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domingo, 27 de enero de 2019

Giza, al Sur. Egipto-5

Me desperté en una cama de colchón de plumas, tapada hasta las orejas con un cálido edredón blanco níveo. Por un momento no supe si estaba en pleno Ártico o continuaba de periplo por el Nilo, pero no, aquello era lujo del fino en el hotel Semiramis situado en plena corniche de El Cairo, "la madre del Mundo", como la llamaron los antiguos. La luz entraba a raudales por el balcón que frente a mi cama, (había dos lechos enormes) mostraba la Tahrir Square, tristemente famosa por la represión acontecida años atrás durante "la primavera árabe". Alcanzaba a ver la fachada del rincón más apreciado por egiptólogos y aficionados, el Museo de antigüedades de el Cairo.





Habíamos llegado de madrugada a un hotel con vida propia, aquello era un no parar de gente. Un gran edificio de unas 30 plantas con diversos restaurantes, cafeterías, piscinas, gimnasio, sauna, salón de belleza, sala de fiestas, centro comercial, etc etc.
Tras pasar diversas medidas de seguridad, está vez en serio, nos esperaban en la lujosa recepción abarrotada de árabes sauditas ya entrados en años, con los bolsillos rebosantes de dólares y los brazos cargados de  jovencitas preciosas. ¡Que coraje me dio aquello!. Dan ganas de vomitar. El poder del dinero no tiene límites ni pudor ni honor.


Eran casi las 6 de la madrugada, ya de día, cuando por fin reposé la cabeza sobre la almohada. Dos horas más tarde, una educada voz electrónica al teléfono hizo que me pusiera de nuevo en marcha. A pesar de haber descansado nada me encontraba cargada de energías, estaba claro, Champollion se había colado en mi sesera y me había contagiado sus ganas, ¡por fin conocería las pirámides!, la única de las siete maravillas del mundo antiguo que nos ha llegado a través del túnel del tiempo.
Lo siguiente fue una ducha rápida en un cuarto de baño precioso y un desayuno pantagruélico: tortas de pan preparadas al estilo casero por una señora con pañuelo y mandil, tortillas francesas al gusto con todo tipo de ingredientes elaboradas por un elegante chef, zumos exprimidos sobre la marcha, mermeladas exquisitas, frutas frescas, croissant calentitos, tartas recién horneadas, quesos, embutidos variados.... Allí había de todo. Esta vez sí que me puse las botas, me fui con la tripa bien llena, por si las moscas. Y por fin retomamos el grupo desmembrado el día anterior. Todo fue vernos y empezar a quejarnos de las improvisaciones del mayorista que nos habían hecho perder un  tiempo precioso durante el viaje. -Las quejas cuando volvamos-, decidimos, a partir de ahora, a disfrutar cada minuto de lo que quede.

Un minibus esperaba a las puertas del hotel para llevarnos  a la meseta de Giza, Walid nos aguardaba allí en su barrio. Nos acomodamos en el pequeño espacio y el tráfico de la capital nos engulló  como si fuéramos una minúscula gota de agua en la inmensidad del océano. Casi una hora tardamos en cruzar los 20 kilómetros que separan el hotel de las pirámides y no es por la distancia, es la aglomeración. En mi vida he visto tal caos "organizado". Según cuentas, 17 millones de habitantes y no se cuantos millones de vehículos, al parecer más de uno por cabeza. Salen coches de todas partes, nadie para, no valen las señales de stop ni los ceda el paso y todos quieren llegar primero sin guardar orden, ni norma, ni concierto. Todos suenan y lucen como cacharros viejos, todos tocan el claxon en demasía, todos hablan a voces y gesticulan idem, los transeúntes cruzan por cualquier parte, no existen pasos de cebra, nadie hace caso de los semáforos. Es tremendo. Demasiado para cualquiera con un mínimo de educación vial. Nos contó el guía que no examinan para obtener el carnet, algún conocido, tu padre tu hermano o un primo te enseña, vas a la policía te sientan en una silla, pagas y te lo dan. O te dan dos bofetones si no les gusta tu actitud. Algo así.


Aún no salimos de la ciudad, el bus va circulando por la avenida Al Haram que une El Cairo con Giza  y de súbito, miras hacia arriba y ves la cima. No se cual de ellas es la primera que se asoma a este paisaje, creo que Keops, la más grande. Surge en el horizonte, como la vela de un barco, envuelta en la bruma contaminada de la city. Es entonces y solo entonces cuando te das cuenta de que están ahí, que son de verdad, que tienen tantos años como el mundo y que son enormes, magníficas, faraónicas. Lo de las pirámides es indescriptible, hasta que no estás delante, no sabes como son, no tienes ni idea. No hay fotografía, documental, película o narración que sea capaz de hacerles justicia. Alineadas dicen que están sus cumbres con el cinturón de Orión, allá arriba, en el cielo. Micerinos es la pequeñita, Keops la más grande aunque Kefrén, la del centro, parece superarla en tamaño, es porque se encuentra sobre una discreta elevación del terreno.
La ciudad ha crecido tanto que sus casas han cruzado el Nilo y llegan a orillas de las enormes tumbas cimentadas en la meseta de Giza. Se puede acceder al recinto a pie o en vehículo, pasando por caja, claro. Bajamos del bus para pasear bien la colina,  el conductor nos seguía al volante.  Andábamos caminando detrás de Walid que buscaba una sombra donde cobijarnos, hasta que la encontramos a un costado de Micerinos. Ya hacía calor, los vendedores ambulantes ofrecían bebidas frescas, algunos camelleros negociaban con turistas, encantados de retratarse en tan espectacular paraje a lomos de las bestias elegantemente engalanadas, otros visitantes trataban de escalar los enormes sillares para sentarse unas filas mas arriba y disfrutar el panorama.

Keops se acercaba a cada paso, las paredes lisas comenzaban a descomponerse en pequeños cuadraditos. Una cosa es ver las pirámides de lejos y otra muy distinta tenerlas a un metro. Recuerdo haberme quedado literalmente con la boca abierta durante al menos un minuto cuando llegué a su lado. Lo que a unos metros de distancia parecían pequeños dados, se convirtieron en enormes moles de piedra de toneladas de peso, y así miles, hacia los lados y hacia arriba, hasta 150 metros de altura, uno sobre otro, el superior un poco más adentro que el inferior, formando escalones de gigante de cuento de hadas. Dos millones seiscientos mil bloques que forman la sólida estructura que cubre la tumba del rey, y eso que falta el revestimiento de piedra caliza pulida, otros 27.000 bloques más. La única que los conserva en su vértice es Kefrén, el resto fueron saqueados hace años para otras edificaciones cariotas. Cada vez que pienso cómo debía lucir este lugar hace solo 600 años se me ponen los pelos de punta. Una sensación de fascinación, ensimismamiento e incredulidad te abruma. Por cierto, "pirámide" proviene de un vocablo griego que significa  "pastel de trigo", no se cómo las llamarían los nativos que trabajaron y murieron en ellas. Eso nos lo dejaron claro, nada de esclavos, aquí se pagaba por currar,  y los curritos eran gente de campo que en las temporadas que no había trabajo agrícola se ganaban el pan y la cerveza arrastrando y levantando bloques para el faraón.


Keops, Kefren, Micerinos, nombres helenos para tres grandes reyes del imperio antiguo, Jufu, Jafra y Menkaura, sus nombres egipcios. En nueve periodos y treinta dinastías se divide la historia del Antiguo Egipto, ellos pertenecen al segundo periodo, a la IV dinastía, siglo XXVI antes de Cristo.
El faraón era el dios, el ser supremo, el todo, no cabía pensar en guarecer su morada eterna, sin embargo, unos 600 años después las pirámides serían saqueadas. De hecho, hoy día, la entrada a cualquiera de ellas es por un butrón, un agujero que el califa de Bagdad Al Mamun en el s. IX mandó dinamitar para conseguir los tesoros, aunque el butronero solo encontró un sarcófago vacío, ya no quedaba nada.


Walid nos ofreció entrar en Kefren, ya avisó de la estrechez del recinto, del calor y de los miles de bloques de piedra que penderían sobre nuestras cabezas, la gran mayoria de unas dos toneladas de peso, aunque otros, sobre todo los esquineros, pueden llegar a las 60T.  Es complicado entender esto, sigo sin ni siquiera imaginar cómo pudieron mover estos sillares por mas que me hablen de patines, rampas, cuerdas, poleas.... que no. 
Algunos del grupo entraron, por supuesto nada de fotos, a mi me dió un sofoco en la puerta y me quedé charlando con los guardias. Al momento aparecieron Tere y Antonio y una joven familia de egipcios que  pidieron retratarse con Tere.


 -Nada-, dijeron los exploradores, -un túnel más o menos largo y estrecho, en algunos tramos había que agacharse para continuar y al final, la cámara del rey vacía-. No queda más.
Luego fuimos caminando hasta lo alto de un promontorio frente a las pirámides desde donde los más jóvenes empezaron a tomarse fotos con unas perspectivas de los mas friki, saltando y haciendo el mono, claro. Los talluditos andábamos mirando donde poner los pies para no tropezar y salir rodando cuesta abajo.  Desde luego la vista desde este otero es espléndida, de la arena surgen los vértices apuntando hacia el firmamento, con esos ángulos y aristas perfectamente calculadas, esa posición para unos estudiada  y para otros azarosa.
En la lejanía entre la bruma y el horizonte se dibujan otros promontorios, un pequeño remolino de aire se forma a unos metros, los camellos y coches de caballos trotan por los caminos que serpentean entre las tumbas paseando al cliente impresionado.

Un lugar que fue testigo de una importante batalla entre las tropas napoleónicas y los mamelucos. Cuentan que un joven general Bonaparte arengó a sus ejércitos aquella mañana con una célebre frase que pasó a la historia "Desde lo alto de estas pirámides 40 siglos os contemplan" . Un Napoleón que quiso emular a  Alejandro Magno y Julio César atreviéndose a pernoctar en soledad dentro de Keops. Cuando salió totalmente demudado no fue capaz de narrar lo allí acontecido "no lo creeríais" dijo. Los más cercanos al corso aseguraron que desde aquella noche su carácter cambió para siempre.


Giza es fantástica, no puedes visitar el país y no conocerla, te perderías quizás lo mejor. La majestuosidad, la elegancia y sobre todo los años que llevan en pie las pirámides es una carta de presentación imposible de ignorar.

No había demasiada gente en el recinto, o por lo menos eso parecía. Donde no cabía un alfiler fue en el templo de la esfinge. No se divisaba desde la meseta a pesar de buscarla, se oculta a los pies de una pequeña loma, rodeada por una pared de rocas que la protegen.
Tomamos el minibus para recorrer la corta distancia hacia la entrada del lugar y solo su cabeza tocada con el nemes asoma de las piedras cuando estas ya cerca. Mide 20 metros de altura por 57 de largo, los picapedreros se la arrancaron a un macizo de roca caliza, es una sola pieza. Cabeza humana, con una cara mutilada que desprende una belleza mágica, hipnótica, inescrutable y cuerpo con forma de león, totalmente desproporcionado, muchísimo más grande que la enigmática testa. A saber el motivo, lo mismo hace 4000 años no tuviera esta apariencia sino que fuera un felino enorme, guardián de las tumbas al otro lado del río.
Hubo que hacer cola para retratarse con ella que, mimosa se deja querer, se deja abrazar, besar, mirando como los mortales nos agolpamos a sus pies buscando la imagen perfecta, la más divertida, la más romántica, la más envidiable. Mientras esperábamos, bajón de azúcar que compensé con unos dátiles frescos ofrecidos por Walid además de su consejo regalado "el cansancio está en la mente"... y en el cuerpo también querido amigo.
El templo de la  esfinge parece estar en línea con la pirámide Kefrén incluso vestigios de una gran avenida dicen que existe, lo cierto es que ha estado enterrada durante milenios y fue un joven  Bonaparte quien contemplándola desde su montura se enamoró de ella, ordenó desenterrarla y buscó los secretos que guardaba en sus entrañas, aún ocultos. La puso de moda, y a Egipto también,  sobre todo porque  dió con la llave que conectó el pasado con el presente, el Egipto antiguo con Occidente, la piedra Rosetta, ese trozo de estela que desenterró un soldado del general cerca de Alejandría y que, como siempre, acabó en el British Museum. pero esa es otra historia.
 Nunca olvidaré la imagen de la esfinge con las tres pirámides al fondo, la eterna guardiana imperturbable mirando hacia el Este, que cada día durante tantos años contempla el amanecer , el Sol naciente. Debía resultar magnífica pintada en rojo con el nemes a rayas azul y amarillo.


Aquí acabó la excursión contratada con el mayorista, a partir de este momento quedábamos libres para volver al hotel y disfrutar del lujo oriental o continuar hacia el Sur con el resto del grupo y descubrir algunas de las más de 80 pirámides que se alinean durante 50 km al Norte y al Sur de Menfis, la antigua capital.

 A pesar de estar molidos, decidimos continuar con todos y hacerle caso a Walid: cambiar Saqqara y Menfis,  por Saqqara y Dahshur, las primeras pirámides, la de Zoser y Seneferu, la romboidal y la roja.

Saqqara dista unos 25 kilómetros de Giza, eso se traduce en más de una hora de camino. La carretera elegida por nuestro conductor corría paralela a un canal del Nilo lleno de gente, casas humildes, escombros y basuras. Poco después de salir de Giza el bus se apartó a la derecha y paró en un restaurante  "Alezba village tent", volveríamos a comer en unas horas, pero antes nos aprovisionaron con una canasta llena de panes que supieron a gloria. La comida hoy se retrasaría hasta horario español tarde. Volvimos a la ruta con el traqueteo nos quedamos fritos casi todos. 50 minutos de camino más tarde el bus dejó el curso del río para internarse en un frondoso palmeral que precedía el más árido desierto. Estábamos en la necrópolis de Saqqara, lugar de enterramiento de las primeras dinastías del Imperio Antiguo.

Saqqara no es solo la pirámide escalonada de Zoser, es una extensa zona de enterramientos, con mastabas, otras pirámides, un serapeum y mucha, mucha historia.
El bus avanzaba por un camino que rodeaba otras edificaciones, algunas de ellas semiderruidas, hasta que llegó frente a unas palaciegas murallas oscuras, altas, de unos diez metros de envergadura construidas con bloques calcáreos. Los lienzos presentan hendiduras verticales , falsas puertas y contrafuertes que protegían el complejo funerario del faraón Zóser ideado por su visir, médico, astrónomo y primer arquitecto de la historia, Imhotep el que ideó la forma, hacia arriba, hacia el cielo, otros la perfeccionaron, la pirámide pluscuamperfecta Keops después de los ensayos en Sakara y más al Sur.


Walid nos reúne a la sombra de la muralla y nos cuenta que vamos a ver dentro. Tras cruzar el dintel de una modesta puerta recorremos un pasillo de unos 50 metros que deja libre un bosque de columnas estriadas unidas dos a dos por un murete, es el peristilo de un templo que desemboca en una sala rectangular con otras ocho columnas más altas también afianzadas a pares por una pared entre ellas. Esta arboleda de columnas acaba en un patio al sur de la pirámide escalonada, lugar de celebración de la fiesta del Heb-Sed, la confirmación del faraón, renovación de su vigor, prueba de fuerza como dios y gobernante. Y la pirámide escalonada de Zoser o de Imhotep el sabio, un erudito,  una de esas personas que de vez en cuando la vida nos regala y persiste por los siglos de los siglos por sus enseñanzas y obras. Llegó a ser ascendido a dios de la medicina y la sabiduría en la época de los faraones Ptolomeos, la cultura clásica griega lo asimiló como Asclepio y los romanos le llamaron Esculapio. Cuando Zoser le encargó la obra de su residencia eterna no se conformó con una mastaba, para su rey, su faraón se merecía más, un dios y debía tocar las estrellas y le construyó una escalera hacia el cielo. Superpuso una mastaba sobre otra, cuatro escalones que luego amplió hacia los lados y hacia arriba llegando a seis. Comenzó utilizando ladrillos pequeños para acabar con bloques de media tonelada. Y claro, las pirámides se convirtieron en una obsesión.
Hoy Zoser se derrumba, como un delicado pastel de bodas de varios pisos al sol del desierto, no puede más. A pesar de los andamiajes que intentan levantar los derrumbes del merengue, se viene abajo.



Andaba ya un poco hartita hoy del yallah yallah así que busqué sombra a los pies de un muro del antiguo templo coronado con serpientes esperando que el resto del grupo acabara de subir y bajar unas escaleras cercanas. Cuando todos bajaron para volver al bus me dio por estirar piernas y subir a ver que habían visto allá arriba.


Precioso, desde lo alto de la muralla el panorama es impresionante, una basta extensión desértica en la que se aprecian promontorios diseminados y confundidos con las brumas resplandecientes del horizonte. Se ve la pirámide acodada y alguna más, si te giras a la derecha y miras hacia abajo tropiezas con un profundo pozo con escaleras. Es un mecanismo utilizado para bajar los pesados sarcofagos de granito a la cámara mortuoria subterránea. Se situaba el féretro sobre el pozo excavado y relleno de arena, se construía otro pozo con escaleras colindante y comunicado con el primero y se empezaba a sacar arena. Lo demás lo hacía  un mix de la ley de los vasos comunicantes y la gravedad ... el sarcófago iba bajando de nivel hasta situarse en el suelo de la cámara mortuoria. 

No podíamos abandonar Saqqara sin visitar una mastaba de algún personaje ilustre de la nobleza egipcia. A unos metros de la pirámide de Zoser y camuflada con el suelo de arena encontramos el túmulo. He preguntado a Walid porque no recordaba el propietario de aquellos aposentos y me dice que era Kagemni, yerno del faraón Teti de la VI dinastía, un sabio, según sus palabras. Aunque no nos dejaron hacer fotos, por lo que no puedo mostrarlas, debo decir que en lugar de una tumba aquello parecía la residencia de una persona vivita y coleando de dineros. ¡Vaya pinturas y bajorelieves preciosos y bien conservados!. ¡Vaya escenas de caza y pesca, cocodrilos, hipopótamos, ranas, libélulas, peces, vacas!...¡qué detalles!, ¡que delicadeza! ¡que cosa mas bonita!.
Las pinturas solo presentan tres tonos, rojo negro y blanco, eran las utilizadas entonces, en el imperio antiguo no había mas colores aunque lucen soberbios, en una de las salas hay varias personas representadas y están perfectamente conservados.

 La mastaba reparte sobre 1000 m varias habitaciones, además de la sala funeraria y almacenes. En la sala de ofrendas se sitúa una puerta falsa por donde el alma pasa a la otra vida.
Lo que me llamó la atención: no hay dioses representados en las paredes, solo escenas de la vida cotidiana, sobre todo animales y de una factura exquisita, los artesanos que los hicieron eran los mejores, los del rey.

Montamos otra vez en el bus y seguimos hacia el Sur, unos 10 km, cada vez hay menos gente y hace mas calor...llegamos a Dhashur, donde el faraón Seneferu, padre de Keops ensayó con su obsesión por las pirámides, la roja y la acodada nos esperaban. La zona donde se ubican es o era recinto militar, pero claro, llegaron empujando los del "patrimonio de la humanidad " y los militares decidieron hacer hueco aunque dejaron guardias con pistola y metralleta en pequeños sombrajos de madera, repartidos aquí y allí.

Estamos prácticamente solos, no se ven otros turistas. El bus deja atrás la pirámide negra, que no es mas que un derrumbe de playa de castillo de arena  y la roja, donde luego volveremos, para dejarnos a pie de la romboidal. Disfruté ese momento como una niña con zapatos nuevos, el silencio, la magia del lugar, el desierto, el calor, la luz del sur, el Sol, estábamos solos delante de esa inmensa y robustamente grande y alta maravillosa pirámide. No se si el acodamiento de sus cantos fue un error o un acierto, lo que sé es que si Keops me entusiasmó Dahshur me conquistó por su belleza imperfecta. Esta pirámide conserva gran parte de  su recubrimiento externo, sobre todo en la zona inferior, las paredes se vuelven  lisas al tacto, a la vista, y brillantes, sólo una de las esquinas anda algo derrumbada. Produce un efecto desconcertante en el viajero: tal cual vas acercandote miras hacia su vértice, llega un momento que lo pierdes de vista debido al recogimiento en su estructura. Dos entradas conducen a dos cámaras funerarias distintas. No se puede entrar y de todas formas ya vamos tarde, aquí hay que venir con mas tiempo.

A dos kilómetros de distancia y contemporánea de Dahshur la pirámide roja despunta en el horizonte. Fue la primera de caras triangulares perfectas y es la tercera mas grande despues de Keops y Kefren. Para mi la mejor, es bellísima. No conserva su recubrimiento original de caliza blanca de Tura por lo que el color de la piedra utilizada en su construcción, rojizo, destaca sobre la arena del desierto dándole ese aire de embrujo faraónico.
Se puede entrar y por lo que cuentan en Radio Macuto, es toda una aventura. Nosotros no tuvimos tiempo pero si que vimos el acceso a unos 60 metros de altura, que ya de por si es un triunfo llegar a el.

 Y nos fuimos a comer.... rica rica de verdad la parrillada de carnes y las ensaladas que sirvieron en el restaurante Alezba, un lugar peculiar, tipo chiringuito de parque acuático pero sin agua y con grandes fotos del Aga Kan y la Begum Salima. Muy rústico y costumbrista. Eran más de las 5 de la tarde, ya casi de noche cuando volvíamos  al hotel, no sin antes una parada en la tienda de papiros para aprender el arte de la fabricación de estos documentos y de paso, adquirir algunos. Compré dos y me llevé tres, no muy caros aunque el que me gustaba era uno grandote del busto de Nefertiti sobre fondo negro, precioso, costaba como 300€. Hay algunos realmente espectaculares, recuerdo también una panorámica de El Cairo al óleo que andaba por los 600€, en fin, un dineral.
De allí al hotel y ni ganas de asomar los bigotes a la calle, andábamos todos para el arrastre. ¡ vaya día! Subimos a cenar al italiano de la planta enésima y luego a dormir, que ya casi habíamos perdido el hábito. Un dia nos quedaba en este enorme país y debíamos aprovecharlo a tope.

fotos de GIZA y SUR pinchando en GIZA Y SUR



sábado, 12 de enero de 2019

Mis cosas y Nubia. Egipto-4

No quería ir. Sencillamente. Me parecía una turistada en toda regla. No quería ir y casi me lo pierdo por cabezota. Claro, me faltaba información. No se saben vender estos egipcios. Walid me decía: y ...¿que piensa hacer un viernes en un país árabe donde el día más sagrado es festivo? No hay nada abierto. ¿Se va a quedar en el barco?. Bufff....no. Y bajar sola al mercadillo de Asuán tampoco me atraía mucho.  Total, que entre eso, la rebaja de tarifa que nos hizo para el grupo yque llevo toda la vida conviviendo entre cuatro culturas muy diferentes y ya me extrañaba a mi...me apunté y resultó ser una de las mejores experiencias que tuvimos en ese maravilloso país. Si me lo llega a pintar como realmente fue, hubiera pagado el doble.


Se que han pasado dos meses ya, es Navidad. El exceso de trabajo, las novedades, los preparativos de las fiestas absorben el poco rato que queda libre por las tardes. Este tiempo de Adviento que nos anuncia la llegada de Jesús me prepara para despedir a mi padre. Son más de las cuatro de la mañana, estoy sentada junto a él que yace en la cama, oigo su respiración, no puedo por menos que prestar oído a ese ritmo que se que pronto acabará. Mi madre está tendida en un sofá cercano, esperando, sabiendo y temiendo que esto acaba ya. No tengo sueño, un par de cabezadas, no más, me permite el agónico estado de vigía. Pienso en aquellos días no tan lejanos cuando el mundo estaba en su sitio, cuando lo teníamos todo, cuando aún estaba papá. Que bonita y que sabia es la vida, cuanto nos enseña. Experiencias que nos sirven, ahora, para mantenernos de pie, para no derrumbarnos, para hacer de tripas corazón y recordar lo bueno y alegre, los días felices y aferrarnos a ellos con uñas y dientes, mostrando sonrisas que guardan lágrimas. Gracias a esa vida que nos lo dio y me permitió estar con el mas de 58  años. Y gracias por esta familia y amigos que tenemos que no nos dejan. Las alegrías compartidas con vosotros son mas grandes y las penas mas chiquitas, o por lo menos, se llevan mejor.
 Estoy deseando que amanezca, que la luz inunde está habitación donde la espera marca el paso del tiempo. La luz del Sur. La luz del Sol, la luz que Dios nos regaló. Que maravillosa y sabia es la Naturaleza, nacemos de la oscuridad con las manos vacías y así nos vamos.
Retomo el relato, es mejor centrar el pensamiento en algo, a estas horas ayuda, y ¡como!.

Nos llevaron en faluca. Esas preciosas y blancas naos de enormes velas que surcan el tranquilo Nilo.
Es muy temprano, no he sido capaz de desayunar mas que un poco de te. El magnífico bufett del barco a estas horas no es para mi estómago. El Sol lleva minutos en la calle iluminando un cielo azul resplandeciente. Embarcamos ayudados por los marineros y la faluca comienza a deslizarse suavemente por el agua en calma.

 Miro las velas y oigo el roce del viento que las infla, empujando la nave. Alucino con las cuerdas y los palos, nada ha cambiado en siglos. Es una navegación serena, silenciosa. Nada enturbia la calma, el sosiego que nos rodea.
El entorno no puede ser más bonito. A una orilla, se despliega la ciudad que comienza a despertar con sus edificios altos, casas humildes, hoteles imponentes... al otro lado, la arena del desierto formando dunas, algunas colinas, un pequeño monasterio... la tierra dorada lo inunda todo...
Formamos un grupo pequeño: Bea, Gonzalo, Pedro con sus tres preciosas chicas y nosotros ocho.


Un par de chiquillos se acercan surfeando en las aguas tranquilas, se sujetan al bordillo de la barca y comienzan a cantar "la Macarena". No tendrán más de 8 años, hoy no tienen cole, es viernes, es festivo. Se aproximan a los turistas a ver si caen unas perrillas. ¡Que guapos son! No paran de sonreír y cantar. Les  jaleamos y soltamos unas monedas, luego la corriente los aleja.

Los marineros nubios dejan la faluca a merced de la brisa, sacan no se de donde una enorme pandereta que comienzan a golpear con ritmo alegre mientras cantan una canción muy pegadiza. Nos animan a seguirles aunque no les entendamos. ¡Cualquiera sabe que decimos!. En un momento todo es un batir de palmas, risas, alegría y jarana. Son distintos estos nubios de los egipcios, mas oscuros, ojos muy expresivos, algunos los tienen azules o verdes.

Tras la fiesta, los chicos despliegan en el suelo unos fardos donde guardan artesanías: pulseritas, collares, pendientes... muy bonitos, baratos, todo es barato en este país. Yo me quedo prendada de un pequeño cocodrilo de madera articulado, es un juguete antiguo, me dicen. 
Cristóbal nos regala a todas las señoras un pequeño detalle en recuerdo de esta maravilloso día. Es todo un gentleman este señor.

Poco después debemos cambiar de barco, saltamos de la faluca a una pequeña motora que venía siguiéndonos desde hace rato con la bandera de España izada en su proa. Es más fácil maniobrar con ella entre las rocas que debemos atravesar para llegar al poblado. Subimos al techo, desde allí se domina mucho mejor el paisaje. ¡Que singladura mas hermosa!.

Bonitas vistas de la isla Elefantina, del hotel Old Cataract, donde Agatha Christie escribió su famosa "muerte en el Nilo" y del mausoleo del Aga-Khan. Y por fin, entramos a la reserva, unos caracteres esculpidos en una roca lo indican. Cambio en la vegetación y en las piedras que sobresalen del agua, parecen elefantes disfrutando de un refrescante baño matutino, forman pasadizos por los que vamos colándonos, serpenteando entre estas agrupaciones rocosas y arbustos, alejándonos de la corriente central. Las mimosas abundan por doquier, se encogen al varearlas, sus hojas se vuelven casi espinas. 

El agua, en otras zonas del río turbia y babosa, es aquí clara, cristalina. Pájaros de colores azulados y verdes aletean entre las ramas que acarician el agua. ¡Que belleza! Ningún ruido altera este tranquilo escenario mas allá del batir de las aspas del motor contra la superficie. Estamos llegando a uno de los poblados que mantiene viva una cultura milenaria. Los nubios son un pueblo absorbido por Egipto y Sudan, una raza que fue esclavizada por las riquezas envidiables del reino de Kush y sin embargo tan generoso que dió al Egipto faraónico varios grandes gobernantes como Taharqo o Pianjy faraones cushitas de la XXV dinastía. Un pueblo que tuvo que abandonar sus casas en la antigua Nubia cuando se construyó la presa de Asuán y buscarse la vida en otras localizaciones. Un país, Nubia que desapareció cuando Inglaterra decidió repartir sus territorios, entre Egipto y Sudán.
Unas voces nos alertan, nos acercamos a la arena, al desierto. Se adivina en la lejanía un grupo de personas sentadas a unos metros de la orilla, se percatan de la presencia de nuestra nave y comienzan a hacer aspavientos, a levantarse para acercarse, a llamarnos.

 Son vendedores, comercian con bebidas frescas y arena del desierto envasada en diminutos frascos de cristal. "tres a un euro" ofrecen. La nave se acerca unos metros más y alcanzamos a ver un poco mas arriba un grupo de camellos. Están sentados, un puñado de turistas que han llegado antes que nosotros andan montando en los animales, nos esperan para formar la caravana. Nuestro capitán embarranca la motonave en la arena, Walid salta junto con parte del grupo y se van a por los camellos. Yo ya he tenido en alguna ocasión esa experiencia y prefiero disfrutar del paisaje y del sol en la cubierta del barco. Una vez todos los valientes en sus cabalgaduras, nuestro guía vuelve a embarcar y partimos a ritmo tranquilo hacia la reserva, siguiendo en la distancia a los camellistas, aunque, claro, llegamos antes que ellos. 

Mas de uno se pensó que salía rodando entre las orejas del bicho al tomar tierra.

Los navegantes llegamos al poblado,, casas de alegres colores con sus bóvedas y fachadas encaladas en blanco azulete, ventanas y puertas azules, verdes y amarillas. Los nubios pintan el color de la naturaleza. desembarcamos en un alegre muelle con empinadas escaleras que nos conducen  a la vivienda nubia donde nos dirigimos. El dintel de la puerta se adorna con un cocodrilo seco, negro y tieso. Costumbres, además, seguro que ahuyenta los malos espíritus.

La dueña de la casa acostumbrada a ser anfitriona, nos recibe con gran amabilidad, ofrece te con menta y nos permite paso a todas las estancias, para que conozcamos las peculiaridades de su hogar. Un amplio y fresco patio entoldado de paredes azulonas, adornado con platos de cerámica artesanales se divide en varios espacios preparados para recibir grupos de visitantes. A un lado, una puerta comunica con el resto de la casa, junto a ella un pequeño tenderete de artesanía vigilado por una señora mayor. En medio del patio unas pequeñas jaulas donde guardan un par de crías de cocodrilo que han caído en las redes de los pescadores y engordan hasta que son devueltos al lago Nasser, las cuidan como mascotas. Mientras los chicos disfrutan del te, las señoras somos invitadas a tatuarnos con henna algunos de los  motivos que nos muestran en papel. No soy muy amiga de estas artes pero al fin me decido por una pequeña llave de la vida.


Entre tatuajes, te, compras y bromas llega un señor y saca uno de los reptiles de la jaula, nos incita a tocar y coger en brazos a la cría. Al principio nadie se atrevió pero claro... somos españolitos. Comentar que todos los chicos y alguna chica tienen foto con el bebé cocodrilo en brazos, que tenía una envergadura de casi 2 m. de punta a rabo. Yo lo toqué, es frío, duro por arriba como una piedra, la barriguita es más suave. Por cierto, le pusieron un anillo en la boca para que no chistara.
A la abuela de la casa le compramos algunas cosas, abrecartas de madera de sándalo, un par de llaves de la vida y algunas  muñequitas nubias.
La visita no acabó aquí, aunque era festivo, fuimos a conocer la escuela del pueblo. Paseito por la calle real "asfaltada" en arena y piedra motos que se caían a cachos y alguna furgona nos adelantaron camino de "la plaza mayor" hasta que  nos dimos de bruces con el Carrefour nubian. Menos mal que estaba cerrado, si no aun estamos allí.

 Llamaron al maestro y nos abrió la escuela, nos sentamos en los bancos y el pobre hombre empezó a enseñarnos letras y números. A mi que estas cosas me cuestan, me castigaron. Ya en parvulitos me pusieron mas de una vez las orejas de burro. Y como además siempre he sido muy rebelde, pues no quería estar de cara a la pared y me llevé la peor parte. Por lo menos aprendimos como se escriben nuestros nombres en árabe fonéticamente hablando.


 La excursión acabó con un baño en el Nilo de aguas frescas y cristalinas. No estaba entre mis planes  lucir blancas carnes en tan linda ubicacion, así que no me llevé el bañador, y me arrepentí. Puse remedio remangándome los vaqueros y al agua, allí fui a tirarles fotos a los que se bañaron y me pusieron  perdida de agua.

Volvimos al crucero sobre las 12 del día, esta vez en la motonave y rapiditos. Nuestra experiencia a lo largo del Nilo acababa ya. Había llegado el momento de partir hacia el Cairo, y aunque llegamos juntos desde España unas 30 personas, abandonábamos Asuán en distintos vuelos a lo largo de este día.
Otra nueva improvisación del mayorista, el avión retrasaba salida hasta las 2 de la madrugada, a Walid lo enviaban a la capital en tren que partía a las 15h. Había negociado con el barco para que pudiéramos cenar a bordo y disponer de los camarotes hasta que vinieran a recogernos a las 11 de la noche. Me sentó fatal este cambio de planes, sobre todo porque  me presumía una noche en blanco (como así fue) tras la cual vendría otro día agotador con importantes visitas de las que no estaba dispuesta a perder una coma.
En fin, no vale de nada enfadarse, siempre es mejor buscar el lado bueno y disfrutar. Nos quedaban unas relajadas horas por delante en las que poder acumular energías para conocer las pirámides al dia siguiente.

Comimos y nos fuimos a echar la española siesta que duró casi hasta la hora de cenar. Tras la soiré en la terraza superior, maletas y al aeropuerto. Aquí pasamos un rato malo de verdad: Antonio no aparecía en ninguna lista de pasajeros y claro, eso no podía ser. Cuando facturamos todos los que aparecíamos en las listas, se dieron cuenta que faltaban el mismo número de personas que estando presentes no estaban en sus papeles y entonces se acabó el problema. Se nota que andan desentrenados en el tema turismo. Esto no puede pasar, no se pueden organizar estos jaleos con todos los viajeros delante y recurriendo siempre a la improvisación. Eran más de las 2.30 am cuando subimos al avión.
Lo de la llegada al hotel Semiramis, el mas lujoso en el que me he alojado nunca, pertenece a otro capítulo, no se cuando retomaré la escritura. Ahora es momento de despedida, una a la que deberé acostumbrarme en los próximos días.

fotos del dia en el poblado nubio de Asuán:poblado nubio


domingo, 4 de noviembre de 2018

Ramses II el grande, rey entre reyes. Egipto-3

¿Que ocurriría en este país si nuestros brillantisimos políticos de turno decidieran unilateralmente  hacer una presa en el río Guadalquivir? Seguro que la mayoría nos quedaríamos primero estupefactos y después montaríamos la "marimorena" intentando parar el desastre, viendo que tendríamos que utilizar aletas, gafas y tubos de snorkel para visitar la Giralda o el puente de Triana.  Algo así fue lo que tuvo que acontecer a finales de los 50 del siglo pasado en Egipto cuando el gobierno se decidió a construir la presa alta de Asuán en colaboración con la difunta URSS. Los que suelen discurrir dos veces las cosas, vieron venir a galope el desastre.
Abu Simbel en su emplazamiento original 

La presa era necesaria, mucho, claro que si, la existente, había sido ampliada en dos ocasiones y no paraba de amenazar con desbordarse. Con la nueva, se conseguiria dominar el río, además de garantizar suministro electrico a todo el país. Era un gran proyecto,  pero también había que tener en cuenta "daños colaterales" y más aún si eran de dimensiones faraónicas. Los principales monumentos de la región de Nubia ya pasaban con los pies metidos en agua algunos meses al año y con la construcción de la nueva presa, descansarían en el fondo del lago por los siglos de los siglos si no se ponía remedio. Bien cierto es que, en esa época, los gobiernos en general no estaban tan por la labor de cuidar la herencia dejada por la historia como ahora. Habían pasado apenas 15 años de la Segunda Guerra Mundial y muchos países  aún andaban recuperándose de aquella monumental verguenza.
Abu Simbel siglo XIX lámina.

 Una gran parte del patrimonio cultural de Egipto en peligro inminente y sin un duro para poner remedio. Por fortuna, la UNESCO, creada justo al finalizar la contienda, se hizo eco del desastre anunciado por la élite cultural y la llamada internacional tuvo una respuesta multitudinaria,  millones de dólares del la época, (60 solo para Abu Simbel) y 900 personas con pasaporte de 22  naciones distintas llegaron a Nubia remontando el río (entonces no había ni aeropuerto ni carretera). Enviaron a sus mejores expertos que se agruparon en 40 equipos y se remangaron las camisas.
Gracias a ello hoy, jueves 11 de octubre, nos encontramos transitando una larguísima carretera recta que nos adentra en el desierto nubio. No se ve nada mas que arena, rocas, rocas, arena y mas arena, el cielo y unas serpiente negra de asfalto que rompe el horizonte en dos.

Lo que leo en todas partes de que Debod fue un regalo de Egipto a España por participar en el rescate de los templos nubios, que se lo cuenten al ministro de exteriores de Franco. Creo que aquella historia se puede resumir de manera amable en esa frase, aunque las negociaciones fueron de sudor y lágrimas. Debod estaba en la isla Elefantina metido en cajones de madera casi sin orden ni concierto, tal como lo dejaron los polacos, se pegó allí la friolera de 10 años hasta que atracó en el puerto de Valencia. Lo reconstruyeron en Madrid, una mala decisión a mi parecer pues, por muy maravilloso que luzca, hay ubicaciones mucho mas adecuadas en España, de clima mas parecido al original, con el mismo turismo o más que Madrid y mucha menos polución, donde se conservaría mejor.




El dia ha debutado con pie izquierdo. A las 4 am estábamos sentados en el bar-cafetería del crucero tomando café, haciendo hora, por lo menos media, para recoger a los demás integrantes del grupo con los que viajaríamos al Sur. Nos dice Walid que vienen destrozados, la nave se les averió en Esna, las visitas de ayer, Edfú y Kom Ombo las hicieron en bus. El mayorista decidió cambiarles de barco y cuando volvieron por la tarde a Esna a recoger las maletas se las encontraron secuestradas. Son las 4.30 de la mañana y acaban de llegar a Asuán. Dejan sus equipajes en la nueva nave y suben a nuestro bus. Llevan 24 horas sin pegar ojo y dispuestos a esta nueva paliza. Hay valientes, de verdad. las reclamaciones la semana que viene, ahora "carpe diem".
Con tanto meneo, nos amanece cruzando sobre la presa de Asuán, desde ella contemplamos el espectáculo del templo de Filae, dedicado a la diosa Isis, otro de los que hubo que cambiar de isla para alzarlo y que mostrara sin pudor su belleza a los ojos de estos turistas del siglo XXI. Unos kilómetros más allá comienza la basta extensión del desierto, con un sol naciente en perspectiva se hace el silencio en el bus, todos dormimos plácidamente.


No vamos en convoy, transitamos sin más escolta que conductor y guia, con ellos debe ser suficiente aunque si que paran en los controles donde les piden santo y seña. Mas bien la policía busca la matrícula del vehículo en los papeles y dan el visto bueno, si puede ser con alguna propinilla incluida.

Unas dos horas y media más tarde me despierto, estamos llegando, nuestro guia comienza a contar por el micro la historia de Ramsés II, (el contemporáneo de Moisés) sus faraónicas obras, guerras y familia, se acabó la siesta. Aprovechamos para desayunar, el bus no para en todo el camino. Los del hotel flotante nos han dado unos picnics-desayuno con un montón de comida, mi bolsa pesa un quintal, además de 8 bocadillos de panes variados con queso fresco, mortadela egipcia y embutidos no identificados, encuentro una botella de agua, un zumo, una pera, un plátano, pepino, dátiles, otra fruta que no se lo que es, huevos duros y dulces. Tengo comida para dos días.



Abu Simbel es Ramsés II. No hay Egipto sin Ramsés igual que no hay Roma sin César. No hay lugar del país donde no esté escrito su nombre como no hay lugar de su imperio que él no  hiciera mas grande. El mejor faraón de todos los tiempos. Hoy conoceremos a un mito, un rey cuyas leyendas se acercan tanto a lo real que lo hacen irresistible. El paso del tiempo lo convirtió en un héroe, en un dios nacido entre las arenas del desierto. 
Seti I, segundo faraón de la dinastía XIX, ramésida, no estuvo en el poder demasiados años, dejando el trono en manos de su joven hijo Ramsés II al que desde pequeño ya había preparado para gobernar. A los 10 años era general de los ejércitos, pronto se convirtió en un líder respetado por todos. Como militar consiguió mantener las fronteras de su país incluso expandirlas, como rey y constructor logro divulgar la cultura faraónica incluso a países vecinos como Libia o Palestina, creando un periodo de esplendor que ningún otro gobernante lograría jamás. 



Fue el más longevo y prolífico de todos los faraones, en una época en la que la esperanza de vida era de unos 35 años tirando por lo alto,  llegó a los 90, tuvo que enterrar a muchos miembros de sus familia, entre ellos a su amada y preferida gran esposa real Nefertari, "por la que brilla el Sol". Una tumba, la KV5 cercana a la suya en el Valle de los Reyes, acoge a muchos de sus 152 hijos e hijas. Su momia, expuesta hoy en el museo de antigüedades de El Cairo, hace unos años comenzó a deteriorarse, la solución la tenían en París por lo que allá la trasladaron aunque no sin antes gestionarle un pasaporte, (cosas de los gabachos), le recibieron con honores de jefe de estado, como correspondía, sin duda.

Ramses debió ser un megalómano monumental, todas sus acciones iban encaminadas a engrandecer su figura y dejar huella en el mundo. No dudó en usurpar edificios, inscripciones y estatuas de otros faraones, incluido su padre. Llevó a cabo la sala hipóstila de Karnak proyectada por Seti I, ampliando tanto este templo como el vecino en Luxor, aportó sus megalíticas estatuas a los pilonos de entrada para que el pueblo pudiera adorarle, en Abydos le dedicó otro santuario a Osiris, se construyó su propia capital Pi Ramsés, levantó en Tebas el Rameseum, su templo funerario además de ordenar las tumbas de Nefertari (QV66) una de las mas hermosas segun cuentan del Valle de las Reinas, la suya propia y la de sus hijos, rematando la faena con ocho speos en Nubia de los cuales el mas grande, Abu Simbel lo situó justo en la frontera, para que todo el que llegara supiera dónde se metía y quien mandaba.



Bajarse del bus y aparecer los vendedores todo es una, lo malo es que tras 200 minutos de encierro viajero vamos desesperados buscando los WC, no hay quien aguante. En todos los servicios de los  lugares visitados hasta ahora, suele haber corrillos en la puerta, los cuidadores piden propina, yo voy pertrechada con mis monedas de 50 céntimos y euro, les digo que pago a la salida y entonces te dan un trozo de papel higiénico. En los lavabos, la señora de turno abre el grifo para que te asees y te da gel. Algunos servicios están mejor y otros peor. En el Valle de los Reyes vi a un señor que entraba con un cubo de lejía a desinfectar, aquí una chica anda limpiando. Tratan de mantener lo que tienen como pueden, pero vamos, mucho mas estropeados los he visto en países tan "civilizados" como Italia o Francia. 

Enfilamos por el camino que nos lleva a las colinas, el enorme lago Nasser, un "mar" infestado de cocodrilos, completa el escenario esta mañana. Sus aguas azul brillante contrastan con las cálidas arenas desérticas y ese sol dorado radiante, implacable que ya comienza a apuntar al mediodía. Dan ganas de quitarse los trapos de encima y darse un buen baño.¡Si no fuera por los cocodrilos a ver quien se resistía!
Abu Simbel es una de esas raras joyas que son difíciles de creer cuando las contemplas por primera vez. Bajamos la cuesta, voy observando como se hace grande la enorme construcción ideada por los ingenieros de la UNESCO, la bóveda que da soporte a la montaña artificial donde alojaron el templo y entonces me quedo quieta, contemplo el perfil de Ramsés en la lejanía, mi cerebro convierte las dimensiones, no me engaña, es fabuloso. Entran ganas de salir corriendo para acercarse, de estirar los brazos en un gesto de abarcarlo todo,  sonríes, miras a los demás, no puedes creer lo que ves aunque lo ves... Emociona, encandila, embruja... es un subidón de endorfinas colosal. Ahora entiendo a aquella japonesita que un dia al bajarse del bus en el mirador de San Nicolás lloraba desconsolada contemplando la Alhambra. Las emociones dominan. Doy gracias a todos los dioses por esta majestad.

Estoy como una chiquilla de ocho años el dia de Reyes, demasiadas sensaciones se agolpan en mi cabeza, trato de racionalizar y que vayan entrando de una en una.
Llegamos a la explanada, detrás mío las aguas azulísimas del lago, delante dos megaconstrucciones, el templo grande con sus cuatro colosos sedentes tocados con el nemes y la  doble corona de ambas tierras, a su derecha el templo menor con seis imágenes de 10 metros, cuatro del faraón y dos de Nefertari hieráticos en su postura, adelantan una pierna, parece que quieran desprenderse de la pared para venir a recibirnos. Este lugar es un regalo maravilloso de Ramsés para toda la humanidad que nos ha alcanzado hoy a nosotros en el tiempo,  a través de los siglos, de los milenios. Abu Simbel es colosal, no encuentro palabras para describirlo.


 Walid nos agrupa frente al templo grande para explicarnos lo que vemos y que encontraremos dentro, el no puede entrar, simplemente no dejan para evitar aglomeraciones puntuales que perjudiquen los relieves. Mientras habla, yo sigo con la vista clavada en el rostro del "más grande" que me tiene embobada. Debía ser muy joven cuando ordenó la construcción de este templo rupestre, he leído que fue en  el quinto año de su reinado. 
Los egipcios no contaban los años como nosotros, cada vez que subía al trono un faraón comenzaban, borrón y cuenta nueva: año primero del faraón Seti I, año segundo....También existía una lista oficial de faraones de la que echaron a mas de uno y no se supo de ellos hasta tiempos recientes como a Hatsepsut, Akenaton el hereje o su hijo Tutankamon, descubiertos a base de estudios y trabajos arqueológicos.

 Nos acercamos a la fachada del templo grande. Ramses luce impávido, sus estatuas sedentes miden unos 20 metros y no están exentas, son obra de magníficos golpes de maza y martillo de unos canteros excepcionales. Arriba, un friso con un montón de babuinos saludan al nuevo día con sus gritos. 

De los 4 colosos sentados, uno está destrozado por un seísmo, según nos dice el guía ocurrió en tiempos del faraón, solo que él no se enteró nunca. Cualquiera iba con el cuento a decírselo. 😓

Los rostros de los cuatro, mejor dicho, de los tres que se ven, son muy parecidos, no se como lo consiguieron pero lo consiguieron. A los pies de cada uno a  tamaño un poco más grande del original, colocaron a los miembros de su familia favorita, su esposa Nefertari, una joven noble con la que se casó siendo adolescente, su madre, sus hijos de nombres un tanto enrevesados etc.Unos relieves muy significativos muestran a prisioneros de guerra africanos.


La historia de amor de Ramsés y Nefertari es extraña para el uso de aquel momento, lo que se cuenta es cuánto la quería él, no sabemos si era correspondido. Cierto es que el faraón le otorgó un montón de títulos a su amada como por ejemplo los de  "princesa heredera", "esposa del rey", "esposa del dios", "soberana de las dos tierras", "la bien amada por Mut", "por la que brilla el sol"..,  le fabricó la mejor morada para el más allá que existe y existirá en el Valle de las Reinas y que le dedicó el templo pequeño de Abu Simbel, a ella y a la diosa Hathor, Nefertari luce aqui en la misma dimensión y estatura que su "primer y único" esposo. Parece ser que ella murió antes de finalizar la obra, no sabemos si de alguna enfermedad espontánea o inducida por el clan de otra esposa real, Isis-Nefert. Dicen que el faraón andaba inconsolable, tanto, que a pesar del harén que tenía en casa, se casó con dos de las hijas que le dió Nefertari. Digo yo que se parecerían a la madre.... 
Entre sus muchas bodas, tuvo algunas con princesas hititas como parte del "acuerdo de paz y no agresión más colaboración" que firmó con el pueblo hitita, que casi le comen por patas cuando en el quinto año de su reinado se liaron a trompazos en Quadesh. Acuerdo de paz que consta como el más antiguo de la historia, en el que Nefertari tuvo algo que ver.


interior sala hipóstila Abu Simbel. Rey en carro al fondo
En mitad de la fachada, vemos al dios Ra ,con cabeza de halcón y circulo solar en lo alto flanqueado a ambos lados por bajorrelieves del faraón adorándole. Cruzamos la puerta y entramos a la sala hipóstila, la única luz que penetra en el templo es la de esta entrada, la vista se acostumbra en unos segundos y es cuando aparecen a nuestros ojos las ocho columnas osíricas de 10 metros de altura con el rostro del faraón, cuatro a cada lado. Cruzan sobre el pecho el flagelo y el cetro del dios. Las de la derecha con la corona blanca del Alto Egipto, las de la izquierda portan la doble corona que unifica las dos tierras.

Detrás, los muros donde queda reflejada la "victoria de Qadesh", una manera muy particular de contar la historia. 
Andamos buscando un grabado en concreto que nos ha comentado Walid, en el que el faraón aparece subido a su carro de combate disparando flechas. Tiene tres brazos y no es un error, aquel con el que tensa el arco es doble, uno suyo y otro el dios que le anda echando una mano, nunca mejor dicho. 



Pasamos a la segunda sala hipóstila, mas pequeña, mas oscura, el recogimiento y el silencio es mayor, ya nos acercamos al santuario, la penumbra es total. Distingo cuatro estatuas sedentes, a la izquierda el dios Ptah, el que queda siempre en la oscuridad, a continuación la triada, Ramses flanqueado por Ra y Amón, bien protegido, bien acompañado. Nos contó Walid el fenómeno astronómico que ocurre los días 22 de octubre y 22 de febrero: el sol en su nacimiento avanza por la puerta del templo, recorre los 60 metros de profundidad  hasta la "sancta sanctorum" y alumbra durante 20 minutos sucesivos las estatuas de los dioses Ra , Ammon y Ramsés divinizado, sin tocar una mijita a Ptah. Ese día, unas 2500 personas se apiñan dentro del speos en un silencio sepulcral esperando ser testigos del fenómeno. Este efecto solo varió en un dia con la nueva ubicación.

El ambiente empieza a enrarecerse, demasiadas personas dentro contemplando los maravillosos grabados de las paredes que aún conservan parte de las policromías. Momento de salir y echarle un vistazo al templo menor dedicado a la diosa del amor y la belleza Hathor y a la reina Nefertari.
No me resisto a hacerme una foto con ella, que chiquitita me siento.

En el interior no aguantamos mucho, es bastante mas pequeñito que el de Ramsés y puede que haya el mismo número de personas. Cuenta con  solo una sala hipóstila de seis pilares hatorizados, rematados con la imagen de la diosa Hathor.



Está dedicado totalmente a la idealización de la Nefertari que Ramsés guardaba en su corazón, a la mejor compañera, a su reina, también a la música, a las flores y a la belleza.
Se trata de otro templo rupestre excavado en la roca. Solo Nefertari, el faraón y los dioses ocupan sus paredes. Uno de los grabados más importantes es aquel en el que la reina es coronada por las diosas, honor solo permitido al faraón. Demuestra la importancia que tenía para Ramsés su reina.




Finalizamos esta visita con pena, se ha hecho realmente corta,es momento de irse, ya empieza a hacer mucho calor. Una media hora más para fotos y regresamos a Asuán. Al salir, desde uno de los miradores que dan al lago, algunas  preciosas vistas. La luz de este trópico es increíble. Los colores resaltan como nunca hemos visto.




 Tras otras tres horas de carretera, llegamos al crucero para almorzar y volver a salir pitando a conocer las canteras de Asuán.Yo preferí disfrutar de una buena siesta antes que del monolito inacabado, lo veré en mi próximo viaje a Egipto, la verdad no me llamaban nada los 40º grados a la sombra de aquella tarde, aunque debe ser muy interesante cómo conseguían extraerle a la roca  esos impresionantes bloques de 30-40 metros de alto y toneladas de peso a base de fuerza bruta.  

Lo que sí me importó fue perderme la fábrica de elaboración de esencias de la que no tenía ni idea. ¡que le vamos a hacer!

El día acabó con una excursión al templo de Filae, la perla del Nilo. Llevaba dos días dándole la brasa al guía con que quería conocer este templo, uno de los más recomendados a todos los niveles, y él que sabe torear en las mejores plazas como ya dije, consiguió hacer sitio en nuestra apretada agenda: visita nocturna con espectáculo de luz y sonido en español. Todos volvieron maravillados. 
Hay muchos videos en internet aunque no es lo mismo. Lo bueno, siempre, en vivo y en directo.




. cómo se salvó Abu Simbel


para saber más: Abu Simbel

fotos de Abu Simbel