena, donde se sitúa el casino, la segunda, la más lejana aunque no vemos ninguna separación física entre ellas. Si acaso las terrazas de los jardines del Piquío. En el siglo pasado si que la había, la diferencia de clases sociales determinaba quien podía acudir a una u otra.

playa de Mataleña

Dejamos atrás el Sardinero para explorar las playas de la Costa Quebrada, Tesla nos lleva primero por avenidas hasta meternos en estrechas calzadas que nos acercan a la costa. La primera de la lista por cercanía es Mataleña, una joya escondida entre acantilados de roca caliza, en los que la sombra ya empieza a cubrir a los bañistas. La vemos desde el mirador del parque, para bajar a la arena que forma una media luna dorada, abrigada entre acantilados hay que jugarse el tipo bajando una escalera de 150 escalones. Los podemos ver al fondo, desde donde estamos. Es pequeñita, rodeada de vegetación y abierta a las que aquí son turquesas aguas del mar Cantábrico, nada que ver con el Sardinero. En la parte superior del acantilado vemos una cuidada pradera que creo es un campo de golf.

Hacemos unas cuantas fotos y volvemos al coche, había sopesado la opción de ir andando al faro de Cabo Mayor, pero entre ida y vuelta nos íbamos a quedar sin tiempo para conocer otras playas por lo que recogimos a Tesla y pusimos rumbo al faro. A medida que avanzamos hacia el norte, la ciudad va desapareciendo y el paisaje comienza a transformarse. Los edificios dejan paso a extensas zonas verdes, caminos junto al mar, casas pequeñitas, chalets, y acantilados que caen casi verticalmente sobre el Cantábrico.

faro de Cabo Mayor

Llegamos a nuestro destino, el Faro de Cabo Mayor, una construcción blanca coronada por una torre de unos 30m elevada sobre un promontorio situado a unos 90m sobre el mar. Aparcamos justo pegados a la pared del faro. Había público, la tarde soleada, aunque algo ventosa invitaba a contemplar los miradores de la costa. Aquí descubrimos una Santander completamente diferente: más salvaje, más natural, dominada por la inmensidad del océano, más auténticamente marítima: la del viento, los faros, las olas y los acantilados que llevan millones de años enfrentándose al mar Cantábrico.

Rodeamos el entorno del faro y nos acercamos a los miradores habilitados sobre el cabo observando como el terreno se interrumpe a pie de los acantilados. Son magníficos, dejan ver los estratos rocosos inclinados, fracturados, plegados. Me da vértigo mirarlos. Abajo, las olas golpean sin piedad una y otra vez y eso que el mar esta tranquilo. Huele a sal, a sol y viento. Debe ser salvaje ver un temporal en esta costa.


En la parte derecha unas escaleras descienden hasta un sendero que conducen a un cercano campo de golf y una colina que se adentra en el mar. El vértigo solo me deja dar unos pasos. Lola y Jose continúan hasta donde el sendero cae en picado sobre el mar. El lugar es espectacular.

Tesla nos llevó por una ruta imposible a la Maruca, otra de las playas imperdibles según nuestra guía. El paisaje de altos acantilados desaparece dejando paso a grandes plataformas rocosas y ensenadas. Llegamos al aparcamiento público en la misma playa, a un lado están fondeados algunos barquitos de pesca, al otro se extiende la playa en la que de la arena surgen rocas afiladas y pedruscos redondeados que forman piscinas naturales. Cuando llegamos los habituales tomaban el sol en una gran resbaladera de hormigón que descendía hacia la playa. Nos acercamos al mirador de tarima de madera construido sobre un antiguo fortín, leo que es la batería de San Pedro, una estructura defensiva del s.XVII. Desde allí vimos a algunos surfistas arriesgando el pellejo por conseguir la ola de su vida.

playa La Maruca

También fuimos testigos de un hecho para nosotros bastante insólito, varias furgonetas habían descendido por la pendiente de rocas hacia el mar, allí varias personas se afanaban sacando algas y cargándolas en las furgonas. Jose se acercó a preguntar. Las recolectaban para venderlas a una industria farmacéutica. Uno de los vehículos al salir de allí quedó encallado entre dos rocas. Nosotros ya nos fuimos, el sol se estaba poniendo y queríamos llegar a ver el espectáculo de la Arnía.

playa de Arnía

Llegamos rozando la puesta de sol. Encontramos sitio para dejar a Tesla junto a una terraza merendero a tope de gente y nos echamos al monte como cabras para bajar a la playa. Había una pronunciada rampa de hormigón que facilitaba el descenso, pero el vértigo… era mucho y a medio camino me quedé plantada, antes de dar el espectáculo de ponerme a cuatro patas.

La playa de la Arnía es un paisaje que cuenta con 90 millones de años, esto si es la famosísima costa Quebrada reconocida como Geoparque Mundial por la UNESCO en 2025. Lo que tenemos delante es un paisaje prehistórico: enormes agujas de roca que emergen del mar, acantilados erosionados, pequeñas calas y una sucesión de estratos que parecen colocados verticalmente por la naturaleza. Es como si fueran restos de una enorme muralla de piedra que el mar hubiera destruido.

Y si espectaculares y diferentes fueron las otras playas vistas, esta debo calificarla como magnífica. Creo que llegamos en el mejor momento del día. El sol escondiéndose por Poniente, detrás de las rocas dejándonos unos colores amarillo anaranjados brillantes, la luz produciendo sombras sobre los fallones de rocas que se tornan rojizas. La costa está rota, quebrada, de ahí su nombre, es de una belleza majestuosa. Aquí está escrita la historia de la Tierra en las rocas, decenas de millones de años se contemplan.


Mariloli y Jose llegaron hasta el final de la rampa y subieron a una colina, un trozo de acantilado desplazado por la erosión al que un montón de chavales habían llegado buscando el lugar desde el que mejor contemplar el ocaso. El sol jugó al escondite hasta que desapareció y los colores del cielo se volvieron rosas, morados y azules. Una preciosidad.


No dio tiempo a llegar a Liencres, ya no había luz solar. Volvimos, regresamos esta vez por la autovía a Santander, aparcamos en el parking de Pereda y nos fuimos a disfrutar de la elegancia de la capital. Entramos en el mercado del Este, cruzamos la plaza porticada  e ignoramos el ilustre Ayuntamiento. Buscamos un lugar para cenar pinchos y dimos con casa Lita. Nos volvimos a poner morados. No aceptan reservas, según llegas, coges número si hace falta, pides en la barra bebida y pinchos y buscas sitio para sentarte. No me acuerdo que pedí, lo que si me acuerdo es que compartimos varios y todos estaban exquisitos. Un acierto.

Recogimos a tesla para regresar al hotel y cuando llegamos nos habían ocupado nuestra plaza número 9. Jose tuvo que meterlo en otra y utilizar el mando a distancia desde el móvil para poder aparcarlo correctamente. Cosas que pasan.

Acabó un día muy completo, conociendo una ciudad preciosa, muy elegante y sus costas exuberantes, prehistóricas, maravillosas. Me enamoró Santander, preciosísima capital cántabra.

Fotos SANTANDER Y PLAYAS

INDICE GENERAL

 

2.010.- TIERRA SANTA  VIDEO Tierra Santa

2.011.- LA CRUZ VIAJERA

2.011.- ITALIA : Florencia, Pisa, Padua, Venecia, Asís, Roma VIDEO fotos 

2.011.- BELGICA

2.012.- TURQUIA  FOTOS , VIDEO fotos

2.013.- RUSIA  FOTOS  y VIDEO fotos

2.014.- PEREGRINO ¡BUEN CAMINO!

2.014.- CROACIA: Zagreb, Liubliana, Opatija, Pula y Rovinj, Plitvice, Zadar y Split, Medjugorje y Mostar, Dubrovnik VIDEO fotos

2.015.- POLONIA: Varsovia, Czestochowa, Auschwitz, Cracovia, Montes Tatras, Wieliczka VIDEO fotos

2.016.- EL EL AÑO DEL CENTENARIO HACEMOS 7

2.016.- RUMANIA: Bucarest, Sibiu, Transilvania, Monasterios pintados, Brasov, Bran y Sinaia VIDEO fotos

2.017.- 1,2,3 ... A HUELVA VOLVIMOS OTRA VEZ

2.017.- CHIPRE Y GRECIA: Lárnaca, Paphos, Troodos, Salamina y Famagusta, Morphou, Kyrenia y Bellapais, Corinto, Atenas VIDEO fotos

2.017.- HACIA EXTREMADURA, MERIDA, CACERES, TRUJILLO Y GUADALUPE , SAN ISIDORO EN SEVILLA

2.017.- PLASENCIA, DE YUSTE A CARRIÓN, SAN ZOILO Y LA OLMEDA, DE FRÓMISTA A VILLAPROVEDO, OLLEROS Y MAS, PALENCIA-1, PALENCIA-2, DE CAMINO A LA VID

2.018.- REPUBLICAS BALTICAS: Tallín, Parnu y Turaida, Riga, Rundale y la colina de las cruces, Kaunas y Trakai, Vilnius  VIDEO fotos

2.018.- EGIPTO-1, EGIPTO-2, EGIPTO-3, EGIPTO-4, EGIPTO-5, EGIPTO-6,

2.019.- DE LEGIONARIOS Y TORRIJAS

2.019.- LA DECIMA

2.019.- CENTROEUROPA: Viena, Seegrotte y Melk, Brno, Praga-1, Praga-2  video fotos

2.019.- TIERRA SANTA: albúm VIDEO fotos

2.020.- ALBUM TEN DIEZ AÑOS: diez años

2.021.- Y POR MARZO, SAN JOSÉ

2.021.- NO SOLO UNA SEMANA GRANDE Y DIFERENTE

2.021.- FRONTERA SUR, AL SUR

2.021.- VERGUENZA CABALLA

2.021.- DE INDEPENDENTISMOS Y OTRAS MOVIDAS

2.021.- POR SAN ANTONIO, PANECILLOS CABALLAS

2.021.- REENCUENTROS, ROMANICO PALENTINO, EN LA VID

2.022.- EN GUADARRAMA

2.022.- PORTUGAL: Ourem, Sintra, Coimbra y Batalha, El Rocío, Sevilla-1, Sevilla-2, VIDEO fotos

2.022.- GRANADA-1, GRANADA-2, GRANADA-3, GRANADA-4, GRANADA-5, GRANADA-6

2.022.- ANIVERSARIO CECOFAR BIDA

2.023.- CEUTA CUNA DE LA LEGIÓN

2.023.- DE MADRID AL CIELO

2.023.- EGIPTO: Guiza y Saqqara, Karnak y Luxor, Valle de los reyes, Edfú y Kom-Ombo, Assuán y poblado nubio, Abu Simbel, El Cairo, Albúm fotos

2.023.- CEUTA-1, CEUTA-2 , CEUTA-3, CEUTA-4, 

2.023.- PARA BEA

2.023.- NATIVITAS

2.023.- ILIBERIS, LA ABADIA DEL MONTE SACRO, GRANADA EN VERDE CAMPO, GRANADA CATEDRAL Y CAPILLA REAL

2.024.- SICILIA: Palermo-1, Palermo 2 y Monreale, Erice y Segesta, Agrigento y Casale Siracusa y Noto, Etna y Taormina,Messina y Cefalu Sicilia albúm video

2.025.- Quince años de peregrinos agustinos Ceuta ALBUM VIDEO quince años video

2.025.- VIETNAM Y CAMBOYA: Hanoi city, Ha Long, Hué, video fotos Ha Long, Hué, Hoi An, Angkor, Templos y Aldeas 

2.025.- UN AGUSTINO PAPA

2.025.- LA RIOJA DE MANILVA A ALMAGRO, ALMAGRO-CONSUEGRA-HARO, EN YUSO, HARO Y VITORIA, LOGROÑO, LAGUARDIA Y EL CIEGO, BURGOS Y AVILA DE VUELTA, VIDEO VIAJE A LA RIOJA

2.026.- SELVA NEGRA : llegada a Heidelberg, Heidelberg, Baden Baden, Gutach, Estrasburgo, Colmar Triberg Friburgo de Brisgovia Lago Titisee Frankfurt VIDEO SELVA NEGRA

2026.- Normalidad caballa, por 5000 y continuamos, sin novedad en la normalidad, una historia bien contada, un mantra y un montón de preguntas, mas que ayer pero menos que mañana, lo que todos deberíamos saber sobre el Sahara, el Manifiesto de Cecilia 02/09/26, Ceuta blanco y negro

2026.- VIAJE A CANTABRIA: Zafra, León, Arriondas y Ribadesella, Cabrales y San Vicente, Santander-1 , Santander-2

miércoles, 14 de octubre de 2026

Santander 22.09.26 mañana

Dormí como si estuviera anestesiada, me desperté tarde y todavía con sueño, pero había que levantarse, teníamos freetour para conocer la capital cántabra y quedaba alguna tarea por delante: desayunar y llegar a la oficina de información y turismo en el paseo de Pereda, donde comenzaba la visita. Para ir abreviando, le pedí a doña Dolores y Cía. que fueran buscando garito para alimentarnos mientras las marmotas nos espabilábamos y acabábamos el aseo matutino.

Un wasap sonó, era la ubicación solicitada, decía que estaban dos calles más allá del hotel. Allá fuimos y nos perdimos, hasta que después de algunas vueltas, dimos con la tecla. El Bunker, se llamaba el dichoso local plantado en una plazoleta mirando al puerto pesquero.

Completamos el primer paseo mañanero mientras disfrutábamos de las vistas de una de las bahías mas bonitas de España y llegamos a tiempo, antes incluso que la guía. Como la oficina de turismo ya  estaba abierta, entré a preguntar lo que no teníamos que perdernos. Una señora muy amable nos informó de todo y además nos dijo que hoy celebraban el día de la movilidad reducida y que los autobuses urbanos eran gratis, que había que pasar la tarjeta pero que no te lo cobraban, como así fue. Lo aprovechamos bien.

Llegó la que iba a ser nuestra cicerone, una chica bajita de voz aguda, en pantalón corto y gorro jardinero. Tenía una pinta un tanto extraña. Tras conformar su grupo, nos dio la bienvenida y comenzó a relatarnos la historia de la ciudad, con tantos datos y detalles que me plantee cuanto tiempo iba a ser capaz de aguantar aquella batería de información, no fue mucho, a los 10 minutos tenía la cabeza como un bombo, desconecté y que me dediqué a observar el entorno.


Y el entorno era una preciosidad. Detrás nuestro, eledificio Botín con sus formas curvadas enmarcado por una bahía azul, inmensa por la que navegaban barcos bajo un sol cada vez más presente. Nuestra cicerone nos invita a mirar hacia nuestra izquierda, vemos la plaza de Alfonso XIII y en frente, una línea de grandes edificios entre los que destacar el del antiguo banco de Santander, al que le atraviesa una calle por medio.

El banco, fundado en 1857 bajo reinado de Isabel II, adquirió uno de los inmuebles situado a uno de los lados de la calle que antes había sido hotel y hasta club de regatas, pero con el desarrollo la ciudad creció mucho en comercios y finanzas, los clientes se multiplicaron y necesitaron ampliar oficinas,  decidiendo comprar el edificio del otro lado de la calle.


Para armonizar todo aquello y que estuviera a la altura el elegante paseo de Pereda encargó una gran transformación al arquitecto Javier González de Riancho, que también había participado en el diseño del Palacio de la Magdalena. La calle que comunicaba el paseo marítimo con el interior de la ciudad quedó de forma ingeniosa salvada por un gran arco y ambos edificios comunicados por la parte superior.


Las figuras femeninas de piedra situadas sobre el arco representan cuatro actividades fundamentales para la historia y el desarrollo de Santander: la navegación, vinculada a su tradición marinera; el comercio, fuente de riqueza del puerto durante siglos; la cultura y las artes. El conjunto se complementa con el escudo de Santander en el centro de la fachada.

Este escudo que también aparece en la bandera de la ciudad suele llamar mucho la atención por un motivo: contiene la Torre del Oro de Sevilla. Todo tiene una explicación y la suya una emocionante historia: en 1248, los marinos de Santander participaron en la conquista de Sevilla bajo el mando de Fernando III de Castilla, el rey santo. Aquellas embarcaciones fueron fundamentales para romper las defensas fluviales de la capital almohade. Por eso la Torre del Oro, el río Guadalquivir , el barco y las cadenas que impedían el acceso fluvial están presentes en el escudo, además de la  cabezas de los santos patronos.

Este gran edificio desde septiembre de 2026 tiene una nueva vida como museo y espacio cultural, bajo el nombre de Faro Santander fue inaugurado hace unos días por el rey Felipe VI.


Nos movimos hacia la plaza de Alfonso XIII. Había por allí unos obreros montando carpas blancas tipo mercadillo. Ocultaban a nuestra vista el monumento al incendio de Santander que destruyó prácticamente toda la ciudad medieval. La guía aprovechó para contarnos las dos tragedias acontecidas en la capital cántabra, la explosión del Cabo Machichaco a finales del s. XIX y el gran incendio de 1941, recién acabada la fatídica Guerra Civil.

La primera aconteció el 3 de noviembre de 1893, el Cabo Machichaco era un barco mercante de vapor dedicado al transporte de mercancías. Aquel día en sus bodegas había 1.700 cajas de explosivos, junto con ácido sulfúrico y unas 1.000 toneladas de material siderúrgico. Con ese cargamento estaba prohibido entrar al muelle comercial, sin embargo, el barco atracó en el muelle, en pleno frente urbano de Santander. Hacia las dos de la tarde comenzó a salir humo de una de las bodegas de proa, el fuego comenzó a extenderse, llegaron los equipos de extinción, las autoridades marítimas y diversos representantes de la ciudad. Vecinos y curiosos se acercaron a contemplar aquello. Durante casi tres horas, una multitud permaneció junto a un barco sin que a nadie se le ocurriera despejar el muelle ni tomar alguna medida de seguridad. 


Sobre las cuatro y cuarenta y cinco de la tarde, el fuego alcanzó la carga explosiva. La proa del barco saltó por los aires, la detonación fue tan violenta que produjo una onda expansiva tan gigantesca que arrasó buena parte de los alrededores del muelle. El hierro del barco se convirtió en metralla. Los fragmentos metálicos atravesaron edificios, tejados y fachadas y alcanzaron a personas situadas a gran distancia del barco además de todos aquellos que se encontraban cerca.  Muchas casas quedaron destruidas o gravemente dañadas. Restos del navío se encontraron a kilómetros del muelle. Las cifras: 590 muertos, más de 2000 heridos y todo el barrio portuario destruido. Pero la cosa no acabó ahí, una parte de la popa del barco quedó hundida en el puerto con 463 cajas de dinamita que no habían explotado, se organizó una operación de recuperación con buzos y grúas con la mala suerte que se produjo una segunda explosión. Murieron otras 15 personas y varias resultaron heridas. Finalmente, la Armada destruyó de forma controlada los restos del barco.

El desastre mostró las consecuencias de incumplir las normas de seguridad y no evacuar a la población durante una emergencia. La catástrofe impulsó una mayor atención a la regulación del transporte de mercancías peligrosas y a los protocolos de seguridad portuaria.

Menos de cincuenta años después aconteció el gran incendio de 1941, llamado popularmente como «El Andaluz» porque comenzó en la calle Cádiz y se detuvo cerca de la calle Sevilla. Fueron dos desastres diferentes que transformaron profundamente el centro de la ciudad.

La noche del 15 al 16 de febrero de 1941, en medio de un temporal terrible, Santander vivió una de las mayores catástrofes urbanas de la historia de España. En menos de 48 horas, un incendio gigantesco destruyó buena parte de su casco antiguo, acabó con 700 años de arquitectura, desapareció la ciudad medieval y dejó a unas 10.000 personas sin hogar. Lo sorprendente fue que hubo una sola víctima mortal: un bombero madrileño que participó en las labores de extinción. Pero la destrucción material fue enorme.

Aquella noche coincidieron prácticamente todas las circunstancias que podían convertir un pequeño fuego en una catástrofe: casas de madera, calles muy estrechas y viento huracanado.  

El origen del fuego se sitúa tradicionalmente en el número 20 de la calle Cádiz, muy cerca de la Catedral y de los antiguos muelles.  Se empezó a extender entre las construcciones próximas empujado por el temporal con vientos de 140km/h que levantaba materiales encendidos, transportaba pavesas y favorecía que las llamas saltaran de un tejado a otro. En cuestión de horas, el incendio había dejado de ser un problema localizado para convertirse en una amenaza para todo el centro urbano.

Llegaron equipos de ayuda desde Madrid, Bilbao, san Sebastián, Burgos, Palencia y Asturias. Los bomberos recurrieron a demoliciones para frenar las llamas. En determinados lugares se utilizaron explosivos para derribar estructuras y crear cortafuegos, una medida extraordinaria ante un incendio que avanzaba impulsado por vientos muy intensos. Las brasas siguieron activas mucho tiempo. Aunque el gran avance del incendio fue contenido en menos de dos días, los rescoldos y las labores de extinción continuaron posteriormente.

La Catedral de Santander fue uno de los edificios históricos más importantes afectados por el incendio. Situada sobre el antiguo cerro de Somorrostro, dominaba el núcleo medieval de la ciudad. El fuego alcanzó el conjunto catedralicio y destruyó buena parte de la iglesia superior, especialmente sus cubiertas y elementos interiores. La iglesia inferior del Santísimo Cristo conservó gran parte de su estructura, mientras que la superior tuvo que ser sometida a una importante restauración y reconstrucción durante los años posteriores.


Una vez extinguido el fuego, comenzó otro desafío: reconstruir el centro de una ciudad que acababa de perder parte de sus edificios más representativos. Pero no se decidió levantar exactamente lo que había antes. Se diseñó un nuevo centro urbano, con avenidas más amplias, manzanas regulares, edificios de mayor tamaño y grandes espacios públicos que es lo que conocemos hoy.

La reconstrucción tuvo asimismo consecuencias sociales: numerosas familias de rentas modestas que habían vivido en el centro fueron realojadas en otros barrios, mientras el área reconstruida se orientó en gran medida hacia el comercio, las oficinas y las viviendas de mayor categoría. Por eso el incendio no solamente cambió la arquitectura, sino también la distribución de la población de Santander.


Nos situamos ahora frente al edificio de Correos en la plaza Alfonso XIII. Hace poco mas de 150 años, este espacio por el que paseamos era agua, estamos sobre terrenos ganados al mar. En el centro del recinto, un busto del monarca que pasaba los veranos en la Magdalena, la localidad adquirió de este modo un estatus social de los mas distinguidos de España atrayendo a aristócratas y grandes fortunas lo que se tradujo en la construcción de grandes hoteles, villas, palacetes y el casino, esplendor del que aun hoy disfruta.

edificio de Correos y Telégrafos

Esta plaza, conocida popularmente como la de las Farolas, reúne dos edificios monumentales que sobrevivieron al gran incendio de 1941: el Banco de España y el magnífico edificio de Correos y Telégrafos. 

Al antiguo Palacio de Comunicaciones lo describen como de estilo “regional montañés” por su robustez y monumentalidad. Las torres poligonales, los muros de sillería, los aleros del tejado, los arcos de medio punto de ventanas y puertas, dan al edificio un aire señorial. Especial atención merecen el reloj de la fachada y los leones de bronce de los buzones, como los de muchas sedes de Correos. La guía nos invita a conocerlo por dentro, dice que tiene un vestíbulo interior iluminado por una vidriera modernista que merece la pena.

A la izquierda, oculto por vallas de "no pasar, obras" se levanta la antigua sede del banco de España, un palacete que data del reinado de Alfonso XIII que descansa sobre las antiguas ruinas de una fortaleza que defendía el puerto de Santander, el castillo de San Felipe. 

Nos volvemos ahora a la derecha, hacia la estatua del capitán Velarde héroe en las guerras Napoleónicas. Está situada en el paseo de Pereda un poco mas allá de donde estamos parados. Su monumento abre la emblemática plaza Porticada llamada así popularmente, aunque lleva el nombre de Pedro Velarde, construida en el renacer de la ciudad tras el incendio que asoló la ciudad.

Pedro Velarde era cántabro y protagonizó el levantamiento popular del 2 de mayo de 1808 en Madrid contra las tropas napoleónicas el general Murat junto a al también capitán Luis Daóiz y al teniente Jacinto Ruiz. Ese día, cuando se intentaba trasladar a los últimos miembros de la familia real fuera de España, estalló una revuelta popular contra los franceses. En el Parque de Artillería de Monteleón, los capitanes Daoiz y Velarde decidieron unirse a los ciudadanos sublevados, abrieron el arsenal, organizaron la defensa y utilizaron cañones para hacer frente a las tropas francesas. Resistieron junto a militares y civiles varias horas hasta que llegaron los refuerzos franceses. Los capitanes murieron aquel aciago día, mientras que el teniente JacintoRuiz, aunque herido, sobrevivió y los civiles lo evacuaron. Fue ascendido, se incorporó al frente en Extremadura sin recuperarse de sus heridas por lo que poco menos de un año más tarde, murió sin cumplir los 30. 


Esta historia me la se bien porque Jacinto Ruiz era ceutí de nacimiento y bautizado en mi parroquia de los Remedios. Un busto suyo adorna la céntrica plaza que lleva su nombre y todos los 2 de mayo desde 1892 le rendimos honores en Ceuta.

Avanzamos unos pasos, justo nos movimos hacia la plaza delas Atarazanas, detrás del edificio de correos, para contemplar la catedral de Santander. La guía se situó junto a un panel informativo sobre una rebelión que sufrió Santander en el medievo cuando el rey Enrique IV cedió la villa a D. Diego Hurtado de Mendoza, marqués de Santillana. A los santanderinos esto no les hizo ninguna gracia y la liaron. En esta plaza que antiguamente era un puente de unión entre la Puebla Nueva y la Vieja, a los pies de la catedral se enfrentaron los del pueblo con las tropas del marqués y les ganaron. Enrique IV dio marcha atrás en su decisión y nombró a la villa “muy noble y muy leal” títulos que aún conservan.


La plaza se llama de las Atarazanas porque antiguamente se situaban aquí los astilleros, debemos tener en cuenta que el agua llegaba hasta aquí por una ría representada hoy en el pequeño estanque que vemos junto a la acera. En el centro, un monumento dedicado a la Ascensión de la Virgen, advocación de la catedral que es el edificio dominante en la plaza, y al fondo la catedral y la iglesia inferior del Santísimo Cristo, porque el edificio de piedra que vemos son dos iglesias medievales construidas sobre un asentamiento romano. Mas de 2000 años de historia en un mismo sitio.

Aquí decidimos separarnos del grupo. Fui al baño en el café que estaba en la plaza y cuando salí ya no estaban por lo que me despreocupé y nos fuimos a visitar la iglesia y la catedral.


Entrando en la iglesia inferior a la izquierda te topas con las ruinas romanas bajo un pavimento acristalado. Las bóvedas se sustentan sobre columnas bajitas, casi entran ganas de agachar la cabeza. La iglesia inferior fue construida, entre otros motivos, para custodiar las reliquias en urna de plata de dos mártires cristianos: San Emeterio y San Celedonio, ambos eran soldados romanos ejecutados en Calahorra por su fe cristiana, durante las persecuciones del Imperio. 


La leyenda cuenta que sus cabezas llegaron milagrosamente a Santander en una embarcación de piedra. De hecho, una de las explicaciones etimológicas más aceptadas es que el nombre Santander procede de la evolución de la expresión latina Sancti Emeterii, es decir, San Emeterio.


Continuamos nuestra visita subiendo las escaleras y cruzando el arco de la torre campanario que forma parte de este conjunto histórico. Llegamos a la puerta de la iglesia superior levantada en el s.XIII sobre la del Santo Cristo. No nos dejan entrar, está acabando la misa en la catedral de Santander, quedan unos 5 minutos que debemos esperar. De mientras, estiro el cuello como una tortuga y veo que la entrada da acceso directo al claustro. Lo poco que distingo me gusta, es un bonito claustro medieval seguramente con mas de 700 años.

La chica nos avisa, podemos acceder, hay que pagar 2€ por barba. La verdad es que pagar en estos recintos no me cuesta nada, son patrimonio de nuestra historia, de nuestras costumbres, de nuestras creencias y siempre, siempre se aprende algo.

Descubrimos un patio ajardinado rodeado de cuatro galerías cubiertas de piedra. No es totalmente cuadrado, imagino que la planta trapezoidal se debe a su adaptación al terreno del cerro donde se encuentra asentada la catedral. Leo en alguna parte que este jardín era el cementerio de la antigua iglesia y anteriormente tuvo naranjos.

Sus arcos apuntados, sus columnas, los contrafuertes, las bóvedas de crucería con sus nervios de piedra nos hablan de un gótico de estilo cisterciense sencillo, sin grandes aspiraciones, elegante sin la ornamentación exuberante de otras catedrales españolas.

Vamos recorriendo las galerías descubriendo antiguos sepulcros y relieves funerarios de época bajomedieval, algunos están situados junto a los muros. Voy leyendo los paneles informativos, cuentan que este claustro no tenía una mera función religiosa, también se celebraban reuniones del gobierno municipal, sobre todo en la antigua sala capitular.


Llegamos a la puerta de acceso a la iglesia catedral que no tiene nada que ver con la iglesia inferior. Lo primero que llama la atención es la altura de sus bóvedas y la sensación de amplitud. Gótico puro: tres naves, la central más alta, arcos apuntados, más bóvedas de crucería y grandes pilares.

El retablo dorado que preside el altar si es barroco, churrigueresco me parece, la abundancia de detalles ornamentales y las esculturas religiosas contrastan muy mucho con la sobriedad del espacio gótico que lo rodea. Se lo trajeron de un pueblo de Valladolid pues la catedral perdió todo su mobiliario en el nefasto incendio. El cimborrio que se alza sobre el retablo y la girola si que pertenecen a la reconstrucción realizada tras el incendio que dejó la iglesia superior muy tocada.

En las capillas laterales también se nota el ornamentado estilo dorado menos en la del sepulcro de D. Marcelino Menéndez Pelayo. Santanderino de nacimiento y figura importante en las humanidades hispánicas.

Me ha encantado este templo a pesar de ser pequeñito, con tantas singularidades, sus dos iglesias, sus cicatrices presentes en los muros que dejan leer ese tiempo que le ha pasado por lo alto, dos mil años de historia escritos en piedra. 

Nos vamos, seguimos explorando Santander, aprovechamos que los buses son gratis para desplazarnos a la Magdalena, zona de veraneo de reyes y princesas.

 FOTOS SANTANDER 

sábado, 10 de octubre de 2026

Cabrales, San Vicente de la Barquera, las Secuoyas y Santander 21.09.26

 Lunes 21 de septiembre de 2.026. En el cuaderno de bitácora teníamos apuntados un par de lugares bastantes interesantes antes de abandonar Asturias: el mirador del pozo de la oración y arenas de Cabrales, el pueblecito del queso delicioso y pestoso a la vez.

Salimos temprano con la idea de desayunar en ruta. Tomamos la autovía y unos minutos mas tarde paramos en la cafetería de una gasolinera donde me zampé un bocata de tortilla con setas que estaba de lujo. Los demás me miraban con cara sorprendida, hacía mucho tiempo que no me veían comer con las ganas que lo estaba haciendo últimamente, y sin subir un gramo, que es lo mejor.


Continuamos adentrándonos en la montaña asturiana por una carretera amplia, magníficamente asfaltada y maravillosas vistas hasta llegar al mirador del Pozo de la Oración, una explanada a la derecha de la carretera en la que detenerse unos minutos a contemplar el paisaje: primero los verdes prados asturianos del concejo de Cabrales, bosques, laderas y al fondo, sobresaliendo casi de manera vertical, aparece el Picu Urriellu con sus 2519 metros de altitud. El naranjo de Bulnes no es la cumbre más alta de los Picos de Europa, pero si la que más impresiona por su enorme pared vertical, es una enorme torre de roca aislada en mitad del paisaje. A su cima no se puede llegar andando, hay que escalar, por eso durante años fue un desafío para el alpinismo español e internacional.

Estuvimos un buen rato disfrutando del sol y de las vistas. Recuerdo que le pedí a mi marido que me hiciera una foto con el Picu al fondo y cuando la vi dije ¿y donde está el Picu? ¿Dónde apuntaste? Cosas de hombres!

Un hombre mayor aparcado en un extremo de la explanada vendía hórreos. Desde el mostrador del que era el maletero abierto en su coche pudimos ver muchos, de distintos tamaños y diseños. Estuve mirándolos un buen rato, eran muy bonitos, rústicos, se notaba que los había fabricado él con sus manos y materiales muy básicos: cartón, papel madera y pegamento. No les faltaba detalle. Le compré uno pequeñito para exponerlo en mi vitrina viajera a la que ya casi no le cabe nada. Hasta la cajita de cartón que me dio para guardarlo había fabricado él.


Luego nos entretuvimos un rato tirando fotos desde todos los ángulos al Naranjo de Bulnes, incluido el ojo de cerradura de la estructura de piedra por la que si te asomas, ves centrado el Picu. Es como si esa montaña constituyera la llave de Cabrales.

Es hora de poner rumbo a Las Arenas de Cabrales, un pequeño pueblo donde nació el famoso queso asturiano.

Dejamos el coche en un parking céntrico al lado de un pequeño río y nos dispusimos a patear la calle principal mientras buscábamos alguna tienda de comestibles a ver si conseguíamos llevarnos un trocito de queso. Encontramos varias, el pueblo es muy pequeñito pero también es la puerta de entrada a todas las rutas que llevan al Picu y por tanto pasan por aquí muchos senderistas, alpinistas y turistas. Además, aquí está la cueva del queso de cabrales donde te explican como se madura para que esté tan riquísimo por lo que nos cruzamos con muchísima gente.


Nada mas cruzar el puente todo eran casas de piedra asturianas con carteles de hoteles, pensiones hostales o tiendas de productos típicos. La primera en la que entramos “el Rinconín” tenia de todo además de muy buena pinta. Compramos muchas cosas, bueno, Mariloli porque yo me llevé solo dos latas de cebollas rellenas que aún no he catado, las tengo guardadas como oro en paño. Echamos un rato charlando con el dueño, un señor muy agradable que nos aconsejó sobre conservas, quesos y vinos. Salió el tema de Ceuta, claro, en el momento en que te preguntan por tu procedencia debes saber lo que viene luego. Es generalizado, todo el mundo empatiza con los ceutíes.


Seguimos explorando la calle principal hasta que dimos con la “cueva de los quesos” otro local donde vendían además de quesos y sidra un montón de antigüedades. Me quedé encantada con algunas piezas que tenía aquella señora en sus estanterías, había verdaderas delicias de cerámica muy antiguas entre teléfonos de baquelita negra y herramientas pasiegas oxidadas. También pegué la hebra con la dueña por lo menos otros 10 minutos y hasta salió la figura de Don Pelayo, expresando nuestro deseo que levantara la cabeza y liderara una nueva “reconquista” esta vez en el Norte del Sur.


Fuimos a conocer las casas de piedra más antiguas del pueblo, algunas restauradas, otras abandonadas y volvimos para reanudar la ruta. Si algo claro saqué de aquella visita es que el Concejo de Cabrales es un territorio de pastores, cuevas, desfiladeros y pueblos encajados entre enormes paredes de caliza que forman parte de los Picos de Europa.


Nuestra siguiente parada ya era en Cantabria, el famoso pueblo de San Vicente de la Barquera. Los que hace ya 25 años nos enganchamos  a OT sabrán porqué lo digo, no se le caía de la boca a Bustamante el nombre de su pueblo, uno de esos lugares donde se entiende perfectamente aún a día de hoy, cómo el mar, la religión, el comercio y las montañas han marcado durante siglos la historia del norte de España.

Dejamos el coche en el aparcamiento de pago de la Barquera porque el parking del paseo marítimo estaba a reventar, dimos dos vueltas por lo menos y nada. De allí nos dirigimos andando al centro, cruzando el puente el de la Barquera. Desde aquí se veía perfectamente el mar a un lado, el puente antiguo de la Mata, el pueblo con su castillo y la iglesia en lo alto de la colina y detrás, los Picos de Europa. Una estampa espectacular.


San Vicente no pasaba de ser una modesta villa marinera hasta que en 1210 Alfonso VIII de Castilla le concedió un fuero especial junto a Santander, castro Urdiales y Laredo, las Cuatro Villas de la Costa de la Mar, que permitió impulsar su comercio, desarrollar el puerto y fortalecer su autonomía municipal. Como curiosidad: sus bravos marineros participaron tanto en las campañas castellanas del s.XIII para conquistar Sevilla como en expediciones a Terranova para la pesca del bacalao en sus caladeros.

En nuestro camino, nos topamos con un letrero que nos daba la bienvenida a la Puebla Vieja, el casco medieval de la villa y kilómetro cero del Camino Lebaniego, ruta que une el mar Cantábrico con el monasterio de Santo Toribio de Liébana, en Potes, quizás lo más importante a nivel cultural e histórico del pueblo.


Decidimos subir la empinada cuesta de la colina para explorarla, unas increíbles postales se contemplaban desde aquella subida, detrás nuestra, el mar, a nuestros pies la ciudad moderna, detrás las cumbres y frente a nosotros, la puerta de acceso a la ciudad medieval. El castillo del Rey te lo encuentras junto a la primera puerta, enarbolando la bandera española, un poco mas arriba nos topamos con la casa cuartel de la Benemérita, los juzgados y un edificio histórico con un montón de escudos en su fachada, es el palacio de la familia Corro, actualmente casa consistorial de la villa, antigua morada del inquisidor Antonio Corro, cuya tumba se encuentra en la cercana iglesia de santa María de los Ángeles, situada en la cima de la colina. 


 En nuestra errabunda ascensión llegamos a los pies una robusta torre de piedra nos indica que hemos llegado al lugar donde se recaudaban los impuestos, la torre del Preboste. En el cartel explicativo leemos que también se utilizó como prisión.


Acabamos nuestra visita a la Puebla Vieja junto a la joya de la corona, la iglesia de Santa María de los Ángeles, un bellezón medieval desde el que se pueden contemplar vistas inmejorables del pueblo. Comenzada a construir en el s.XIII, forma parte del Camino de Santiago del Norte y por tanto es Patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO.


Durante la Edad Media, miles de peregrinos recorrían la costa cantábrica siguiendo el Camino del Norte, San Vicente constituía una parada en esta ruta debido al puerto, su situación geográfica y porque contaba con hospitales de acogida, de hecho, junto a la iglesia, se aprecian las ruinas del hospital de la Concepción, allí recibían asistencia y alojamiento los peregrinos que atravesaban la villa. Algunos de estos viajeros antes de continuar a Santiago, justo en Muñorrodero, desviaban sus pasos hacia el interior de Cantabria para visitar un monasterio que custodiaba una reliquia extraordinaria, un fragmento de la Santa Cruz. Así nació y se consolidó el Camino Lebaniego como ramal de la peregrinación hacia Santiago por el camino de Norte. A los peregrinos que se dirigen a venerar esta Lignum Crucis se les conoce como “crucenos o cruceros”.


Y como el hambre apretaba buscamos rincón para comer. “El Recreo” fue elegido, llegamos hasta pronto, la mesa nos estaba esperando y la camarera nos atendió estupendamente. Pedimos ensaladilla barquereña que llevaba unas sardinillas típicas de allí que se llaman “lanzón”, rabas riquísimas, y unas albóndigas de pescado que estaban de rechupete. También cayeron unas anchoítas del Cantábrico como no podía ser de otra manera.


Después de comer pusimos rumbo a Santander, queríamos descansar un rato pero antes, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, nos pasamos por el Bosque de Secuoyas de Cabezón de la Sal.

El navegador nos llevó hasta uno de los aparcamientos que esta aproximadamente a 500 metros de la pasarela. Fuimos caminando con pocas ganas, creo que a todos nos apetecía echarnos una siesta, el calorcillo, el susurro del bosque, la luz atenuada por los árboles…


Conforme avanzas por las pasarelas, comienzan a desaparecer las hayas, eucaliptos y abetos dando paso a otros árboles mucho más grandes, más altos, enormes, diría yo, de troncos rectos y gruesos: las secuoyas. Parece que estés en un escenario de película. Están plantadas bastante juntas, las copas forman una cubierta vegetal altísima, como la de una catedral. El tronco presenta un color rojizo oscuro muy bonito, la corteza parece esponjosa y fibrosa a la vez. Son preciosas, dan ganas de abrazarse a ellas aunque no se debe tocarlas. Las luces y sombras que se cuelan entre las hojas, ramas y troncos hasta donde estamos, hacen el lugar mágico.

 España no es un lugar donde crezcan de forma autóctona las secuoyas, no llegaron aquí de forma casual, ni se plantaron para crear un bosque turístico. Su existencia se debe a una decisión económica tomada durante la dictadura franquista. No todo iba a ser malo. Y lo mas gracioso, si aquella decisión hubiera sido un éxito, hoy no estaríamos paseando entre estos gigantes.


El régimen autocrático impuesto por Franco recién acaba la Guerra Civil consistía en reducir al mínimo las importaciones intentando producir en el país todo lo necesario. Necesitábamos madera para la construcción, la industria y el papel por lo que se decidió experimentar con una especie de árbol procedente de la costa occidental de Estados Unidos: la secuoya roja de California. Cantabria reunía condiciones parecidas a las que estas secuoyas encuentran en su hábitat natural: temperaturas moderadas, abundantes precipitaciones y mucha humedad. La finalidad de aquella plantación era económica, no paisajística. Se buscaba comprobar si estos árboles podían proporcionar madera de forma rentable. Sin embargo, con el paso de los años, otras especies como el eucalipto resultaron más interesantes para la industria papelera. El proyecto de aprovechamiento de las secuoyas perdió interés y los árboles permanecieron en el monte.


Hasta que en 2003 el gobierno de Cantabria declaró el bosque Monumento natural, aquellos árboles que habían sido plantados para cortarlos terminaron siendo protegidos para que nadie los cortara.

Hay 848 secuoyas que tienen exactamente 80 años. Muchas alcanzan los 40 metros, incluso 50 metros de altura. Y aunque parezcan viejas, son muy jóvenes. Estas plantas pueden alcanzar los 2000 años de edad y alturas de 100 metros.

Nos vamos ya para Santander, tenemos reservado para las siguientes tres noches el hotel Náutico un poquito alejado del cogollo pero con buenas referencias, además podemos guardar el coche aunque no tiene cargador. Nos paramos antes de llegar, en el de Reocín cerca de Santillana del Mar, localidad que visitaremos otro día. Mientras Tesla come, nos vamos a la cafetería a tomar algo. Faustino se queda con Mariloli pidiendo los cafés y Jose y yo bajamos a la tienda a por chocolate. Somos los tontos del chocolate, mas si es negro. Lo único que encontramos que calme nuestra ansia es una barra de toblerone grande de chocolate negro. 7 eurazos del ala nos cobran por la tableta. Muerta me quedo. Una media hora esperamos hasta que el coche avisó que estaba listo para continuar camino con las pilas a tope. Quedaban pocos kilómetros para destino.


El hotel es una monada, todo decorado en ambiente marinero, colores azules y blancos, rallas náuticas, detalles que huelen a mar. Está situado en el barrio pesquero muy cerca del puerto pesquero y de la estación de trenes aunque a unos 20 minutos andando de Puerto Chico o de la catedral. El aparcamiento era plaza al aire libre algo justa, tan justa que un par de veces Jose se tuvo que bajar de Tesla y aparcarlo desde el móvil. Increíble pero cierto, dentro de nada los coches vuelan.

Descansamos un ratillo y nos fuimos a patear el centro de Santander. ¡Que ciudad más bonita! ¡Que elegante! ¡Que santanderinos tan bien vestidos! Nos encantó. Me había cambiado de ropa, llevaba puesta la camiseta blanca y negra del Ceuta, me quedaba enorme (es de mi hijo) pero me sentía superbién con esos colores. La gente se me quedaba mirando, alguno incluso preguntaba, yo superorgullosa.


Caminamos por el paseo de Pereda, Subimos a las pasarelas del centro Botín, maravillosas las vistas desde allí arriba aunque a esas horas de la tarde ya hacía frio norteño. Continuamos por Puerto Chico  haciéndonos fotos con “los Raqueros” y acabamos cenando en Marucho, nos lo había recomendado María José, la hermana de Mariloli. La comida estaba rica y el marisco fresco pero las raciones eran escasas y algo caras. El local pequeñito, estaba llenísimo, las mesas dispuestas para los comensales con manteles de papel azul demasiado juntas unas de otras, casi que puedes mojar en el plato del de al lado. Las paredes repletas de retratos, Lola creyó reconocer a su hijo en una foto de aquellas y la verdad es que el chaval se parecía, pero no era. Una señora muy señoreada lo dirigía todo. Nos sirvieron un cuenco de sopa de ajo para abrir apetito, eso de regalo.


Después de cenar hubo helado y vagabundeo por las calles comerciales con escaparates de infarto super elegantes, ropa preciosa, alguna carísima ¡menos mal que todo estaba closed!  

Llegamos al hotel pasadas las 12 pm hora de descansar, al día siguiente tendríamos freetour por la bella capital cántabra.

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Fotos del 21.09.26