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domingo, 19 de abril de 2026

SELVA NEGRA 7.- TRIBERG 25.03.2026

 Se acabó el buen tiempo. La hojilla que Marta nos pasaba todas las noches pronosticaba lluvia, frio y hasta nieve. 


Como soy tan friolera me vestí de cebolla, casi no me podía mover: camiseta, jersey, rebeca, guantes, gorro, pañoleta, abrigo impermeable forrado calcetines calentitos y zapatos gordos... todo era poco para esos 3º anunciados, por lo menos sirvió de algo.
Salimos del Mercure hotel cutre de Offenburg rozando las 9:00am con las maletas puestas. Nos dirigíamos a Triberg la capital de los relojes de cuco y de las cascadas de agua mas altas de Alemania, nuestro destino final sería Friburgo de Brisgovia, una de las ciudades mas famosas de la Selva Negra. 

Marta se pegó un buen rato hablando por el micro de "María del Pino" o de "María en el Abeto" yo no me enteraba de aquello, dijo que iríamos a verla aunque no estuviera incluida en la ruta porque era un santuario de peregrinación muy importante en la Selva Negra.  En una hora lo entendí.


Llegamos a Triberg un rato después por una ruta ascendente, llena de bosques y casas de montaña, muy bonita. El pueblo no es demasiado grande, por lo menos lo que veo desde el bus, está metido en la ladera de un monte. Letreros de restaurantes, hoteles y tiendas plagan las fachadas de los edificios.
 Martín continúa hacia arriba, saliendo del pueblo para llevarnos a una iglesia, es"María in der Tanne", situada en un costado de la carretera que atraviesa la villa, lugar de gran devoción y peregrinación en Alemania. 

Su origen, fechado en el s.XVII, está ligado a un historial de sanaciones empezando por una chiquilla que recuperó la vista al lavarse con agua de un manantial cercano y a un sastre que también se curó y en agradecimiento, donó la pequeña imagen de la virgen de madera, que metió en un hueco de un árbol, de ahí lo de "María en el abeto". Allí se quedó la virgencita convirtiéndose el lugar en un pequeño rincón de culto. Luego se levantó una pequeña capilla, más tarde el santuario que se ornamentó tal como lo vemos ahora. La diócesis de Friburgo lo considera una de sus joyas del barroco.


Nada que ver el exterior, mas bien sobrio con lo que descubres dentro, un hermoso recinto barroco en el que impacta el blanco níveo de paredes con el mobiliario dorado tan ornamentado. Esta iglesia es el fruto nacido de un lugar sencillo en medio de la Naturaleza, levantado por el agradecimiento, la oración y la esperanza de tantas personas que pasaron por aquí buscando ayuda, fortaleza, consuelo... en fin, lo que buscamos todos cuando Dios aprieta pero no ahoga.

La vista se dirige sin querer al fondo, al dorado del gran altar central donde, en una urna muy pequeñita, se encuentra la imagen de María en el Abeto, rodeada de ángeles, santos, girasoles, columnas, marcos y volutas. La luz que inunda la nave hace resplandecer ese maravilloso retablo.

Luego, notas que hay otros altares laterales, también dorados y muy ornamentados, una pila bautismal, un púlpito impresionante, un gran órgano a la altura de la ornamentación barroca y varios confesionarios tallados con el nombre o el cargo del cura usuario. Precioso también el crucifijo colgado en el altar.


Nos agrupamos formando un círculo alrededor de David para rezar el Ángelus que aunque no era la hora acostumbrada por la tradición, ni falta que hace, es una preciosa oración de recuerdo, y recogimiento en honor a María, a la Anunciación y Encarnación.

Cuando salimos ya estaba lloviendo, mas que agua era aguanieve y ¡hacia un fríooooo! Yo me había dejado los guantes y el gorro en el bus, menos mal que Rosa me prestó uno, por lo menos me calentó las orejas. Volvíamos al bus para bajar al pueblo, llegaba el momento de las cascadas. 


El paisaje más famoso y emblemático de Triberg y casi de la Selva Negra, son las cascadas que aunque las vendan como las mas altas de Alemania esto no es cierto, si son las mas altas de la Selva Negra. El rio Gutach pega siete saltos para salvar un desnivel de 163m y seguir su curso entre árboles, rocas, helechos y senderos.  Un lugar para detenerse, respirar hondo y dejarse invadir por la Madre Naturaleza.


Cuando llegamos a la caseta de entrada nos encontramos un letrero que prohibía el paso. Uno de los leñadores se acercó a Marta y le explicó que andaban talando árboles y el camino asfaltado de la izquierda, que normalmente se toma para ver los primeros saltos, estaba cerrado. Nos permitieron entrar sin pagar por el sendero de la derecha, mucho mas dificultoso,  el piso estaba mojado y resbalaba.


Antes incluso de verlas, empiezas a oírlas: un rumor constante, fresco, potente, es el monte que respira agua. El camino va subiendo entre abetos altísimos, rocas húmedas y barandillas de madera y metal. El aire huele a tierra mojada, a musgo y a bosque limpio. 

Llegamos hasta otro acceso,  una pasarela que se acercaba al salto, aunque la puerta metálica tenía el cerrojo echado, entre los árboles, aparece el primer desnivel: el blanco del agua rompiendo sobre la piedra oscura. Y así hasta siete, aunque yo me quedé en este.


Se podía seguir subiendo, mas arriba divisaba un puente que cruzaba la cascada pero la verdad, entre la lluvia, que no llevaba las botas de campo y que los "perjudicados" se habían quedado abajo, decidí tirar cuatro fotos y darme la vuelta. Iba a ser muy difícil ver entre tanta agua y frondosidad ni si quiera una ardilla. 

Para mi, lo mas bonito de este lugar fue sentirme inmersa en la Naturaleza: el ruido del agua, el olor que deja la lluvia en el bosque, las piedras cubiertas de musgo verde, los helechos mojados...Era un paisaje realmente evocador, de cuento. Esa mezcla de naturaleza salvaje, belleza y calma creaba un escenario lleno de fuerza.

  

Unos cuantos nos fuimos al pueblo a tomar café y a ver la tienda de los 1000 relojes de cuco que andaba por allí cerca, además de otras muchas. Otros se quedaron en la puerta hasta que les dejaron pasar a una de las plataformas inferiores.

Este lugar es uno de los imperdibles en la Selva Negra, sobre todo con buen tiempo, pues hacer uno de los tres recorridos que ofrecen por el parque debe ser una auténtica gozada. Según la info de la web están señalizados en tres colores, amarillo, rojo y azul y son estos:

"El Kaskadenweg es la ruta más directa para ver los saltos de agua de cerca. Sigue el curso de las cascadas, pasa por las plataformas y puentes principales y suele ser la opción más clásica para quien quiere centrarse en el agua y los miradores. Es un recorrido pavimentado, en subida, de unos 45 minutos a 1 hora.

El Kulturweg combina la visita a las cascadas con un paseo más amplio por el entorno cultural de Triberg. Después de pasar por la zona de los saltos, se desvía por el bosque y enlaza con lugares como la iglesia Maria in der Tanne, el Bergsee y el regreso hacia el pueblo. Se tarda en torno a 1 hora.

El Naturweg se orienta más al paisaje forestal. Comparte el inicio con las otras rutas y luego se convierte en un bucle por el bosque a ambos lados de las cascadas, por lo que da una experiencia más natural y menos centrada solo en los miradores principales. Tiene una duración aproximada de 1 hora y media."


Después del café en Pfaff, como no paraba de llover, nos fuimos a ver la tienda de los 1000 relojes de Triberg que estaba en la cuesta, a la vuelta de la esquina. Tiene un potente reclamo en la fachada: una familia de osos que se mueven. La mamá osa saluda, el papá oso anda trabajando con un destornillador y el otro muchachito oso sube y baja por una cuerda. Llueva, truene o nieve.

 
Además, a las en punto y a las media, el cuco cantaba. Se aseguran así que todos los giris nos fijemos en este "typical  german shop".

Este local es enorme, pero no solo había relojes de cuco valorados desde los  14 o 15€ a 10.000€, se pueden admirar auténticas obras de arte de artesanía muy elaborada con motivos típicos de la Selva Negra a diseños distintos, sencillos, actuales. Los trabajos de marquetería eran espectaculares, especialmente los adornos de Navidad, con detalles exquisitos. 


También me gustaron muchísimo las telas, toda la confección. Por supuesto los imanes, licores, cerámica y cacharreo para los turistas. En una zona mas reservada, unos señores con batas blancas se afanaban con herramientas varias ajustando relojes. Imagino que no deben estar todos a la vez en hora, pues se puede liar la mundial si se ponen a cantar mas de mil cucos a la vez.

No nos quedamos solo en esta tienda, a pesar del mal tiempo, algunas nos fuimos a ver otros comercios, había de todo, hasta una de quesos y embutidos de la región. El pueblo es pequeño, me dio la impresión que la calle principal era esta, la de las tiendas a los lados de la carretera.

Sobre las 13h nos recogía el bus para llevarnos a comer. No había mas de 10-15km entre las cascadas y el hotel restaurante Gasthaus Staude en las afueras del pueblo, pero la serpenteante y ascendente carretera además de la lluvia obligaban a una lenta marcha, por lo que tardamos algo mas de media hora.


David nos pasó el menú, creo que a todos nos encantó el postre además del escalope... la verdad es que todos los días hemos comido como reyes. La comida además de estar rica era muy abundante, estilo tradicional alemán, claro.


El local estaba en un bonito hotel en mitad de una meseta en lo alto de la montaña, lo que no se es si tendría vistas, porque el cielo estaba panza de burra, y no se veía nada. De hecho, nada más servir el segundo plato, empezó a nevar, y sin gorros, ni abrigos, ni siquiera los jerséis de encima, salimos corriendo a ver caer la nieve y a hacernos fotos. Duramos escasos tres minutos. Tuvimos que volver dentro tiritando.


Los camareros y dueños iban uniformados con trajes de la región aunque los primeros tenían los ojitos un tanto "achinados". 
En las paredes colgaban unos cuadros muy originales, fotografías de guapísimas chicas luciendo tocados y vestidos de la Selva Negra, algunas mostrando sus brazos tatuados. 


Como somos de tierra con mucho sol, lo de la nieve nos tuvo entretenidos un rato, hasta que nos llamaron a filas... autobús y volando para Friburgo. La misa estaba concertada a las 15:30h en la iglesia del seminario Schoferstraße, no llegábamos ni de broma, nos pasamos por lo menos media hora o más.

No importó. Es de agradecer la hospitalidad que siempre demuestran los sacerdotes o responsables que nos han recibido en todos los lugares donde hemos tenido la suerte de celebrar misa. Solo recuerdo algunos, como el Santo Sepulcro en Jerusalén, aquí si que perdías la vez si llegabas tarde, por motivos obvios. O la rigidez de otros templos como la catedral de san Marcos en Venecia, o la de Sevilla, también por motivos obvios El protocolo de los grandes templos. Con todo y con eso, todas han sido entrañables y están en el recuerdo y en el corazón de todos estos peregrinos.


El bus nos dejó en un parking muy cercano, no mas de 200m, y lo primero que vimos fueron las canaletas de Friburgo, adornadas con flores, patitos, pájaros... se llaman Bachle y son parte del diseño de la city desde época medieval. Dicen que si se te va el pie y te metes en una por accidente, volverás seguro a visitar Friburgo o te casas con un friburgués.

Marta no debía saber muy bien por donde se entraba a la iglesia, pues nos metimos dentro del una pequeña urbanización que presuntamente pertenecía al seminario y acabamos delante de una cancela. La suerte fue que se podía abrir desde dentro y no tuvimos que dar la vuelta a la manzana.

La iglesia está muy cerca de la catedral de Friburgo, aunque no tienen nada que ver. Está situada en una calle tranquila y no es un edificio monumental ni nada parecido. La sensación al entrar es la misma que cuando accedes a un claustro de un monasterio habitado: tranquilidad, espiritualidad. Aquí hay gente que medita, que reza, que habla con Dios de continuo.


Es grande, y no está nada recargada: unas vidrieras altas con escenas actuales por las que se derrama la luz; un altar sobre una plataforma de dos o tres escalones con un sagrario que parece estar suspendido del aire; tras el, un mural con lo que me parece que es un Cristo resucitado un tanto "naif" y en un lateral una imagen mariana que tiene toda la pinta de ser bastante antigua, al otro lado, un santo que debe ser san Carlos Borromeo, el titular del complejo. En la web del seminario está la info: iglesia del seminario

Todo lo que vemos ahora es posterior a la guerra, pues Friburgo sufrió un gran bombardeo en el 44 y esta iglesia quedó bastante perjudicada.


En el lateral de las vidrieras, una escultura un tanto extraña que algunos llegan a confundir con una virgen  modernista y que a mi me resultó un tanto tétrica, tanto que la he buscado por foros y enciclopedias hasta dar con ella:

La “Trauernde Theologie” —en español, “Teología doliente” o “Teología en duelo”— es una de las piezas más significativas del interior de la Seminarkirche / Konviktskirche del Collegium Borromaeum de Friburgo. La propia iglesia del seminario la presenta como una figura alegórica femenina y la ciudad de Friburgo la destaca como uno de los detalles artísticos más singulares del templo.

Representa simbólicamente a la teología que llora a los teólogos muertos, en especial a los caídos tras la experiencia de la Primera Guerra Mundial. Fue realizada en 1922 por Emil Stadelhofer (1872–1961) y funciona como memorial para los seminaristas fallecidos.

En la descripción oficial del seminario se subrayan varios rasgos iconográficos: es una figura femenina, lleva una estrella en la frente y tiene las manos apoyadas a los lados, elementos con los que se construye esa imagen de dolor contenido y recuerdo. La misma fuente añade que permanece como una figura de advertencia contra la violencia y la opresión.

También tiene fuerza por el contexto en el que se encuentra: la Seminarkirche, edificada en 1826, es un templo de líneas sobrias que fue casi totalmente destruido en la guerra y reconstruido hacia 1950; dentro de ese espacio austero, la escultura dialoga con el gran mural del Cristo que vuelve de Richard Seewald, de modo que el visitante percibe a la vez memoria del sufrimiento y esperanza cristiana.

No tenía mucha pinta de imagen mariana, no.



Celebró nuestro vicario choquero que recordó con muchísimo cariño a su madre. Rezó y pidió por ella  y por las de todos, porque es así de generoso y de cariñoso. Otra Eucaristía de las entrañables, una muesca mas en estos corazones viajeros.

Sobre las seis de la tarde llegamos al Novotel de Friburgo, un bonito y bien situado alojamiento esta vez con zona de juegos y bar de los que nos gustan. Lo estrenamos después de cenar en el buffet del hotel dirigido por un maître cubano con pajarita roja y gran vozarrón de barítono. Se le escuchaba desde cualquier lugar del comedor donde te sentaras. Cuando me preguntó que qué quería beber, casi que me encogí.


Unos optaron por aprovechar la cercanía al centro histórico para caminar un poco  a pesar del frío y otros aprovechamos para achicar birras mientras nos relajábamos en los sillones del pub. 



Otro buen día, lleno de naturaleza, artesanía y abundante nieve helada, pero nuestros corazones estaban calentitos como el postre del menú en Gasthaus Staude.😆


FOTOS DE TRIBERG



 

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