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martes, 3 de noviembre de 2026

Potes, Palencia, Mérida y regreso a Manilva Beach 09.26

Y volvíamos al Sur, a la ciudad invadida, a la rutina y al pan nuestro de cada día. Aquella mañana fuimos sin prisas, saliendo de Potes por una carretera de montaña preciosa que nos permitía despedirnos como Dios manda de la maravillosa Cantabria, de sus magníficas playas, sus costas quebradas, sus prados verdes, sus viejos faros y sus escarpadas paredes montañosas. 

La ruta discurre por el valle de Valdeprado uno de los paisajes mas verdes y tranquilos de la comarca de Liébana. La carretera va ascendiendo despacito mientras contemplamos robles, hayas, castaños y avellanos alternándose con pastizales y zonas de matorral de montaña. Conforme ascendemos la carretera se hace más sinuosa, las curvas se cierran cada vez más. A unos 30km de Potes llegamos al puerto de Piedrasluengas en el límite de Cantabria con Palencia.


A un lado de la carretera encontramos el mirador, a una altitud de 1.300 metros, una plataforma de madera protegida por una barandilla. Decidimos bajar del coche y hacer un pequeño descanso. Hay bastante público, muchos moteros. Es sábado, la montaña se llena de excursionistas. 


La primera impresión es espectacular: un inmenso escenario montañoso, con varias cadenas de cumbres superpuestas hasta perderse en la distancia. Es la muralla de roca grisácea de los Picos de Europa con sus crestas recortadas, paredes casi verticales y cumbres casi todo el año nevadas. 

A nuestros pies, valles y mas montañas cubiertas de vegetación. Laderas que bajan plegándose en colores verdes entre barrancos y cursos de agua. Es una magnífica despedida de Liébana que nos regala desde aquí una extraordinaria panorámica antes de adentrarnos en tierras castellanas.

Continuamos marcha, la montaña se abre dando paso a los extensos pastizales de la montaña palentina. pasamos San Salvador de Cantamuda y Cervera de Pisuerga, continuamos hacia el Sur, el paisaje sigue suavizándose, llegamos a la llanura de la meseta castellana, estamos a un paso de Palencia.


A nuestra derecha vemos en la lejanía sobre una colina la figura del Cristo del Otero, una escultura en piedra de un cristo que bendice con sus manos de palmas abiertas la ciudad que se extiende a sus pies. Parece dar la bienvenida a todo aquel que llega por la carretera.
Poco después estábamos aparcados en la estación de buses y yo dándole un enorme abrazo a mi amiga y compañera de peregrinaciones Mina, que vive a dos pasos de allí. Llegó como los Reyes Magos, cargadita de regalos, cajas varias de pastas de las dominicas y de otros conventos, tarros de miel del pueblo... y que rico está todo. Los pastelillos conventuales los cocinan manos divinas, nunca me cansaré de decirlo.
Nos fuimos a pasear la capital palentina. Dejo enlace a una de nuestras estancias anteriores en la "bella desconocida" por si queréis leerla un ratito a pie y otro andando: de Palencia y otras piedras.


Llegando la hora de la cervecita había que ir a nuestro sitio favorito "la Mejillonera" en la calle Soldados a por las mejores "papas bravas" del mundo mundial. En el cruce de la calle Mayor con la calle Soldados existe una escultura homenaje al creador del Cristo del Otero, Victorio Macho, decidimos hacernos aquí la foto con nuestra bandera de Ceuta. Cuando demos por finalizada la INVASION de Ceuta si es que algún día acaba, ya vamos por 95 días, haremos un video con los lugares del mundo donde los caballas nos hemos hecho fotos con nuestra bandera en este tiempo. Va a ser un vídeo muy largo.

Jose Luis, el marido de Mina nos estaba esperando en el restaurante Maño. Teníamos antojo de comer lechazo y se empeñaron en invitarnos. Como siempre, el lechazo en estas tierras no defraudó. En mi modesta opinión, los mejores lugares de España para degustar este exquisito manjar es en las provincias de Burgos y Palencia, aunque también en Valladolid. Nunca olvidaré los pinchos de lechazo en el Laurel de Baco en Traspinedo. 
Comimos como reyes, Mina confesó que nunca había almorzado en este restaurante pero se lo recomendaron unos amigos y desde luego acertaron. El salón está en un semisótano y no es muy grande aunque suficiente. Los de la mesa de al lado que estaban de cumpleaños ocupaban media estancia y con todo y con eso, la encargada nos atendió muy bien. Otro sitio para marcar en favoritos.

Llegó la hora de despedirse, con pena, porque siempre me he encontrado en Palencia como en mi casa. Me gusta muchísimo esta ciudad tan tranquila, tan llena de historia, sin grandes edificios monumentales pero con una catedral que vale un potosí, un mercado espectacular y un precioso puente romano. Y mas me gusta aún la provincia, repleta de rincones románicos y romanos espectaculares. Quedaban aún un montón de kilómetros para llegar a Mérida y había que parar para alimentar a Tesla por el camino, en Béjar.

Y llegamos ya anochecido. La reserva en el hotel Nova Roma en pleno centro no incluía parking, nos recomendaron uno cercano pero nada, la ciudad estaba a rebosar de visitantes. Tres parking después conseguimos plaza en el de la estación de tren, algo alejado del centro pero bueno, no hubo opción y aunque tenían cargadores para Tesla, estaban desconectados, como si les hubiesen robado los cables. 


Volvimos al centro paseando, disfrutando del ambiente festivo del fin de semana, buscando algún lugar para tomar algo, todo estaba a tope, terrazas imposible, interiores hasta la bandera y la calle de caminantes que en algunos sitios había que pedir permiso para pasar. Aterrizamos en un VIPs, que no suelen ser mi opción favorita, aunque total, para cenar después del banquete de mediodía cualquier cosa valía. Tardaron un montón en servirnos lo poco que pedimos, aquello también estaba hasta arriba de gente. Picamos algo y nos fuimos a por un helado a la plaza del templo de Diana. Caminamos viendo el foro, la alcazaba, el maravilloso puente romano y volvimos por la plaza del templo camino del hotel.


Mérida nocturna tiene más encanto si cabe que con la luz del sol. Además, no hace tanto calor. Recuerdo cuando vinimos en junio del 17 que fue casi insoportable esa mañana en el teatro romano, andábamos todo el rato buscando la sombra y sudando la gota gorda. Esta vez no hizo falta ni la botellita de agua.

Es una ciudad maravillosa, sobre todo si eres amante del Imperio Romano y para mi, desde luego, es uno de los periodos de la historia que más me fascina. Posee una riqueza arqueológica inmensa que merece la pena explorar, el pasado y el presente se funden de manera sin igual recorriendo sus calles y plazas. Este conjunto arqueológico fue declarado por la UNESCO Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1993.

Su historia comenzó hace más de 2000 años, cuando los romanos fundaron aquí, junto al Guadiana, una ciudad destinada a convertirse en uno de los principales centros políticos y administrativos de Hispania,  Augusta Emerita. Los soldados licenciados, veteranos de las tropas de Augusto fueron sus primeros pobladores. Poco después se convertiría en la capital de la provincia romana Lusitana que se extendía desde Portugal hasta buena parte del Oeste español. Actualmente es la capital de la comunidad autónoma de Extremadura.

 Por la mañana temprano, nos fuimos a desayunar a la cafetería Atenea que está frente a la entrada del teatro y el anfiteatro romano, a dos pasos del hotel, para acto seguido conocer, al menos, estas maravillas que Mariloli y Jose no habían visitado en su anterior paso por la capital emeritense. 


Empezamos por el teatro, yo me hice un lío en la entrada y casi me voy a la salida, pues no recordaba que se entraba junto a las taquillas. Ya comenzaba aquello a llenarse de turistas y eso que era temprano, normal, el teatro romano de Mérida es uno de los monumentos más extraordinarios que nos ha legado la civilización romana. A pesar de sus 2.000 años, continúa siendo un escenario vivo, capaz de reunir a cientos de espectadores, o miles frente a las mismas columnas que contemplaron los habitantes de Augusta Emerita entonces. El escenario además de su excelente estado de conservación posee una armonía y elegancia en la arquitectura de su fachada escénica que embruja, parece que el tiempo se detiene cuando estás aquí.

Se lo debemos a Marco Agripa, yerno del emperador Augusto, uno de los hombres mas importantes de su ejercito, que quiso dotar a la nueva capital de Lusitania de un teatro digno de su importancia política y administrativa. Si queréis saber más sobre la vida de este gran general romano la serie de TV "Domina" en Movistar la muestra bastante. La narración trata sobre la vida de Livia Drusila, la esposa de Augusto, Agripa fue amigo y aliado de Livia desde jovencito y luego cuando se casó con Julia, su yerno. Es una serie histórica muy fiel y bien documentada sobre la vida de aquellos tiempos. 

El teatro no era solamente un lugar de entretenimiento, era un símbolo del poder de Roma, de su cultura, de su grandeza imperial. En una función de teatro se reunían ciudadanos de toda clase social aunque separados en zonas distintas. El frente escénico que nos ha llegado a nuestros días se lo debemos a mi emperador favorito, Trajano el nacido en Itálica, actual Santiponce. 

Con el tiempo, que todo lo borra, guerras, destrucción, aprovechamiento de materiales, etc todo el espacio quedó cubierto de tierra y escombros a excepción de los siete sectores superiores de su graderío la summa cavea, que fueron conocidos popularmente como las Siete Sillas. En 1910 comenzaron a excavar y se encontraron... pues lo que tenemos ahora delante, uno de los monumentos más importantes de la Hispania romana.


Para separarnos un poco de los grupos de turistas, comenzamos por el jardín porticado que hay detrás del escenario. Se llama peristilo y servía de zona para el descanso y paseo. Está  decorada con algunas esculturas. En esta zona tambien hay una casa romana antigua y algo que es posterior a mi última visita, una galería con paneles informativos de Augusta Emerita y el teatro.


 Luego subimos a las gradas llamadas caveas, con una capacidad inicial para 6000 espectadores que fueron construidas aprovechando la ladera de la colina a su espalda. Estas gradas se dividen en tres sectores según la importancia social de quien las ocuparan, de abajo a arriba: ima cavea para los privilegiados, media cavea para ciudadanos libres y summa cavea para los mas desfavorecidos.


Entre las gradas y el escenario vemos un semicírculo que es la "orchestra", destinada al coro. En las tres gradas de honor que la rodean se acomodaban las autoridades principales de la ciudad romana.

Lo que nosotros llamamos escenario los romanos llamaban "pulpitum", una plataforma de madera encima de la que actuaban los actores y debajo de la que se encontraban todos los mecanismos y elementos necesarios para la escena.

con la diosa Ceres. Mide 2m 10cm sentada


A su espalda la fachada monumental, "frons scaenae" el bosque de columnas de mármol con frisos y estatuas de dioses y emperadores. Las columnas están dispuestas a dos alturas de manera que con sus entrantes, salientes y nichos producen una gran sensación de profundidad y monumentalidad.

Las representaciones eran financiadas por personalidades de la sociedad romana como magistrados, tribunos o personas adineradas llamados editores para aumentar su popularidad y prestigio. La asistencia era gratuita por eso estos editores se hacían tan populares.

En 1933 el teatro volvió a acoger representaciones escénicas, con la puesta en escena de Medea, de Séneca, adaptada por Don Miguel de Unamuno y protagonizada por Margarita Xirgu. Aquella representación marcó el comienzo de la historia del actual Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.

Es emocionante imaginar que en una noche de verano, mientras los espectadores contemplan una tragedia clásica bajo las estrellas, el teatro cumple prácticamente la misma función para la que fue construido hace dos milenios.

Para saber más: teatro romano de Mérida

Cruzamos el pasillo de arcos entre teatro y anfiteatro, vamos a descubrir uno de los testimonios mas impresionantes de la importancia que alcanzó Augusta Emerita. Mientras el teatro estaba dedicado a representaciones dramáticas o musicales, el anfiteatro ofrecía espectáculos mucho más multitudinarios (cabían entre 15.000 y 16.000 personas) como combates de gladiadores, cacerías de fieras llamadas venatio y otros espectáculos públicos.


Presenta una planta elíptica semejante a los de otros anfiteatros romanos, la estructura se organiza en torno al espacio central llamado arena, corazón del anfiteatro donde luchaban los gladiadores y a su alrededor se levantan las gradas con la misma clasificación según la jerarquía social que el teatro. Una enorme construcción en piedra de las que faltan bastantes filas de la parte superior, summa cavea que fueron reutilizadas en la construcción de otros edificios y el resto está bastante perjudicado.

En los extremos del eje menor vemos las tribunas de honor reservadas para los editores y personajes importantes, mientras en los extremos del eje mayor se encuentran las dos grandes galerías que permitían la entrada de los participantes en la arena. Subimos para conocer los accesos a  estas galerías y a las gradas tanto del público como de los participantes en las luchas. 


Los gladiadores eran combatientes entrenados que participaban en espectáculos públicos. Podían ser o no esclavos, el caso es que sus dueños o jefes invertían mucho dinero y tiempo en su preparación para el combate y contrario a lo que se cree, no siempre la lucha acababa en muerte, eso no era rentable. En las galerías de acceso a la arena vemos a tamaño real figuras en cartón piedra de varios tipos de estos combatientes. se llamaban distinto según sus armas y vestimentas.

Contemplar el anfiteatro de Mérida permite comprender una de las grandes contradicciones de la civilización romana: una sociedad capaz de alcanzar extraordinarios conocimientos arquitectónicos y artísticos que, al mismo tiempo, convirtió los combates violentos y las luchas con animales en acontecimientos multitudinarios.

El anfiteatro no es solamente un monumento arqueológico. Es también un testimonio excepcional de cómo vivían, se divertían y se organizaban socialmente los habitantes de una de las ciudades más importantes de la Hispania romana.

Para saber más: anfiteatro romano de Mérida

Me quedé con las ganas de echar un vistazo al Museo Romano de Mérida, no había más tiempo, además a todo el mundo no le gustan tanto los romanos como a mi😊😊. Ya lo conocía y me encantó, por eso quería repetir. Es uno de los museos mas importantes de España y además de su monumentalidad, es de esos sitios donde siempre se aprende algo. 

Dejo enlace a una visita virtual que merece la pena: visita virtual museo romano de Mérida y en este otro enlace también se puede conocer sus distintos contenidos: museo visita


Hora de retomar carretera, aun nos quedaban unas horas para llegar a la base veraniega, Manilva. Menos mal que ese pedazo de coche en el que viajábamos es una delicia a la hora de conducir. Se ocupa de todo, el conductor no acumula tensión al volante. El mismo Tesla nos recomendó parar para almorzar antes de cruzar Sevilla, en el restaurante La Estación situado a la orilla del embalse de la Minilla, en el Ronquillo, al que se llega por la carretera nacional de la vía de la Plata. Es una antigua estación de tren convertida en un maravilloso restaurante un tanto escondido, pero con Google Maps se llega a todos sitios. Es bastante grande y bien atendido por un montón de personas, la mayoría muy jóvenes que deben ser familia y refuerzan personal en fin de semana. El jovencito que nos atendió fue un encanto, super servicial, amable, atento y rápido. Ya no me acuerdo de lo que comí pero si se que alguien pidió conejo y que salimos de allí contentos y satisfechos.

Tuvimos que parar en los cargadores Tesla de Torre Sevilla, esta vez aunque Google Maps no falló, no los encontrábamos y es porque no están en la gasolinera, sino en el parking subterráneo. Dejamos cargando al chaval y subimos al centro comercial. Dimos una vuelta por ese montón de tiendas abiertas y como no, piqué. Me compré una rebeca verde musgo preciosa, gordita y abrigadita, veremos cuando la estreno, el invierno no llega, estamos a 3 de noviembre y aún nada de frío.

Nos quedaba el último tramo, la mañana siguiente cogeríamos el barco para volver a Ceuta. Finalizaba nuestro periplo veraniego por España, mi querida España tan bonita, tan sorprendente, tan monumental, tan solidaria, tan sabia y a la vez tan estúpida, triste, y rota por obra y gracia de esos incompetentes que se colaron donde no debían y llevan 8 años reventándola. Ojalá seamos capaces de salir de agujero negro donde estamos metidos que solo nos lleva a la intransigencia y al odio. La factura a pagar puede ser inmensa.

Quiero dar las gracias a mis compañeros de viaje por hacer esta experiencia tan excelente, es un placer compartir ruta con vosotros siempre. Y la vida.

FOTOS DEL DÍA






sábado, 31 de octubre de 2026

Valle de Liébana Potes 25.09.26

Necesito centrar la cabeza, mi nivel de envenenamiento está superando límites críticos. La pesadilla recurrente en la que estamos inmersos en este santo país no tiene perdón de Dios. Los tres meses que llevamos de invasión en mi ciudad, Ceuta y ahora otra vez los trenes…Debo hacer terapia, recordar buenos ratos, escenas agradables. Continúo escribiendo. Vuelvo a Cantabria, a Potes, el pequeño pueblo cántabro que abandoné hace cosa de un mes y que tanto disfruté. 

Potes merece una visita reposada. No es un pueblo para limitarse a fotografiar y marcharse. Su verdadero encanto está en entrar por sus callejuelas, atravesar los centenarios puentes, observar las antiguas casonas, escuchar el agua de los ríos y terminar el paseo por su cauce. Su casco antiguo fue declarado Conjunto Histórico Artístico en 1983. Hay que patearlo.

Para mi es uno de los pueblos más hermosos y pintorescos del interior de Cantabria, situado en el corazón de la comarca de Liébana, rodeado de montañas y a las puertas de los Picos de Europa. 

torre del Infantado

Los aires montañeses y el paseo de ayer noche nos llevaron a sentarnos a la mesa en una terraza muy bonita, a los pies de la Torre del Infantado junto al río, en pleno centro del pueblo. "Los 7 Sellos" me dice Mr. Google que se llama. Nos atendió un camarero de Sevilla muuuuyy agradable, Luismi, nos aconsejó y acertó. En Cantabria nos estamos encontrando a mucha gente del Sur con genio y arte "pa reventá". 

La Torre del Infantado es el monumento mas emblemático de Potes. Su maciza silueta cuadrada, con estrechas ventanas, cuatro pequeñas torretas almenadas en las esquinas superiores, totalmente defensiva, domina el centro de la localidad. Su nombre procede de Diego Hurtado de Mendoza, a quien los Reyes Católicos otorgaron el título de duque del Infantado en 1475. Diego era hijo del primer marqués de Santillana, D. Iñigo López de Mendoza, uno de los grandes nobles castellanos de su tiempo, poeta y hombre de letras. De vivienda fortificada pasó a utilizarse como cárcel, almacén de cereales, fábrica de aguardiente y también como Ayuntamiento ya mediado el siglo XX. El consistorio después de reformas y más, lo dedica hoy a espacio expositivo sobre Beato de Liébana. Beato fue un monje del siglo VIII vinculado al monasterio de Santo Toribio y conocido especialmente por sus "comentarios al Apocalipsis", una obra que dio origen por toda Europa a los célebres manuscritos medievales iluminados llamados "Beatos" o "Miniaturas" por el color minio que tanto se empleó en ellos. Pero no nos adelantemos, ya llegaremos a Santo Toribio y su monasterio.

Nuestro recorrido comenzó en el centro de Potes, desde la puerta del hotel solo teníamos que bajar tres escalones y cruzar un arco con farolillo para encontrarnos en la porticada calle del Dr. Encinas, junto a la plaza del capitán Palacios, corazón social y comercial de la localidad. En su entorno se concentran bares, cafeterías y varias tiendas de batiburrillo especializadas en alimentos y recuerdos de Liébana, de hecho, una de mis preferidas fue casa Wences. Hubiese comprado la tienda entera, aunque por motivos obvios, me tuve que conformar con un par de bolsas bien despachadas. La comarca de Liébana tiene productos muy característicos, especialmente sus quesos, mieles, embutidos, orujos y legumbres además de los dulces: sobaos, corbatas, pastas secas... vamos, un no parar.

templete de música de la calle capitán Palacios

La plaza está rodeada de edificios tradicionales con soportales. En un rincón, donde empieza la tradicional calle Cántabra que da paso a uno de los barrios mas típicos del pueblo, se halla la botica de Potes. Tuvimos que acudir a ella en busca de un remedio para la garganta de Joselito, llevaba un par de días algo perjudicado y aunque pudimos tirar de botiquín, llamó al médico de su compañía para que le facilitara receta. Más tranquilo se quedaba. 
Uno de los elementos más singulares de la plaza es el templete de música, que contribuye a darle ese aspecto de pueblo tradicional. Habían colocado un enorme corazón en el centro para jolgorio de propios y visitantes, todo el que pasaba por ahí se retrataba sin poder eludir el fantástico fotocall con la torre del Infantado de fondo. 

Cruzamos el puente Nuevo, sobre el rio Quiviesa, nos dirigimos a la iglesia de San Vicente Mártir patrón de Potes. Llegamos ante la fachada de la nueva iglesia de San Vicente, y es que hay dos. La vieja, datada en el s.XIV, es la que está a su lado, pero lo único que indica que es una iglesia es un campanario muy restaurado con un reloj. Perdió su función como templo cuando creció tanto la parroquia que no cabían dentro y se decidió levantar la nueva iglesia.

iglesia nueva a la izquierda y vieja a la derecha

La vieja iglesia de San Vicente quedó para almacén de vinos y de materiales de construcción. En 1996 el gobierno cántabro la compró, la rehabilitó para albergar el Centro de Estudios Lebaniegos además de la oficina de información turística y ayuda al peregrino, como pudimos comprobar "in situ".

La iglesia nueva que data de principios del s.XIX, ejerce de parroquia del pueblo. Es un edificio sencillo, proporcionado y simétrico construido en piedra con dos torres campanario y un cuerpo central. Probamos a entrar y lo conseguimos. 

antiguo convento de San Raimundo


Por dentro es mucho más rica que por fuera, el altar mayor y parte del mobiliario religioso proviene de un cercano convento venido a menos, el de San Raimundo de Peñafort desaparecido en la época liberal de las desamortizaciones. Vimos también dos grandes lienzos, uno del Cristo de Burgos y otro sobre la conversión de San Pablo. Me gustó mucho una talla de un  busto de un cristo a medio terminar.

Cruzamos hacia la plaza de la Serna, un espacio amplio con árboles y bancos, edificios tradicionales y  varios pubs bastante animados. Antiguamente se celebraba aquí el mercado y hoy día los lunes tienen mercadillo. 

arcos del antiguo barrio Colgante

Cruzamos la plaza para meternos por un callejón en su costado derecho y desembocamos en el barrio del Sol, los arcos del antiguo barrio colgante, un montón de casas muy antiguas colgadas sobre el río. Esto es precioso. Es una zona con un encanto y una magia tremenda. Algún restaurante, algún bareto entre las casas, mucho público tomando copas, muchísimo ambiente en esta zona tan bonita.
en el Puente Viejo

Cerca vemos el puente viejo o puente de San Cayetano, un antiguo puente de piedra de origen medieval con un gran arco sobre el cauce del río, vamos hacia el mientras contemplamos en la otra orilla un antiguo molino hidráulico y las casas tradicionales de piedra y madera que se asoman al río.
Desde los balcones que dan al rio en este barrio vemos un par de parapentes. Debe ser sensacional estar ahí arriba contemplando la puesta de sol tan preciosa que nos está regalando el día.

Justo al cruzar el puente viejo decidimos bajar a la rivera para caminar por el paseo fluvial y conocer los puentes desde otro ángulo. Desde que nos metimos en el barrio del Sol tengo la sensación de estar dentro de un portal de Belén. ¡Que me gusta Potes!

unión de los ríos Quiviesa y Deva

El agua es parte inseparable del paisaje urbano, este paseo fluvial que comienza bajo el puente de san Cayetano, se alarga por unos 2 km. Me costó bajar la cuesta de cantos rodados, resbalaban y hacían daño en los pies, casi me caigo, pero mereció la pena. El entorno es una belleza. A través de paneles informativos nos fuimos enterando de detalles de estos tramos peatonales que acompañan la margen derecha del río. P
ermite contemplar las casas antiguas desde una perspectiva diferente, alejándonos del bullicio de las plazas y disfrutando del sonido del agua. El verano climatológico hace que la vegetación sea abundante y le añade un intenso color verde al entorno. El otoño, que se hará paso en días, se empieza a notar en algunos tonos dorados y rojizos de los árboles que convierten este recorrido en uno de los más bonitos de la visita.


puente Nuevo y puente de la Cárcel al fondo

Pasos más adelante cruzaremos por debajo el puente Nuevo construido una vez acabada la guerra Civil, quizás sea el más alto. Si miras hacia arriba, se ven las casas colgantes  con sus balconadas de madera. Detrás, vemos el puente de la Cárcel, llamado así por la torre del Infantado donde durante 350 años estuvo la prisión. 

 Unos metros después de pasar el puente de la Cárcel nos encontramos unos rápidos donde se unen los dos ríos, el Deva que llega desde Fuente Dé y su afluente, el Quiviesa. 

Vemos cada poco escaleras, rampas que bajan hasta la senda desde distintos puntos del pueblo. Seguimos caminando, llegamos a otro puente más, el de los Colegios. Une la zona del colegio y el instituto con el convento de San Raimundo actual sede del Ayuntamiento de Potes.

Pero la historia de Potes no puede separarse de otro elemento fundamental: la vida monástica de Liébana, especialmente el cercano monasterio de Santo Toribio, uno de los grandes lugares de peregrinación del cristianismo, que contribuyó durante siglos a convertir la comarca en lugar de encuentro entre viajeros, peregrinos y comerciantes. Esta mañana nos dirigimos allí.

Monasterio de santo Toribio de Liébana

Sólo 3 kilómetros separan Potes del tramo final del Camino Lebaniego, los peregrinos llamados "crucenos" recorren Cantabria desde San Vicente de la Barquera, siguiendo las cruces rojas, hasta el monasterio de Santo Toribio. Durante siglos, este monasterio ha sido y es uno de los grandes lugares de peregrinación europeos.

Su origen se encuentra en el Medievo, sobre el siglo VI cuando un grupo de frailes llegan a esta comarca para vivir en comunidad, bautizaron aquel primer cenobio como San Martín de Turieno. Unos 200 años más tarde, ante la dominación musulmana  Liébana se convirtió en un refugio para comunidades cristianas mozárabes venidas del Sur, por eso llegaron hasta aquí los restos de Santo Toribio, obispo de Astorga y el Lignum Crucis, el mayor fragmento de la Cruz de Jesús, custodiado en el monasterio desde el s.VII 

El monasterio fue creciendo y recibió importantes donaciones de tierras, iglesias y propiedades, tuvo su botica y hospital de San Lázaro para atender a los peregrinos. Fue administrado mucho tiempo por monjes benedictinos, hasta que las desamortizaciones del siglo XIX provocaron el abandono de la vida monástica. Ya en el s.XX durante la Guerra Civil fue utilizado como cuartel republicano y una vez acaba la guerra fue restaurado. Actualmente es atendido por una comunidad franciscana, los mismos que custodian propiedades cristianas en Tierra Santa. La tradición franciscana cuenta que San Francisco de Asís pasó por este monasterio en su peregrinación a Santiago.


Se accede al monasterio por un vestíbulo tras los arcos, en él vemos un relieve que representa a Beato de Liébana en su scriptorium, recordemos que los monasterios no eran solo lugares de oración, aquí se pegaban todo el día estudiando, escribiendo, copiando y conservando libros.

claustro del monasterio

El vestíbulo da acceso al claustro, un espacio rectangular, porticado, sencillo, con una fuente y muchas flores, tranquilo, un espacio para la meditación. En las paredes se exponen carteles y documentos con toda la historia del monasterio.

puerta a la capilla del Lignum Crucis

De aquí por una de las puertas del claustro en la que me encontré a Santiago Apóstol, entras en la capilla del Lignum Crucis. Es una capilla barroca que guarda la cruz bajo un baldaquino de plata. Tuvimos la suerte de poder rezar un ratito allí, la capilla estaba custodiada por un par de sacerdotes que andaban charlando sin quitar ojo a los visitantes. Sólo abren una hora por la mañana y otra por la tarde.

baldaquino con el Lignum Crucis

 Personalmente, me cuesta pensar que este trozo de madera pertenezca exactamente a la cruz en la que clavaron a Jesús pero: "Pruebas científicas realizadas en 1958, verificaron que la madera del Santo Leño es un Cupressus Sempervirens L, una variedad de ciprés autóctona de Palestina y con una antigüedad superior a los 2.000 años." 

Si Santa Elena decidió que aquel trozo de madera que se trajo de Jerusalén  era la cruz de Jesús, francamente, me parece bien. No necesito reliquias ni monsergas para creer. Lo que si se es que ella consiguió bajar el águila de los estandartes que portaban las legiones romanas de su hijo, el emperador Constantino, para que alzaran la cruz cristiana. La historia de esta mujer me encanta, la dejo en el enlace de su nombre.

El Lignum Crucis llegó al Monasterio en el s.VII con los restos de Santo Toribio obispo de Astorga, quien la trajo de Tierra Santa  en el s.V recibiéndola de manos del Patriarca de Jerusalén. Allí permaneció en paz hasta 1808, la Guerra de la Independencia. Ante el avance de los franceses, escondieron la reliquia en la Cueva Santa y de nuevo el la desamortización de Mendizábal cuando echaron a los benedictinos del convento, fueron los vecinos del pueblo y la Cofradía de la Santísima Cruz los que se encargaron de su custodia. Punto y aparte merece el episodio de la Guerra Civil. La madera original fue escondida al pie de una higuera y sustituida por una corriente. Cuando el Lignum Crucis fue requisado, la original permaneció en los alrededores del monasterio enterrada y puedo ser recuperada al acabar el terrible episodio de nuestra historia. Para saber mas:Que pasó en el 36

iglesia del monasterio

Desde la capilla barroca accedimos subiendo unos escalones y cruzando una reja a la iglesia cisterciense gótica austera que no tenía nada que ver en arquitectura ni decoración con la capilla. Construida sobre los restos románicos de una iglesia anterior a su vez levantada sobre otra prerrománica, asturiana o mozárabe. El templo posee tres naves con tres ábsides, un coro al fondo bajo el que se encuentra una zona de confesionarios. En el ábside central vimos el altar mayor muy sencillo y en los ábsides laterales el sepulcro de Santo Toribio aunque yo no lo vi o no me fijé porque no me acuerdo y en el otro un arcón con otras reliquias. Le llaman el Arca Santa de Santo Toribio. 
Para más info:Monasterio de Liébana

puerta principal y puerta del Perdón

Desde la iglesia se sale al exterior a una explanada donde vemos una cruz en piedra similar a la reliquia sobre un pedestal. Admiro las arquivoltas de la puerta principal por la que salimos. Muy cerquita, se encuentra la puerta del Perdón, es románica, lo que queda de la iglesia antigua. Solo se abre en año santo Jubilar, cuando el 16 de abril, festividad de Santo Toribio cae en domingo. Ese año se concede la indulgencia plenaria para el perdón de los pecados, prerrogativa que solo tienen Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela. Las condiciones que pone la iglesia son: cruzar el dintel de la puerta del Perdón, rezar, confesarse y comulgar 15 días antes o después de haber traspasado la puerta.

Luego me fui a la tienda, de allí no me iba sin comprar pulseras para las chicas con la medallita del Lignum Crucis y alguna cosita más. Había unas láminas preciosas de los "beatos", los dibujos que alegraban las copias medievales de los "comentarios al Apocalipsis" que tantas veces se replicaron en todos los monasterios europeos de la obra creada por Beato de Liébana en el s. VIII. Este hombre también impulsó el culto a Santiago Apóstol como patrón de España, décadas antes del descubrimiento de su tumba.

Hora de subir al mirador de San Miguel y conocer la ermita. Según la información se encontraba a unos 500 metros del monasterio y el camino era fácil. Lo fue, es camino asfaltado y muy agradable. Lo que no tenía ni idea era del mirador exento que nos encontramos allí. Una preciosidad que nos mostró desde lo alto el valle de Liébana.

ermita de San Miguel

Donde acaba la carretera se abre una pequeña explanada presidida por la ermita de San Miguel, una pequeña construcción de piedra en el extremo de la loma. La ermita forma parte de un conjunto de pequeños santuarios y lugares de retiro que existían alrededor del monasterio. 


Esta info la vi en un panel informativo situado junto a los servicios del monasterio, donde empezaba el camino hacia la ermita de Santa Catalina y otras como la de San Pedro o la Cueva Santa.

mirador de San Miguel

En la misma explanada, junto a los restos de la ermita se abre el mirador exento de San Miguel. Tiene forma de cruz y presenta un voladizo de unos 10 metros que sobresale sobre la ladera. En un día tan bonito como el que estábamos disfrutando, la vista de los Picos de Europa era sensacional.

Después de un montón de fotos volvimos a por el coche para dirigirnos a nuestra siguiente visita, el pueblo de Heidi, Mogrovejo, una hermosa localidad declarada Bien de Interés Cultural y Patrimonio Histórico de España en 1985 además de pertenecer desde 2020 a la asociación de los Pueblos más Bonitos de España.



Mogrovejo es uno de esos pequeños pueblos de montaña que parecen haberse detenido en el tiempo. Situado en pleno corazón de la comarca de Liébana, dentro del municipio cántabro de Camaleño, al que también pertenece el monasterio, sobre una pequeña elevación dominada por las impresionantes montañas de los Picos de Europa. Llama la atención por su extraordinaria estampa: un conjunto de casas de piedra con tejados rojizos, una esbelta torre medieval que sobresale entre las viviendas y, al fondo, las enormes paredes calizas del macizo de Ándara, perteneciente al sector oriental de los Picos de Europa. 

Mogrovejo se desarrolló alrededor de un antiguo solar nobiliario. La familia Mogrovejo llegó a controlar tierras, propiedades agrícolas y derechos señoriales en el valle. cuentan que el señor de Mogrovejo llevó el estandarte de Don Pelayo en la batalla de Covadonga. La principal prueba de aquel poder es esa gran torre medieval que todavía preside el pueblo, levantada a finales del siglo XIII, de planta cuadrada, unos 20 metros de altura y rematada por almenas. Alrededor de esta residencia señorial fue creciendo un pequeño núcleo de población de agricultores, ganaderos y familias dedicadas al aprovechamiento de los recursos de la montaña. 

Dejamos el coche en un parking cerca de la torre y comenzamos a caminar por sus calles estrechas, entre paredes de piedra, pequeños jardines y fachadas antiguas. Lo primero que no encontramos fue con el cartel de bienvenida a un pueblo de película.😊

Luego nos dedicamos a vagabundear por lo que me pareció mas un caserío que un pueblo. Es muy pequeñito, sin grandes calles o avenidas, ni grandes monumentos. 


Muy cerca nos encontramos con la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, otro de los edificios históricos más importantes de Mogrovejo junto a la torre. Se la ve bastante modesta, del estilo de las construcciones del entorno y con unos cuantos siglos encima, creo que el cartel decía que era del s. XVII. El pórtico cerrado no nos deja curiosear. Junto a la iglesia se levanta la tapia de un cementerio, seguramente con los mismos años.

A medida que avanzamos íbamos descubriendo antiguos pajares, portones de madera, muros cubiertos de vegetación y balcones tradicionales. Algunas viviendas conservan una escalera exterior de piedra que permite acceder directamente a la planta principal, esto solo lo había visto en casas rurales alemanas, en la selva Negra. creo que se llama "patín". Para ser un pueblo tan pequeñito, tiene un montón de puntos selfies, estan numerados, creo que vi el 8 o el 9 cerca de la iglesia.  Ahora se han puesto muy de moda, hasta en Ceuta he descubierto alguno. 


También vimos "casetas" de madera que antiguamente se utilizaban para secar y almacenar productos agrícolas, el taller de un herrero para herrar los caballos, un enorme pozo... Y lo que mas nos llamó la atención, unas estructuras semicirculares de piedra que sobresalen de las fachadas en el piso superior. estuvimos cavilando que si fresqueras, que si hornos... pues son hornos de pan, lo he investigado, se llaman horneras. Prueba que durante siglos Mogrovejo fue una pequeña comunidad autosuficiente.

Como no podía ser de otro modo, acabamos en uno de los tres bares del pueblo, y ya es mucho para 45 habitantes que tiene. Se llama "cosas y quesos o quesos y cosas", no estoy segura. Además de bar, es tienda de productos típicos. Hay que ver lo que nos gusta a los españoles turistear. Había mas gente de fuera que paisanos, y todos debíamos estar en el bar. Mi Lola, como es habitual se llevó un poco de todo. 

Poco después retornamos a la carretera, el siguiente pueblecito montañés de la ruta era Espinama, un poquito mas grande que Mogrovejo y penúltimo antes de llegar al final del camino, Fuente Dé. 

A diferencia de Mogrovejo, no conserva el carácter medieval de sus casonas, sus viviendas están perfectamente remodeladas al estilo montañés actual, acondicionadas para la vida de hoy en esos valles que en invierno debe hacer frío en otra dimensión. 


Hasta dos hórreos vimos prácticamente nuevos, frente a uno de ellos nos pegó un susto de muerte un perro guardián que salió escopetao de su boquete, menos mal que estaba encadenado a la caseta, sino se nos echa encima. Lo único con pintas de tener bastantes años era un pequeño puente de piedra sobre un riachuelo. 


Entramos en una tienda de comestibles a pie de carretera situada junto a un bar, casa Clara y claro, pegué la hebra con la señora. Ella nos dio bastante información del pueblo, hasta nos recomendó dónde comer, que ya iba siendo hora, en un restaurante cercano llamado "Vicente Campo". Nos contó que el pueblo se dedica sobre todo a la ganadería, favorecida por los pastos de montaña y que en este mesón, los dueños se dedican a la cría de la vaca Tudanca. Como si yo supiera lo que es una vaca Tudanca. Luego lo miré, claro.

También vimos una iglesia, la antigua de San Vicente Mártir hecha unos zorros aunque he leido que la obra social del Camino Lebaniego le ha adjudicado ahora, en octubre del 26,un fondo de  300.000 € para su rehabilitación. La nueva iglesia construida al otro lado de la carretera a pocos pasos y dedicada al mismo santo, se construyó con los años 60 del pasado siglo aprovechando los terrenos donde se levantaba una Obra Pía, una fundación benéfica y educativa de un indiano, Alejandro Rodríguez, nacido en Espinama. Otro que se fue a México y volvió millonetis regando su pueblo natal de billetes. Es ya sobre el tercer o cuarto indiano que leo y saco la impresión de que estos españoles volvían a la patria además de con mucho dinero, con muchas ganas de encomendarse al Cielo, algo turbio dejarían atrás en tierras americanas.

iglesia antigua de San Vicente

 Antes pocos turistas alcanzaban estos lares, solo los que gustaran de escaladas en alta montaña aunque si es cierto que el rey Alfonso XII se dejó caer por aquí para participar en una cacería en su segundo veraneo en Comillas y su hijo, Alfonso XIII también asomó los bigotes por la localidad. En el pueblo no hay otra cosa mas que pequeños albergues y restaurantes y eso desde que se inauguró el teleférico de Fuente Dé. 



Decidimos ir a comer a Vicente Campo, pero todavía estaba cerrado, la señora que estaba sentada abajo, en una mesa nos dijo que faltaban 15 minutos, así que nos sentamos fuera, a la sombra a esperar. Vimos entrar algunas personas que debían ser amiguetes pues todos se quedaban dentro. Hasta que nos tocó el turno. Nos acomodaron cerca de la chimenea, en un salón en el piso de arriba, luminoso, no demasiado amplio y bien decorado. El camarero que tenía mas kilómetros que el talgo, era un señor ya con sus años y una barriguita cervecera prominente. Empezó a explicarnos la carta. En mi vida he visto una cosa tan complicada. Se podía pedir un primero, entonces era un precio, o un primero y un segundo del primer grupo y entonces era otro precio, o de otro grupo y entonces ya no se que era. Menudo lío. Y lo peor, a cada cliente que entraba, tenía que volver a explicársela. 

Nosotros fuimos a lo nuestro y que él ajustara que si menú 1, 2, o 3. Recuerdo que pedimos cecina para compartir que estaba exquisita, mucho mejor que la de León, Faustino se pidió un bacalao, Mariloli y Jose un pedazo de chuletón de vaca Tudanca a la piedra y yo me vine arriba y pedí cocido lebaniego para mi sola. Me pusieron la sopera enterita y nada mas con la sopa hubiera tenido bastante, pero luego llegó la pringá con los sacramentos, los garbanzos y el relleno. ¡Madre mía como estaba aquello! para hacerle la ola al cocinero. Y para colmo, de postre una torrija. No me lo pude acabar, o eso o la muerte. La camarera que de vez en cuando venía a darnos una vuelta casi me regaña, me dio hasta pena, la comida estaba deliciosa.


No hace falta decir que no llegamos a Fuente Dé, por mayoría absoluta regresamos a Potes a descansar y después, por la tarde, volvimos a disfrutar de este pueblo tan bonito escondido en el corazón de los Picos de Europa.