El lago se llama Titi, por lo menos para los españoles. Se lo dijo un señor alemán a MªJesús en el vuelo de vuelta a Málaga. Para los alemanes si es Titisee, porque "see" quiere decir lago, en alemán. Cuentan que lo de Titi no es por los monos, es por el emperador Tito, (Vespasiano para los más despistados) que en el s.I cuando aun era jovencito, andaba por aquí haciendo méritos para ascender y se quedó encandilado ante el paisaje de este lago de origen glaciar.
Acabo de despertar después de unos 10 o 15 minutos de ruta y el paisaje ha cambiado. Abetos, pinos, nieve, alguna casa perdida de vez en cuando con el tejado cargado de más nieve, lluvia. Tardamos aún un rato en llegar al Titisee. Dista unos 45 km de Friburgo pero las condiciones climáticas hacen lenta la travesía.
Estamos llegando a Titisee-Neustadt, es un pequeño pueblo de montaña para turistas, supongo que nacionales y extranjeros. Se ven villas residenciales y mucho hotel, restaurante y comercio en la calle principal.
En los alrededores, se puede practicar esquí alpino y de fondo, además de saltos de esquí en el trampolín de Hochfirst, el trampolín natural para saltos de esquí mas grande de Alemania y que acogió el campeonato mundial del 2005. Lo vimos a la vuelta, desde el bus.
Por supuesto para algunos fue llegar, bajarse del bus y liarse a bolazos de nieve...
Nos acercamos a la orilla del lago, el paisaje es una postal de navidad. El sol se asoma entre nubes, el agua es una lámina plateada, el bosque una muralla nevada que protege, rodeando el lago. Dos muelles se meten hacia adentro esperando que la primavera traiga los barcos, teníamos programado un paseo pero... con estas heladas no abren hasta abril. Debe ser un gustazo pasear alrededor del lago... no es demasiado grande, en su info pone que 1,3 m², unos 7 km de perímetro, como el Hacho, con menos cuestas.
En un instante, como si aquello fuera un telón de teatro, el cielo se oscurece, se levanta un enorme banco de niebla que va cubriendo la orilla opuesta hasta que dejamos de verla.
Cinco minutos mas y no se ven ni los muelles, comienza a nevar primero despacio, luego con una intensidad bastante considerable.
Nos refugiamos en unos soportales y Marta saca de su mochila dos botellas de licor típicos de la Selva Negra y un montón de vasitos. ¡Estamos de botellón en Alemania, en medio de un lago perdido en plena Selva Negra y nos está cayendo la nevada del siglo!
No le saco el gusto a los aguardientes. Uno es mas fuerte, parecido al Orujo, creo que se llamaba Diablo de la Selva Negra. El otro no se si dijo que era de pera o alguna otra fruta. A mi los dos me parecen igual de fuertes, alcohol puro. Esas bebidas destiladas, sean de fruta o de hierbas mas que digestivos me saben a rayos y centellas. Faustino ni los prueba, se ha inflado de codillo y está indigesto.
Con la gran nevada, una familia de patos🦆🦆🦆🦆🦆 que nadaban tranquilos en el agua se apresuran a salir buscando refugio. No se asustan al vernos allí, incluso alternan con nosotros, se quedan un rato al botellón.😊
Al rato, la nevada va remitiendo y el telón de nubes y nieve se vuelve a abrir, otra vez el sol sale a calentarnos, Si antes el paisaje era bonito ahora es un espectáculo.
El agua es un espejo que refleja el bosque, hasta el cielo se mira en el lago. La nieve que ha caído embellece aún más la postal que tenemos delante.
Vamos dando un paseo hasta un centro comercial cercano, allí hay baños gratis, luego echamos un vistazo a las tiendas de la calle principal, venden relojes de cuco, como no, entre otras muchas cosas, claro.
En la puerta de este restaurante alguien había hecho un muñeco de nieve que parecía mas un fantasma...
Andamos dando vueltas por allí hasta mas o menos las cinco de la tarde, hay que llegar a Friburgo a la iglesia de St. Michel. Pertenece a la misión católica polaca afincada en Friburgo, por lo visto su comunidad es bastante numerosa.
Una chica llega casi a la vez que nosotros, es la encargada de abrir la iglesia y asistir a nuestros sacerdotes. Lo malo es que se le olvidaron las llaves. Menos mal que los curas viven al lado. Estamos en una iglesia que forma parte de una misión.
Una vez dentro, todas y algunos queríamos ir al baño y solo había uno. Recuerdo al padre Emilio dejando que cada una de las señoras pasáramos la cola, mientras la santa paciencia asomaba en su cara, era un poema. Cuando aquello parecía que acababa, otra mas llegaba y a esperar otro ratito.
La chica polaca de las llaves no sabía donde estaba nada. No se si trajo la cabeza. Al final todos consiguieron vestirse y celebramos la Eucaristía. Presidió el padre Mauricio. Ya nos hemos acostumbrado a él. Es un encanto. Una persona discreta, amable que a pesar de que no conocía a la mitad del grupo o mas, ha sabido mimetizarse y ganarse la confianza de todos, ya es uno mas. Esperemos que podamos disfrutar de su compañía cada primavera.
La noche anterior en las copas, mientras el padre Alberto repartía papeles para la siguiente misa, andábamos recordando alguna anécdota, nos vinieron a la mente algunos peregrinos que ya han pasado a mejor vida. Decidimos que ya era hora tenerlos presentes en la celebración. Algunos de ellos nos eran muy queridos y muy cercanos, como nuestra queridísima Amalita, que siempre que había fiesta nos regalaba el pan de su panadería, el Molino, o Marifrí, la tía del padre Emilio, o mi padre, Vicente. El recuerdo fue para ellos y para otros que alguna vez compartieron estos peregrinajes, aunque siempre nos acompañen en nuestros corazones.
Salimos cerca de las 19.30h otra vez hora de comer, esta vez en un restaurante de tapas alemanas en las afueras de Friburgo.
Das Blümchen es un lugar donde poder probar la cocina tradicional de la Selva Negra reinterpretada de forma actual, innovando, en un entorno elegante.
El local por fuera parece una posada familiar antigua. Por dentro mantiene detalles de esa casa de pueblo tradicional aunque reformada, cuidando mucho la estética sobre todo en los detalles campestres. El comedor que nos asignan tiene el techo espejado, hay velas y luces tenues, es muy bonito.
Las camareras empiezan a servir los platos. De primero ensalada, pero luego... luego hubo otros tres platillos mas para cada comensal y el postre. Los probé, (solo probé) todos, aunque la albóndiga de jabalí si que le comí enterita. ¡que rica! todas las salsas y cremas estaban deliciosas. Los raviolis los que menos me gustaron. Los platos, para ser tapas, eran abundantes, además ya veníamos empachados del almuerzo. Creo que a todos nos gustó aquel lugar.
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