ÍNDICE PEREGRINACIONES

INDICE PEREGRINACIONES

 2.010.-  TIERRA SANTA    VIDEO Tierra Santa 2.011.- ITALIA :  Florencia ,  Pisa ,  Padua ,  Venecia ,  Asís ,  Roma   VIDEO fotos   2.012.-...

martes, 6 de octubre de 2026

Descenso del Sella y Ribadesella 20.09.2026

Domingo 20 de septiembre, amaneció una mañana soleada, llena de luz, perfecta para los planes escritos en el cuaderno de bitácora señalados ese día, el descenso del Sella. No todos, los cobardes nos quedábamos en tierra.

Me despedí de León con pena, me pareció una magnífica ciudad con mucho por ofrecer, es de recibo dedicarle más días.

Después de desayunar emprendimos camino hacia Arriondas a 170 km, ya en Asturias, punto de salida del descenso del Sella. Nos sorprendieron para bien la calidad de las carreteras asturianas, están perfectas, aunque la autopista era de pago y cara.

Llegamos a las instalaciones de Jaire Aventuras rozando las 12 de la mañana, dejamos a Tesla en su aparcamiento y nos dirigimos a la nave principal. Aquello tiene pinta de campamento de actividades para niños y adolescentes, también adultos con ganas: tirolinas, rocódromo, puentes colgantes, circuitos para hacer el mono, incluso mesas de madera con bancos corridos tipo camping. En la misma puerta las perchas con trajes de neopreno de distintas medidas y a su lado decenas de chalecos salvavidas. Había muchísimos chicos jóvenes en chanclas, bañador y camiseta preparándose para coger las palas y echarse al agua.

instalaciones Jaire Canoas

Nos atendió una jovencita rubia muy amable que nos explicó todos los detalles de la actividad: equipo necesario, recorridos posibles, duración de cada uno, donde guardar la ropa de repuesto para que no se mojara y lo mas importante, como llegar al pueblo andando para los gallinas. Lo único que exigían era saber nadar y preferiblemente llevar crema solar, bañador y escarpines.

Jose, nuestro único palista, tenía ilusión acumulada desde hacía años por completar este recorrido, no se si cumplió sus expectativas, lo que si cumplió fue su deseo. Se cambió, metió en el bidón que le facilitaron su ropa seca y pertenencias, se compró allí mismo una funda estanca para llevar el móvil colgado del cuello, se colocó el chaleco salvavidas y cuando ya estaba casi listo, volvió dentro a comprar una gorrita para protegerse del sol que andaba apretando.

Un monitor del complejo pidió a los participantes que cogieran las palas de un arcón cercano, Jose estuvo buscando una mas corta, pero todas eran iguales. Se colocaron alrededor del chaval que les dio algunas nociones de cómo funcionaba aquello y se dirigieron hacia la rampa de salida. Nosotros también fuimos. Situada en la parte trasera de la cabaña principal del complejo vimos una resbaladera de unos 7 u 8 metros que acababa en el río, una buena forma de comenzar el paseo con un subidón de adrenalina. Una vez embarcado, el monitor pedía alzar brazos agarrando las palas y te impulsaban por la resbaladera hasta acabar en el agua con un buen chapuzón. 


Nos encontramos con un grupo de jovencitos que iban a pasar el día, llevaban comida y bebida en bolsas de mercadona para montar un buen almuerzo río abajo. También coincidimos con una pareja de amigotes acompañados por un pastor alemán. Al perro se le veía un tanto nervioso, creo que no se fiaba mucho de la habilidad de su amo para mantenerlo a flote. No hubo manera de meterlo en la embarcación. Lo intentaron dejando la rampa atrás,  bajando hasta el río arrastrando la canoa, pero nada, no hubo forma, al final tuvieron que dejar al animal encerrado en el coche.

Llegó el turno de Jose, se subió, empujaron su piragua, pegó el gran zaleazo en el río y perdió la recién estrenada gorra que se quedó en la resbaladera. Antes de que lanzaran una nueva canoa, consiguió maniobrar y recuperar su complemento para protegerse del sol durante la travesía. Le dijimos adiós desde lejos y nos pusimos en marcha hacia el pueblo, a unos 500 metros de distancia. Teníamos por delante un par de horas o tres hasta reunirnos de nuevo. Había elegido el recorrido corto que acababa en el puente de Toraño unos 7km rio abajo, el largo acababa en Llovio pero eran 15 km, quizás para un día entero y aprovechar haciendo paradas para bañarse entre palada y palada.

Arriondas es una pequeñita población asturiana famosísima por el descenso del rio Sella, si no fuera por este acontecimiento que se celebra anualmente y se puede disfrutar cualquier día del año, el pueblo sería prácticamente invisible. Esta prueba nació en 1929 impulsada por Dionisio de la Huerta en la que participaban algunos amigos aunque pronto se hizo internacional y hoy la vemos convertida en una gran fiesta del verano asturiano.

Nada mas cruzar el puente no encontramos con la plaza del Ayuntamiento donde, como era de esperar, me hice la foto con mi bandera. En el centro de la plaza había un gran cañón. Nos contaron que es el que se utiliza para dar la salida el día del descenso después de cantar el “Asturias patria querida”.


Al cruzar al otro lado de la avenida descubrimos una pequeña capillita consagrada a san Antonio muy antigua, para, a continuación, el comienzo de un paseo que corría paralelo al río. Decidimos explorarlo ya que el día acompañaba y nos condujo, después de bordear unas casas, a un parque, a un enorme aparcamiento de coches para acabar en el barrio del Peruyal, famoso por las fiestas del Bollu organizadas por sus vecinos y porque conserva algunas casas típicas asturianas. 
Hacía mucha calor, buscamos una terraza para sentarnos a beber algo. Primero probamos en un sitio y preguntamos si había tapas o pinxos, ya iba siendo hora de echarse algo a la boca, pero nada, no le quedaba ni una bolsa de papas así que nos levantamos y nos fuimos al de al lado, Taberna el Camperu. Nos atendió una chica muy simpática, le pedimos unas patatas al cabrales que estaban de lujo y nos sirvió para entretener el gusanillo del hambre mientras el palista llegaba.


Jose tardó menos de dos horas en llegar a Toraño, llamó cuando acabó y nos dijo que estaba esperando el bus de retorno y que lo había disfrutado mucho. Le dimos la ubicación de donde estábamos y donde podía dejar el coche para reunirnos. De mientras habíamos estado buscando un buen sitio para comer y el elegido fue la sidrería La Llera a no mas de cinco minutos por la calle principal. El local y su terraza estaban hasta la  bandera, parecía que todos los palistas que vimos en el río se habían reunido allí para comer. El encargado nos sentó en una tienda que tenían frente al restaurante, de ambiente mucho mas tranquilo que el resto. Jose no tardó en llegar y una vez todos a la mesa pedimos. Mientras llegaba la comanda, el palista nos contó el paseo en piragua: el río es poco profundo, suele discurrir tranquilo en la mayoría de los tramos, aunque en algunas zonas se aligera entre rápidos suaves que le quitan rutina. Hay muchas zonas para pararse a comer, a bañarse o a disfrutar del paisaje, de hecho, se cruzó con grupos familiares o de amigos atracados en las orillas disfrutando del dia. En algunas zonas la piragua se atascaba y había que bajarse, a el le empujaron en una ocasión y en otra no le quedó mas remedio que bajarse y empujar, en fin, una aventura para repetir. Llegó nuestra comida, entre cachopos, pulpos, tomates azul asturianos y escalopines nos pusimos hasta la bola. Y para rematar pedimos postres, como si no hubiéramos comido bastante.



Hora de buscar el hotel y descansar un poco. Llegamos a Ribadesella en pocos minutos, una villa marinera localizada en pleno camino de Santiago del Norte, muy cerca de Arriondas, unos 16-18km. Nuestro destino era el jardín de Eugenia, un hotelito familiar monísimo ubicado a pocos minutos andando del pueblo, en una casona señorial reformada con mucho encanto. Nos recibió un joven cuarentón, al parecer hijo de Eugenia, que vivian en la casa de al lado, custodiado por dos grandes perros, tan mansos que nos contó se solían asustar de la gente. Nos entregó las llaves de las habitaciones, eran de las antiguas, acompañadas de la de la puerta de la calle, por si llegábamos tarde y un llavero de esos que no caben en el bolsillo del pantalón. 

En las cómodas zonas comunes decoradas con cierto aire oriental y mucho gusto, descubrimos una hermosa terraza en la que crecía un peral. José cogió un par de ellas por si apretaba el hambre.


Cada habitación lleva el nombre de alguna planta, la mía era las Calas, en el cabecero de la cama tenía pintado un bonito ramillete de ellas. También en la mampara de la bañera las tenía serigrafiadas. Toda la decoración en blanco, negro y plata, colcha blanca impoluta, suelo de madera, techo abuhardillado con ventana al cielo bien aislada. Por poner alguna pega, el el baño había bañera, hubiera estado mejor un plato de ducha. Me recordó muchísimo a un hotel de Catania, Sicilia, también ubicado en una casa familiar decimonónica reformada, como esta, con muebles originales y decoración noble aunque bastante ajada. Aquí todo estaba nuevo e impecablemente limpio.

Después de descansar un rato nos echamos a la calle, la tarde estaba preciosa, la luz del sol reflejándose en la ría dejaba unos colores maravillosos. Soplaba una ligera brisa apetecible después del calor mañanero. Fuimos andando, cruzando el pueblo por el paseo marítimo que estaba muy animado, hasta alcanzar el paseo de la Grúa construido hace un par de siglos como camino de sirga para empujar los barcos desde tierra y luego  hasta los acantilados del final. 


Me subí a las rocas y tuve vértigo, aunque el paisaje era maravilloso. Desde allí veíamos a los surfistas esperando la ola entre nosotros y playa Marina, casi metidos en la ría. Al otro lado del río está la imagen mas elegante de Ribadesella. 


A principios del s.XX el lugar se convirtió en uno de los destinos veraniegos mas solicitados por las clases acomodadas españolas del norte junto a Santander y San Sebastián. En esta parte del río se levantaron chalets, palacetes indianos y casas que constituyen a día de hoy un pequeño museo de arquitectura de principios del XX


Volvimos disfrutando del paseo, examinando los dibujos de Mingote incrustados en los muros que contaban la historia de la villa, desde la prehistoria hasta la visita de los entonces príncipes de Asturias Felipe y Letizia. Fue un placer.


Luego nos metimos por las callejuelas interiores y descubrimos una iglesia un tanto extraña, la  Iglesia de Santa María Magdalena de Ribadesella estaba cerrada y solo pudimos contemplar su exterior un tanto ecléctico, con un gran Cristo en la parte superior de la portada que presenta los brazos abiertos en acogimiento entre dos altas torres. Luego leí mas sobre ella, la original fue destruida en la Guerra Civil, la actual es de factura muy reciente. Lo mas importante son las pinturas de su cúpula. Aunque la iglesia medieval fue muy importante al ser lugar de parada de los peregrinos del camino de Santiago del Norte, se decidió reconstruirla al estilo moderno.


Llegó la hora de la cena y que mejor en Asturias para despedirnos que una sidrería, le preguntamos a Mr. Google que nos recomendó una sidrería del paseo marítimo, el Tarteru, un sitio sencillo, pequeñito de manteles de papel y mesas apretadas. Probamos su sidra, mejillones, chorizos a la sidra, zamburiñas, pulpo y otras exquisiteces por supuesto. Al lado había algunos metiéndose entre pecho y espalda arroz caldoso y cachopo que a aquellas horas se me hacían de lo mas indigesto. Rematamos la ingesta con un helado de camino al hotel.

Pasando cerca de unos pisos de vecinos escuchamos jaleo, música, pasodobles, una orquesta en directo animando un fiestorro que debía estar de lo más concurrido. Eran las fiestas de San Miguel del barrio El Cobayu, muy cercano a nuestro hotel. Acabaron ese domingo con fuegos artificiales que oímos ya desde la habitación.

Me quedé frita nada mas poner la cabeza en la almohada, oyendo de fondo los sones de la orquesta que animaba la verbena riosellana.

 

Fotos de Arriondas y Ribadesella pinchando en el enlace PHOTOS