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miércoles, 21 de octubre de 2026

Castro Urdiales y Santoña 23.09.26 mañana

Un nuevo día radiante amanece en Santander. Voy con las pilas cargadas, lo que llevo escrito en el cuaderno de Bitácora me apetece mucho, tenemos pensado conocer la costa Este de Cantabria: Castro Urdiales, Santoña y lo que de tiempo. 


Antes de pillar ruta vamos a desayunar cerca del puerto a un bareto de tortillas, la Playa, se llama. Tiene buena pinta y si, hay montones de tipos de tortillas en la carta. Nos atiende una chica del Este, lo mismo es ucraniana, no se, pero si que es simpaticona y habla muy bien el español. Dice que hechas hay tortilla de papas y de bonito y que nos pueden hacer la que queramos. Mariloli y yo nos pedimos tostadas con aceite y tomate, la mía también con jamón. A mi love le pido un pincho de la tortilla de bonito y así la pruebo. Jose se pide una francesa con rodajitas de tomate. Nos sirven en un pispas. Ya estamos listos para patear lo que haga falta.


Unos 50 minutos mas tarde llegábamos a una de las cuatro famosas villas de Cantabria, Castro Urdiales. No dejo de preguntarme de donde sale ese nombre tan sonoro y alegre. "Castro" es latín puro: castrum, de castillo, fortaleza, ciudadela o recinto amurallado, pero lo de Urdiales... no se, hay que preguntárselo a la IA. Me da varias opciones. A mi la que mas me gusta es que es una palabra que tiene su origen en los pobladores primigenios de la ciudad, los Vardulies una tribu celta. Y de Castrum Vardulies derivó en Castro Ordiales y por fin Castro Urdiales. 

Los orígenes de Castro Urdiales se remontan a siglos anteriores a la dominación romana. En el siglo I d.C., los romanos durante el gobierno de Vespasiano, (el emperador del coliseo de Roma) la bautizaron Flaviobriga. Sin embargo, fue durante la Edad Media cuando Castro Urdiales adquirió una extraordinaria importancia. En el año 1163, el rey Alfonso VIII de Castilla le concedió el fuero de villa, Castro se convirtió en uno de los puertos más destacados del litoral cantábrico, participando en el comercio internacional de mercancías. De aquellos siglos de esplendor procede buena parte del extraordinario conjunto monumental que vamos a descubrir durante nuestro paseo.

Empezamos caminando tranquilamente junto al mar. A un lado se extiende la bahía, con sus pequeñas embarcaciones amarradas y las aguas protegidas del puerto; al otro, las terrazas, las viviendas y los edificios históricos nos recuerdan que estamos en una localidad con siglos de tradición marinera.

Dejamos a Tesla bien custodiado en el parking del puerto mientras hacíamos nuestro recorrido por la animada ciudad. Nos íbamos encontrando algunas excursiones de turistas disfrutando de su paseo entre el mar, la historia y las tradiciones de la villa. El paseo marítimo es uno de los rincones más agradables y representativos de esta localidad cántabra, una ciudad que ha sabido conservar su esencia marinera combinándolo con un importante patrimonio medieval.


Lo primero que llama nuestra atención es la extraordinaria estampa que forman el puerto, las embarcaciones de pesca y, elevándose sobre un promontorio rocoso, la imponente iglesia de Santa María de la Asunción y el castillo-faro de Santa Ana. Esta imagen, con el mar Cantábrico como telón de fondo, constituye una de las panorámicas más hermosas de la city.


En medio del paseo, las letras del nombre nos invitan a pararnos para hacer varias fotos. Llevo la camiseta de Ceuta con el Hércules, sigo pendiente sin dejar de estarlo un minuto de la situación de mi ciudad. Es horroroso lo que está pasando y lo que estamos pasando.


Nos vamos acercando al puerto pesquero, decenas de barquitos se mecen en las aguas tranquilas de la bahía. Entre las actividades tradicionales de la villa destacaban la pesca de la sardina, el bonito, la anchoa y el besugo. También tuvo importancia histórica la pesca de la ballena, actividad que aparece representada en el propio escudo municipal que lo encontramos plantado en el suelo.


Una curiosa representación de una enorme ballena aparece junto a la pared del muelle sur del puerto. Según esté de alta la marea se la verá mas o menos.  En el mismo muelle arriba, vemos una escultura metálica un tanto rarita, hay que acercarse para ver bien que es.


Se trata de una antigua embarcación ballenera impulsada por remos, con un arponero preparado para lanzar su arma que va acompañado de su perrito. Es un monumento que recuerda una de las actividades económicas más importantes de la historia de Castro Urdiales: la caza de ballenas, que durante siglos proporcionó trabajo y sustento a sus habitantes. 

Entre los siglos XIII y XIV Castro Urdiales desarrolló una importante actividad ballenera. La villa disponía de embarcaciones y marineros especializados en la captura de estos enormes cetáceos, una actividad que requería experiencia, valentía y una extraordinaria coordinación entre los tripulantes. La especie que principalmente cazaban era la ballena franca glacial, un animal que podía alcanzar de 15 a 17 metros de longitud. Estas ballenas frecuentaban antiguamente las aguas del golfo de Vizcaya, especialmente durante los meses más fríos, por lo que su presencia era aprovechada por los pescadores de los puertos cantábricos. La importancia de esta actividad fue tan grande que la ballena terminó convirtiéndose en uno de los símbolos de Castro Urdiales como vimos en el escudo municipal.

En la actualidad, las ballenas son animales protegidos, la caza pertenece al pasado y su presencia en el mar Cantábrico es un valioso testimonio de la riqueza natural de estas aguas.


Mientras avanzamos, podemos observar que la silueta de la iglesia y el castillo se hace cada vez más impresionante. Ambos edificios parecen vigilar desde lo alto la entrada al puerto, como si todavía estuvieran protegiendo la antigua villa medieval. 


En nuestro caminar por el paseo marítimo encontramos uno de los conjuntos escultóricos más entrañables y representativos de la tradición marinera de la ciudad: el Monumento a las Rederas, una obra dedicada a aquellas mujeres que durante generaciones desempeñaron un trabajo fundamental para la supervivencia de las familias pescadoras. La obra lleva por título "El pueblo de Castro a sus mujeres del mar", dedicatoria que puede leerse en su placa.  Vemos a dos mujeres sentadas frente a frente, concentradas en una tarea otrora cotidiana: reparar las grandes redes utilizadas por los barcos de pesca. Durante siglos, la economía de Castro Urdiales dependió fundamentalmente de la pesca y este oficio ya prácticamente desaparecido era fundamental para asegurar buenas capturas.


Al aproximarnos ya al extremo del puerto llegamos a uno de los lugares más fotografiados de Castro Urdiales: el puente medieval de Santa Ana, una elegante construcción de piedra con un único arco apuntado, característica propia de la arquitectura gótica. Aunque popularmente se conoce también como puente romano, su origen es medieval. Su función era comunicar el cerro donde se levanta la iglesia de Santa María con un pequeño peñón rocoso sobre el que se encuentra la ermita de Santa Ana. Bajo el arco del puente, el mar penetra entre las rocas. Debe ser espectacular con las aguas bravas.


Subimos los estrechos escalones del puente Viejo para llegar al castillo. Desde lo alto las vistas al espigón del rompeolas son estupendas. También de la pequeña ermita de santa Ana, una pequeña estructura  con techumbre de tejas rojas que leo era un espacio de culto muy antiguo, aunque la actual reconstrucción es de 1941. En este lugar se han encontrado restos anteriores a la época romana, de ahí su importancia.


Continuamos ascendiendo, nos acercamos al castillo de Santa Ana, una fortaleza medieval que constituye uno de los símbolos más reconocibles de Castro Urdiales. Su construcción se sitúa entre finales del siglo XII y comienzos del XIII, coincidiendo con la época de mayor expansión de la villa. El castillo formaba parte del sistema defensivo de la ciudad. Su situación estratégica, sobre una elevación rocosa que domina el puerto, permitía vigilar el tráfico marítimo y proteger la población frente a posibles ataques llegados del mar. La fortaleza presenta gruesos muros de piedra y torreones cilíndricos que todavía conservan buena parte de su aspecto original. Al observarla desde el exterior, resulta fácil imaginar a los antiguos centinelas vigilando el horizonte y esperando la llegada de barcos mercantes o de embarcaciones enemigas. 


En el siglo XIX se instaló un faro sobre uno de sus torreones. Hoy el castillo constituye un espacio histórico y cultural, utilizado también para exposiciones. Desde sus alrededores disfrutamos de unas vistas magníficas del Cantábrico, el puerto y los tejados de la ciudad. 


Las gaviotas sobrevuelan nuestras cabezas. No son pavanas, son mas pequeñas. Algunas se posan sobre las murallas del castillo. Parecen domesticadas, no tienen miedo de la gente, no son agresivas. Una señora les está dando algo de comer. Mariloli le pide a la señora algunos granos y acerca su mano al pájaro, la gaviota come plácidamente.


Entre el castillo y la iglesia podemos observar unas piedras y un arco que no son más que las ruinas de la antigua iglesia de San Pedro, un pequeño templo de origen románico que nos recuerda que este lugar ya tenía importancia religiosa antes de la construcción de Santa María.


A pocos pasos del castillo-faro se encuentra el monumento más espectacular de Castro Urdiales: la iglesia de Santa María de la Asunción. Construida entre los siglos XIII y XV, está considerada una de las obras más importantes de la arquitectura gótica de Cantabria. Su construcción coincidió con una etapa de prosperidad económica de la villa, cuando los comerciantes y marineros castreños mantenían importantes relaciones con los puertos del Atlántico europeo.

 El edificio impresiona por sus grandes dimensiones, sus robustos contrafuertes, los arcos apuntados y la verticalidad de sus muros. Parece una gran catedral de hecho, posee elementos que lo afirman. 

Santa María se levanta sobre una explanada rocosa abierta al mar, lo que le proporciona una presencia verdaderamente majestuosa. Actualmente está vinculada al conjunto de los Caminos de Santiago del Norte, inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.


Descendemos por la parte posterior de la iglesia hacia la villa medieval, encontramos una estatua en bronce del emperador Vespasiano. Es un homenaje del actual Castro Urdiales al fundador de la colonia Flaviobriga. Un poco más tarde, por el centro histórico, daremos con otro lugar que conserva ruinas romanas.

Toda esta explanada tan abierta está rodeada de restos de murallas medievales, aquí sitúan  también el castillo del rey Alfonso.


Abandonamos los grandes monumentos que dan fama a la villa para adentramos en el Castro Urdiales más antiguo. Llegamos a la plaza del Ayuntamiento y como no, saco bandera y me hago la foto. Es una plaza abierta hacia la bahía, rodeada de edificios históricos, soportales y establecimientos de hostelería. El Ayuntamiento que tiene su origen en el siglo XVII, aún conserva su característica torre almenada. 


Cerca encontramos la zona porticada conocida como La Correría, tradicional lugar de paseo, comercio y encuentro de los vecinos. En este entorno también destaca la Casa de los Chelines, construida en 1902, un bello ejemplo de la arquitectura de comienzos del siglo XX.

Recorremos las calles céntricas que conservan parte del entramado de la puebla vieja, son más estrechas, vemos antiguos muros de piedra, algunas viviendas muestran portales de grandes dovelas y elementos arquitectónicos que nos trasladan varios siglos atrás.

Entramos en alguna tienda de alimentación y esta vez si compro sobaos pasiegos y una quesada, pienso que aun es pronto pero no me puedo contener, me encantan.


Y es en una de estas cuando aparecen los restos romanos de Flaviobriga la colonia fundada por Vespasiano en honor a la familia Flavia, en el antiguo Portus Amanum, dentro de la provincia Tarraconense en los confines del Imperio.
Un centro de interpretación exhibe este yacimiento de aquella ciudad romana con 2000 años de antigüedad con calles organizadas, viviendas, edificios públicos e infraestructuras de abastecimiento de agua. Además, Flaviobriga quedó comunicada con el interior peninsular mediante una calzada que enlazaba la costa con Pisoraca, la actual Herrera de Pisuerga, en Palencia. Fue la única colonia romana conocida de la costa cantábrica y se convirtió en un importante centro comercial del norte de Hispania, relacionado especialmente con la explotación y comercialización del hierro de la comarca.

Para saber mas sobre Castro Urdiales pinchar en el enlace: CASTRO URDIALES HUELLAS

Nos vamos, Castro Urdiales me ha parecido una ciudad costera preciosa: la luz, el mar, la elegancia del paseo marítimo, su tradición marinera, su pasado histórico... una joya de la comunidad cántabra. Ponemos rumbo a Santoña, no está muy lejos, una media hora. Me hubiera gustado parar en Laredo pero la vaca no da para mas. 

Lo mismo que me encantó Castro, Santoña me decepcionó. Pienso que iba con muchas ganas de inflarme a comprar anchoas y no hubo manera, en todos los comercios donde entramos nos aconsejaron no hacerlo con estos calores si no las conservábamos en frio. Nos tuvimos que conformar con probarlas. 

Dejamos a Tesla en la calle Méndez Núñez y fuimos a pie por una avenida buscando el paseo marítimo. A nuestra izquierda bordeábamos el monte Buciero una imponente mole rocosa que condiciona la orografía de la ciudad. No había investigado demasiado, solo tenía conocimiento de que al otro lado del monte se encontraba el famoso faro del Caballo y que la península que forma esta montaña, está rodeada por varias baterías defensivas y dos faros y dos o tres fuertes. Comprobé en internet que el faro del Caballo estaba cerrado. Me ahorraba los 760 escalones que hay que bajar y subir para conocerlo y las dos horas de caminata hasta completar el recorrido. 


El pueblo se extiende en una llanura a los pies del monte, no hay cuestas, es fácil patearlo. Empezamos por el paseo marítimo, le llaman el Pasaje. A nuestra izquierda mirando al mar vemos el fuerte de San Martín, una de esas estructuras defensivas tan necesarias en otros tiempos para defenderse de invasiones no deseadas. 

Desde aquí hay unas magníficas vistas a la bahía, hay gente bañándose, se accede al agua por escaleras como las de las piscinas o por rampas, los bañistas toman el sol en hamacas de cemento que deben ser bastante incómodas. 


Vemos barcos entrando y saliendo, traen y llevan turistas a dar paseos por la bahía. Seguramente llegarán hasta el faro, es lo más famoso del lugar. Frente al pequeño embarcadero utilizado por los barcos turísticos se alza un monumento al mas famoso santoñés de todos los tiempos, Juan de la Cosa.


Este navegante y cartógrafo, nacido probablemente en Santoña hacia mediados del siglo XV, participó en algunas de las grandes expediciones marítimas que cambiaron la historia del mundo. Fue propietario de la nao Santa María, utilizada por Cristóbal Colón durante su primer viaje a América en 1492 que salió de aquí de Santoña dirección a Palos. También participó en otras expediciones de exploración del continente americano. Pero su legado más extraordinario es su célebre mapamundi de 1500, considerado la representación cartográfica conservada más antigua en la que aparece América. Este documento refleja el enorme avance de los conocimientos geográficos que se produjo después de los primeros viajes transatlánticos.


Entramos al pueblo por una placeta en la que encontramos un gran besugo de metal oxidado acompañado de varias figuras humanas negras. La inscripción cuenta que es un homenaje al carnaval del Norte y en especial a un acto que se llama "el juicio en el fondo del mar".

Dimos varias vueltas por el pueblo que estaba bastante animado, entramos por lo menos en 5 o 6 comercios de conservas para preguntar por las anchoas y todos nos decían lo mismo, "hace demasiado calor para tenerlas sin refrigerar" Ahora eso si, el bonito, el atún la ventresca, lo que quisieras. Una señora de la tienda de Miguel Ángel Revilla nos explicó que las anchoas es un producto muy delicado y por eso se considera "semiconserva" y no puede prescindir del frío porque no pasan por un proceso de esterilización tradicional a alta temperatura. Si las dejamos a temperatura ambiente la sal seguiría haciendo su trabajo madurando el pescado que se volvería demasiado salado, incluso se desharía. Me dijo que en 24-48 horas se pondrían blanditas, pastosas y muy saladas. Puajjjj! Asquito me dio.  Compramos otras latas, eso sí. 

Las conservas de anchoa es la joya gastronómica del Cantábrico, un manjar de sabor inconfundible con una historia que fusiona tradiciones italianas y españolas. El origen está en Italia, curiosamente. Desde los tiempos del Imperio Romano, (ya salieron otra vez) se elaboraba una salsa llamada "garum" fermentada a base de pescado. tanto en Ceuta como en toda la costa gaditana conocemos montones de asentamientos dedicados a la elaboración, fermentación y comercio de este producto para distribuirlo por todo el Imperio. Con el paso de las centurias la receta evolucionó y en el sur de Italia y sobre todo en Sicilia se perfeccionó la técnica de salazón de anchoas.



A finales del s.XIX los italianos andaban buscando caladeros y posibles nuevos mercados para sus salazones, varias familias sicilianas (alguna conocimos en la tourné por la bonita isla) se trasladaron a la costa cantábrica, atraídas por la abundancia de anchoas (bocartes) en su mar. Trajeron con ellos sus conocimientos y sus técnicas de salazón, estableciendo las bases de la industria conservera de anchoas en España.

Entre italianos y locales se ideó un proceso meticuloso que combinaba tradición y técnica eliminando la piel y las espinas, mejorando la presentación y facilitando el consumo. Esto revolucionó la industria dando lugar al filete de anchoa en conserva tal como lo conocemos hoy.

Tras la captura de la anchoa, se limpia y se mete en salazón durante a un tiempo que va de 6 a 12 meses, luego se eliminan la piel y las espinas, se envasan en aceite de oliva virgen extra que preserva su sabor y propiedades.


Decidimos probarlas y para ello elegimos un garito de esos que te sirven además de bebidas, embutidos y latas: la taberna de Alberto. un local muy sencillo en la calle de los claveles con mesas y banquetas de madera sin mantel ni historias. Allí la gente iba a tomar unos vinos y picar algo antes de comer. Pedimos anchoas, claro, pulpo y tomates con ventresca. Riquíiiiiisimas! que sabor tan bueno. Fue un acierto total. Luego he leído que es uno de los mejores sitios de Santoña para probar las anchoas. Se las preparan exclusivamente en una de las industrias conserveras de la ciudad.  Que suerte tenemos en este país de tener una gastronomía tan buena y tan variada. 


Luego si que nos fuimos a comer, esta vez a una de las terrazas en el centro del pueblo, la famosa plaza de San Antonio. Aquí es donde se juntan santoñeses para todo, fiestas, carnaval, copas...el gran salón público del pueblo. Es una plaza amplia, peatonal y arbolada donde convergen un montón de calles. En un lado, un templete musical del siglo pasado le da un cierto aire retro a la plaza que se llama de San Antonio por una antigua capilla de propiedad particular dedicada al santo que se encontraba en la zona.

Comimos en el bar cafetería Raymon, de menús. pedimos dos para los cuatro, dos primeros y dos segundos. La comida no es que fuera nada del otro mundo, y menos después de haber probado las anchoas santoñesas pero bien. La terraza estaba hasta la bola y la chica que nos atendió buscó una mesa y nos sirvió rapidito.

Después de comer volvimos a Santander a descansar un rato. Por la tarde nos esperaba Santillana del Mar, el pueblo de las tres mentiras por que ni es santa, ni es llana, ni tiene mar.

FOTOS DEL DIA  23.09.26






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