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lunes, 6 de abril de 2026

SELVA NEGRA 3.- DE BADEN BADEN A OFFENBURG 22.03.2026

Vamos en el bus camino de Baden Baden 100km al Sur de Heidelberg, en el borde occidental de la Selva Negra. En realidad, nos dirigimos a Offenburg, nuestro cuartel general para las siguientes tres noches. De camino, conoceremos la famosa ciudad patrimonio de la UNESCO desde 2021 por formar parte de los balnearios europeos. Hemos salido en hora, circulamos por una amplia autopista de tres carriles y el sol amenaza salir de entre las nubes, hoy será un día luminoso aunque fresco.


Esta mañana en el desayuno, Angelines y Laura andaban con mala cara, no habían pegado ojo en toda la noche. Han tomado la decisión de volverse a Ceuta, están intranquilas, no quieren seguir, sus razones tienen. Es domingo, hoy será complicado organizar la vuelta pero lo mismo en un rato se van hacia algún aeropuerto cercano, en cuanto Pilar las avise. De momento, continuamos camino.

Hago examen de conciencia a ver si recuerdo algo sobre el distinguido Baden alemán antes del XIX y nada, solo se me viene a la cabeza que seguramente serían los romanos cuando cruzaron el Rin, conquistando la Alta Germania los que construirían las primeras termas en esta localización aprovechando los manantiales.

 Tiro de Mr. Google que todo lo sabe “et voilá”, me cuenta que fue la legión VIII Augusta, acuartelada en Argentoratum (Estrasburgo) en los años 60 a.C. los que aseguraron el asentamiento de Aurelia Aquensis y descubrieron las propiedades medicinales de sus aguas, aunque es entre los años 213- 217 d.C. cuando tuvo su apogeo alcanzando el honor de "Civitas" con el emperador Caracalla, usuario acérrimo de termas. A partir de estas fechas, como los germanos y galos no paraban de dar la tabarra reclamando lo suyo, los romanos se largaron con sus legiones a otros lares.

Las termas romanas quedaron olvidadas y enterradas hasta que, en el s.XIX, una vez  redescubiertas a alguien se le ocurrió explotar las fuentes termales de las que brotaba agua bien calentita (mas de 60º). Aquello de “tomar las aguas” se convirtió en una actividad muy glamurosa entre la aristocracia europea, rusa y gente pudiente. Baden Baden floreció, buenos hoteles, monumentales balnearios, grandes mansiones, bellos jardines y para que no se aburriera el personal, un teatro de opera al estilo parisino y el Kurhaus con el mas bello casino del mundo, aunque a mi me gusta mas el de Madrid. Para mediados de siglo, la ciudad era sinónimo de lujo y descanso además de prometer curar cualquier achaque: problemas de riñón, tiroides, artrosis,,, y hasta quitar arrugas.

Faltando poco para llegar, hubo parada técnica en una gasolinera. Aprendimos a ir a un baño publico en Alemania. Tienes que tener un euro, alimentas la máquina con él y te da un ticket, el torno te deja pasar,. Cuando acabas, sale un chorrito que limpia el aro de la tapa ¡que va girando! Una vez fuera, con el papelito, en la cafetería o en el super de la gasolinera te descuentan 1€ de lo que consumas. Si no consumes nada, la tirada te ha costado 1€.

El bus nos dejó lejos, no permiten que entren en el casco urbano y menos si llevan matrícula polaca, pienso. Nos dimos un buen paseo por la famosa Lichtentaler Allee que va paralela al rio Oos con sus patitos de plástico y sus románticos puentes, mientras contemplábamos elegantes hoteles, museos, jardines muy cuidados con plantas ya tímidamente en flor, el teatro y hasta un centro comercial.


Al ser domingo, todo estaba cerrado excepto algunos comercios típicamente turísticos. Los escaparates de las tiendas eran realmente encantadores, diseñados con muchísimo gusto. Me encantaron las vajillas de cerámica ¡Que bonitas! a cuál mejor. Todo estaba decorado con conejitos, flores, gallinas, huevos… es el tiempo de la Pascua, hasta los restaurantes estaban decorados.

Nos dirigíamos hacia la zona alta donde se encuentran los dos principales balnearios y algunas fuentes termales públicas.


Cruzamos el rio para empezar a subir cuestas, Emilio iba ya bastante fastidiado así que nos quedamos un tanto rezagados para darle aliento mientras el resto atacaba la cuesta con ganas. Pasamos ante la fuente de Leopold mientras seguíamos viendo bares restaurantes con terrazas de lujo, incluso asientos protegidos con fundas de piel sintética.


Una enorme estatua tipo medieval representando al general Otto von Bismark daba paso a las escaleras de los jesuitas desde la plaza del mismo nombre, plagada de casitas encantadoras.



Llegamos a un enorme edificio que Marta nos señaló como uno de los balnearios mas antiguos e importantes, el Friedrichsbad. Echamos un ojo dentro, incluso nos dieron algún folleto y la verdad que no es demasiado caro, 38€ con toallas, zapatillas, champuses, cremas, aromas…recomiendan unas 3 horas para recorrer las 17 estaciones. Eso sí, nada de traje de baño, aunque últimamente lo permiten miércoles y sábados. 

El menú se puede complicar con masajes, tratamientos especiales de emperadores o princesas, reflexología plantar, piscina privada, lunch… un poco de todo, como en botica. Esta instalación está situada justo encima de las termas romanas, visitables, en su vestíbulo hay algún testigo de ello.

Justo detrás del edificio, dimos con la primera fuente de la belleza que Marta nos vino anunciando desde que nos montamos en el bus: Fettquelle, envuelta en una pequeña cueva artificial, entre el balneario y un colegio, el del monasterio del Santo Sepulcro. Aseguraba que te quitaba 10 años de encima, seguro que si,  y después te mueres de un atracón de arsénico. Algunos se empaparon bien arrugas y calvas a ver si mejoraba algo aquello.


Unos 50 metros mas allá en una pequeña rotonda peatonal vimos las modernas termas de Caracalla, en estas si te dejan utilizar traje de baño y si no lo llevas hay una tienda dentro que los vende. Las instalaciones son enormes y los precios bastante asequibles 20€ por dos horas. Pudimos echar un vistazo a los que estaban en la piscina exterior tomando las aguas. Es toda una cultura esto de tomar los baños.


En la misma placita una pequeña iglesia católica Spitalkirche, en la que un grupo familiar andaba celebrando algo.

Mi "primer esposo" con Eduardo, Agustín y MJ se fueron en busca de la cerveza perdida mientras el resto nos dirigíamos al restaurante M10, más arriba aún.  


Cruzamos delante del Ayuntamiento y ya en la plaza del mercado, admiramos la colegiata de san Pedro, la iglesia más antigua de la ciudad que aún conserva algún resto románico. La torre campanario es un bellezón. En la misma plaza además del restaurante, una bonita casa estilo toscana que eran los antiguos baños de vapor,  ahora es museo de exposiciones de arte juvenil.

 Entre la casa toscana  y la parte de atrás del Friedrichsbad, .sostenidas por unos altísimos soportes, tres enormes ánforas romanas. Seguramente marcan el lugar donde se encontraron en el s.XIX las termas romanas al excavar la plaza para construir los cimientos del balneario, junto a la colegiata. Se puede visitar entrando por el balneario y pasando por caja.

Como era aun temprano, nos dimos un paseo trepando como cabras por un mal sendero monte arriba hasta que dimos con una pequeña balconada entre cañas y ramajes. Creo que nos equivocamos de camino porque no llegamos hasta arriba del todo y las vistas del pueblo aunque eran bonitas no tenían mucha perspectiva. Si veíamos muy bien la colegiata que estaba bastante cerca. Bajamos por otro camino y nos sentamos en la terraza al sol junto al resto del grupo esperando la hora de la comida.


Los de la cerveza aparecieron cuando todos estábamos sentados a la mesa y andaban sirviendo el primer plato.

El M10 Badisches es un restaurante ubicado en la Markplatz, en una casa bastante antigua con un amplio salón de celebraciones en el piso de arriba al que se accede por escaleras o en ascensor. Marta se empeñó en que subiéramos por el ascensor, seguramente para evitar las escaleras curvas que podrían provocar algún tropiezo.

Comimos más que bien, de primero sopa, riquísima y de segundo, pasta fresca al huevo típica alemana spaetlze con jamón y crema de parmesano. Me la comí enterita, imposible continuar con la tarta de queso que tuve que dejar y Alberto luego se encargó de repartir.

Hubo lugar para el café y 10 minutos de sobremesa, antes de las 3 de la tarde, Marta ya nos estaba jaleando para ir a conocer la parte noble de Baden, el Kurhaus.

Al salir del M10 le tiré varias fotos a una fuente bastante bonita con una virgen arriba, esta vez blanca. La columna me pareció bastante antigua, y lo era, del s.XVI pero no es este su lugar original, la cambiaron de sitio y le hicieron una pileta nueva. Ahora luce mas.

Caminamos unos 10-15 minutos cuesta abajo disfrutando del sol y de la elegancia del casco antiguo de Baden, llegamos al Trinkhalle uno de los dos emblemáticos monumentos de la city. (En el enlace la descripción de los frescos)

Su nombre se puede traducir como “sala de beber” y eso era. Una elegante edificio neoclásico con 16 columnas corintias que enmarcan su magnífica galería adornada por unos frescos que aluden a las leyendas de la Selva Negra. 

Dentro, un gran salón donde la gente pudiente se reunía a beber las aguas medicinales mientras a su alrededor se ubicaban las consultas médicas. Ahora solo hay una pequeña pileta de donde sale el agua bien calentita, otra “fuente de eterna juventud” y el centro de información turística.


A dos pasos el Kurhaus, casa de reuniones de Vips, poco después casino, sala de conciertos, teatro, restaurantes etc. Es bonito pero no para tirar cohetes.

La visita finalizó aquí, luego fuimos caminando para coger el bus por un sendero que se metía en el parque Kurgarten en el que pude identificar tres enormes secuoyas. Un paseo espectacular,  muy bonito, aunque algunos estaban ya hasta el gorro de tanto caminar por jardines aristocráticos y tanto verde.


La verdad que si no utilizas alguno de los balnearios o no entras a jugarte los cuartos al casino, como Dostoievski que perdió hasta lo que no tenía, Baden Baden no se si merece la pena. Es elegante, es muy tranquilo pero soso, muy soso, como Sotogrande. Le falta el bullicio, la alegría, el alma de la ciudad. Se nota que está ideado para los millonetis.

Continuamos ruta hacia Offenburg, primero tendríamos misa en la iglesia de la Santa Cruz y luego íbamos al hotel. Como era temprano, Marta llamó por teléfono para adelantar el horario y a las 5pm estábamos frente a la bonita "kirche".

Angelines a estas horas estaba más tranquila, habían tenido videoconferencia con Fito que les prohibió tajantemente volver a casa. Lo suyo era cuestión de tiempo y había que dárselo.


Como no, el bus nos dejó en una vía principal y fuimos caminando por la “calle real “Hauptstraße” hasta llegar al templo, el más antiguo de la ciudad, construido sobre uno anterior del s.XIII del que aún conserva algunos restos de muros en el coro. En el interior se puede ver un crucifijo del s.XVI.


Durante el paseo nos cruzamos con esculturas bastante extrañas, entre ellas una especie de pingüino o cuervo sentado y una serpiente medio enterrada. No había mucha gente por allí, algunos magrebíes y poco alemán, ya era hora de cenar para estos.


El padre Mathías responsable de las iglesias católicas de la ciudad nos recibió. Un hombre joven, alemán que hablaba un perfecto español. Hubo un poco de lío con las vestiduras pues nuestros queridos curas se habían dejado el petate en casa y se tenían que ir apañando con lo que encontraran y les prestaran en cada sitio. Ofició D. Emilio que nos habló con gran emoción en su homilía recordándonos el tiempo que se avecinaba finalizando con un recuerdo a nuestra madre, María.


Volvimos en el bus al hotel, repartimos habitaciones y nos instalamos. El Mercure de Offenburg no es precisamente un establecimiento que se merezca las 4* que anuncia. Las zonas comunes están muy anticuadas, el restaurante estilo tirolés, bastante cutre, oscuro, aunque el buffet no se puede decir que fuera malo, diría que correcto sin estirarse mucho. Lo mejor el personal, un chico super eficiente atento a todo y muy amable que nos mandó a los sillones de recepción a tomarnos las copas. Lo peor en general, que estábamos muy alejados del centro, sin ningún local cercano para las tertulias tras las cenas y sin bareto en el hotel y ningún taxi en la puerta.  


Las habitaciones amplias y antiguas. Los canapés de las camas tenían la tapicería rota aunque los colchones eran muy cómodos. La limpieza del baño, sabanas y toallas era correcta. Las ventanas no tanto, estaban sucias, con telarañas, las habían dejado abiertas, algunos no se dieron cuenta de esto. Pudimos ver conejos que habían escarbado boquetes  en el jardín.


Encima del escritorio un aviso: no arreglaban la habitación ni cambiaban toallas hasta el segundo día de estancia, si querías que lo hicieran tenias que avisar, igual que si necesitabas mas almohadas. Algunos peregrinos no lo leyeron y claro, al día siguiente al ver que no habían arreglado los cuartos se lio. Igual que con las ventanas, alguno la tuvo toda la noche abierta. La calefacción que iba con radiadores antiguos había que abrirlos, tanto en el dormitorio como en el baño.

Llegó por wasap la hojilla del día siguiente, iríamos a Gutach en el corazón de la Selva Negra y después a ver relojes de cuco, el buen tiempo seguiría acompañándonos un día mas.

Estas cosas suelen ocurrir, un hotel que no cumple expectativas, una visita que decepciona, un restaurante cuya comida no te gusta… la vida del turista es dura y la del peregrino aún lo es más.

PHOTOS DE BADEN BADEN


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viernes, 3 de abril de 2026

SELVA NEGRA 2.- EN HEIDELBERG 21.03.2026

 Amanecía en Heidelberg. ¡Qué bien dormí en aquel hotel! No se escuchaba una mosca, solo la claridad del nuevo día, que ya asomaba por la cortina entreabierta, me invitó a abrir los ojos. Eran poco más de las 7 de la mañana, el resto del mundo iba a lo suyo mientras nosotros estábamos de vacaciones. ¡Bien!

Salté de la cama y me fui directa al pastillero para comenzar la rutina diaria.😁 No hacía nada de frio en la habitación, aunque fuera… desde la ventana  veía a la gente junto a las vías del tren muy abrigada y un tanto encogida.

La noche anterior solo pude ver luces desde el ático, hoy la zona nueva de la ciudad se extendía amplia ante la vista. Comenzaba nuestra aventura en la Selva Negra, el bosque continuo más grande de Europa, salpicado de encantadores pueblos. Heidelberg es de los mas visitados por alemanes y extranjeros, entre otras cosas por su universidad, sus estudiantes, muchos de ellos "erasmus", por su castillo y por ser la cuna del romanticismo decimonónico alemán.


Una buena ducha calentita y a por el desayuno, en la última planta. Dispusimos de un surtido buffet: huevos, salchichas, embutidos, quesos, frutas, yogurt, cereales, mantequillas, panes de todo tipo, dulces… y una máquina de Nutella. Como el café no me puede faltar a estas horas, me lancé a por él, una buena taza a ver si me espabilaba. 

Marta nos marcó la salida en bus para visitar el romántico castillo de Heidelberg a las 9:45 am, no había prisa alguna, hubo tiempo hasta para sobremesa matutina.

El bus llegó con puntualidad y el grupo se distribuyó como siempre, desde el principio de los tiempos hemos conservado el mismo orden. Es curioso esto, somos animales de costumbres. Solo recuerdo una vez que se haya alterado por algún nuevo peregrino que la lio parda porque quería la primera fila.

Como es habitual, una vez en marcha, David tomó el micro para agradecer a Dios el nuevo día y pedir su protección durante esta peregrinación. Rezamos mi oración favorita que por muy acostumbrada que esté a escucharla me sigue removiendo por dentro y luego pasó el testigo a Marta. 


Primera visita del día el “Schloss” de Heidelberg. Para escalar la colina se suele utilizar el funicular, andaba averiado así que subiríamos por el camino largo, el corto tenía demasiadas curvas para el bus. Tardaríamos un poco más y pasábamos por la “silla del rey”, el pico más alto de la montaña.  
En el castillo nos reuniríamos con dos guías que además nos acompañarían en la visita a la ciudad. El grupo debía dividirse en dos, esto no me gustó nada. Esa manía alemana del todo perfecto me pone negra. No quieren grupos numerosos porque se apelotonan en las aceras, incomodan a los peatones, a las bicis… y luego son de lo más camorristas cuando van a Mallorca o a cualquier parte.

Máchin” nos dejó muy cerquita de la entrada al castillo, solo subir una pequeña cuesta y ya estábamos. Yo iba estrenando cámara. Mi maravillosa réflex NIKON la tuve que dejar en Ceuta con todo el dolor de mi alma, las cervicales se resienten enseguida. La primera foto de la nueva Panasonic Lumix fue para el recuerdo, con Mina y Mauricio, al que acababa de conocer.


Mientas la guía recogía las entradas en taquilla nos entretuvimos, como no, en tirar mil fotos a los chicos, a las chicas, al castillo, al padre Emilio, a David… lo de las poses es un juego y nos encanta.

El castillo de Heidelberg es una pura ruina, a medio camino entre fortificación y palacio, tiene un encanto brutal. Esta vez, no me había leído nada más que el programa del periplo, de hecho, David ha estado todos los días recordándome lo despistada que estaba y es totalmente cierto, así que lo que escriba aquí probablemente sean las impresiones menos sesgadas de todo el blog.


Nos repartimos en dos grupos de 19 personas cada uno, empezamos visita en el mirador del jardín. El guía fue un señor canoso y encantador, galés afincado en Heidelberg por amor  y que aprendió español en Barcelona. Su nombre “Yan” que se escribirá John y en español será, seguramente, Juan. Nos entretuvo un buen rato con la historia del castillo y sus moradores a pesar de que le dijimos que de historia poquito, preferíamos los chismes.

Las vistas de la ciudad desde este punto son postales, el día acompañaba, las nubes hacían de filtro a la luz del sol que mejoraba el espectáculo: se ve todo el centro histórico, el río Neckar, el puente viejo, los barcos panorámicos navegando por sus aguas, la iglesia del Espíritu Santo, la iglesia jesuita del Espíritu Santo y los edificios de la emblemática universidad mas antigua de Alemania, que se desperdigan por todo el centro...una preciosidad.


El "schloss" es un compendio de edificios que se fueron añadiendo según necesidades de los distintos moradores, en diferentes estilos según la moda del momento. El inicio, creo recordar, que fue en torno al s. XIII con el primer conde del Palatinado que decidió instalarse en Heidelberg. Lo que empezó como una fortaleza defensiva adquirió grandeza y esplendor con sus sucesores hasta convertirse en un magnífico y enorme palacio de jardines esplendidos "el hortus palatinus" que no llegaron a completarse por culpa de la guerra que enfrentó a católicos y protestantes.

John nos contó la historia del Sacro Imperio RomanoGermánico al completo, o poco le faltó. En resumidas cuentas, aquello consistía en una agrupación política de territorios bastante extensa y diversa a cuyo emperador lo elegían entre siete electores que podían ser obispos, duques, condes o príncipes. El palatinado del Rhin que es el que nos ocupa hoy, estaba liderado por la familia Wittelsbach, entre sus miembros famosillos Otón I, un par de emperadores del Sacro Imperio como Luis IV, mas recientes son Luis II de Baviera "el rey loco" y su prima, la emperatriz Sisi, aunque la colección era extensa.


Nos movimos hacia las ventanas al raso del palacio inglés construido por un enamorado Federico para su hermosa novia Isabel Estuardo, la casita debía estar a la altura de la señora y en el castillo no había nada digno de tal belleza. La vista desde este costado de la fortificación es espectacular, si no estuviera en ruinas quizás no sería tan fascinante. El edificio de las doncellas, el foso, la biblioteca… todo adquiere un encanto especial. En la esquina Oeste, la enorme torre gorda de 30m de diámetro, destechada, con dos reyes en sus hornacinas.


Unos pasos más allá llegamos a la puerta de Elisabeth, regalo de cumpleaños para Isabel de su amado en arenisca roja con montones de relieves con sorpresa: caracoles, ranas, lagartijas, ardillas… por cada una que descubriera la chica el premio era un romántico beso.

La entrada al patio del "schloss" se hace por “la torre de la puerta” Torturm que cruza el foso, antiguamente  había un puente levadizo. 
El otro grupo iba liderado por una chica llamada Francesca, romana, que les contó una leyenda a las puertas del castillo.
Del diario de Carmen H.: "había una vez una bruja que quería entrar con malas intenciones en el castillo, pero los guardias, sospechando sus intenciones, no la dejaron entrar. Muy furiosa, muerde la aldaba de la puerta y deja unas muscas de sus dientes en ella".


La vista de ese patio me impresionó, no me lo esperaba. Es enorme, es caótico, es un muestrario de estilos arquitectónicos que de una mirada abarcan 400 o 500 años. Cada edificio que compone este tesoro es magnífico, desde el más antiguo, gótico, de los primeros Wittelsbach, al  esplendor renacentista del rey Ottón. Suelen denominarse con el nombre de su patrocinador: Ottheinrich de Otón Enrique (el de la derecha con los emperadores romanos y héroes), Friedrich de Federico IV (el renacentista, de las figuras de antepasados en la fachada), Ruprecht (el mas antiguo a la izquierda de la entrada). El de los arcos estilo italiano que me encantó creo que era el edificio del salón de cristal o de los espejos.



El grupo de Francesca visitó el museo de la farmacia que se encuentra en el Ottheinrichbau, no lo llegué a conocer. Dos de las tres boticarias del grupo nos quedamos con las ganas. Antonio me contó que se distribuye en tres ambientes probablemente correspondientes a tres épocas. Vieron montones de utensilios para preparar drogas, albarelos, frascos, morteros, campanas, balanzas, cajoneras, y lo mejor, un cocodrilo y un pez globo perfectamente conservados. En su web hay mucha información.
Del diario de Carmen H.: bajamos a la farmacia: impresionante. La guía nos habla del cráneo humano, dientes de animales, cochinillas, lagartos...también hay minerales y plantas. Tienen un diente de narval que creían que era de unicornio. ¡Me ha encantado! Todas sus salas, tarros, ingredientes...¡que interesante!

Ya íbamos escasos de tiempo, bajamos a la bodega para echar un vistazo al barril más grande del mundo, desde luego que es grandote, como una casa de dos plantas y con una plataforma con balcón arriba. Tiramos alguna foto y salimos a la gran balconada para contemplar las magníficas vistas sobre el rio Neckar, afluente del Rin. 

Hubiera estado bien tomarse en la tasca de la bodega una cervecita con tapa de embutidos locales.

Nuestra visita al castillo acabó aquí, a las 12 debíamos estar en el bus con los demás y ya nos pasábamos 20 minutos.

Bajamos al centro histórico, Altstadt. El bus nos dejó frente al rio, junto a una oficina de información turística. Allí retomamos al guía y comenzamos a caminar. La lluvia amenazaba con hacerse presente.

Heidelberg tuvo la suerte de no ser bombardeada en la Segunda Guerra Mundial, conserva su arquitectura y trazado original del casco antiguo, iglesias, edificios universitarios, ayuntamiento, casas antiguas, plazas...todo su encanto. Si que sufrió un incendio importante durante la Guerra de los 9 años con los franceses. Luis XIV ordenó destruir el castillo y la ciudad, por lo que la mayoría del centro histórico corresponde a su reconstrucción posterior en estilo barroco.

 Lo primero que aprendimos fue la denominación de las calles: acaban en “straße” si son más anchas y paralelas al rio y “gasse” si eran callejones perpendiculares a las primeras aunque la regla algunas veces no se cumpliera.


Caminamos hacia la Karlsplatz, una bonita plaza con fantásticas vistas al castillo, rodeada de casas emblemáticas, una fuente un tanto extraña en el centro y unos árboles pelados con muñones en sus ramas que servían de marco a un retrato de bodas.


John nos explicó la distribución de las calles en una maqueta d e bronce situada en un lado de la plaza. Para situarnos en el Heidelberg barroco- renacentista. Cuál era la avenida principal, cuál la de las compras, los edificios y plazas principales…


Unos pasos más adelante nos topamos con la Kornmarkt  (plaza del mercado del grano) es otra placeta dominada por una fuente rematada por una Virgen negra preciosa, colocada ahí por los jesuitas y conservada a pesar de tanto protestante. El Rathaus (ayuntamiento) también lo encontramos por aquí compartiendo esquina con la plaza del mercado, a continuación.

 Llena de bares con terrazas y puestos de venta, el pub mas famoso de la ciudad el “Maxbar” ocupa uno de sus costados, en el centro, la fuente de Hércules, símbolo de la fuerza necesaria para la reconstrucción tras los conflictos  y la iglesia protestante del Espíritu Santo. A esta le salen unos alerones de sus muros a poco mas de dos metros del suelo, que sirven de tejado a los puestos de comerciantes anexados a su fachada.


Comentó el guía que este templo estuvo compartido durante algún tiempo por protestantes y católicos. Un muro divisorio separaba ambas confesiones para que pudieran celebrar incluso simultáneamente. Por dentro es bastante austera, con altas vidrieras que hubo que reponer tras la guerra, las nuevas, dedicadas a la ciencia son un tanto “raritas”, en una estaba escrita la ecuación de Einstein y la fecha del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima.


 La bienvenida la da un Martín Lutero reencarnado en un playmobil gigante. Es la iglesia del "catecismo de Heidelberg", un documento confesional protestante para enseñar la doctrina cristiana reformada. Dentro de esta iglesia se encontraba la "biblioteca palatina" que tras la Guerra de los 30 años acabó en el Vaticano.


A un costado del templo, nos detuvimos para admirar una bonita portada en piedra, una casa ocupada por un hotel, el Ritter con muchísima solera en lo alto. La única vivienda que sobrevivió al gran incendio provocado por los franceses para destruir la city y la más antigua de Heidelberg pues todo lo demás se quemó. Es la casa del caballero san Jorge, llamada así por la figura que culmina su fachada. Fue mansión de un comerciante de paños francés y posada en otros tiempos.


Del diario de Carmen H.: delante del café pastelería Gundel, la guía nos contó que existe un dulce típico de Heidelberg al que llaman "las bolas del rey" son bolas grandes de mazapán cubiertas por chocolate.

Una “gasse” más tarde estábamos ante la puerta monumental del puente viejo. Magnífica, con sus dos altos torreones blancos. Me recordó el puente de Carlos de Praga, sería el ambientazo que había.  


Al lado de la torre izquierda un montón de gente andaban tirando fotos, cuando se apartaron pudimos ver un feísimo mono de bronce con un espejo en la mano. Si tocas el espejo te haces millonario, si le tocas las patitas, vuelves a Heidelberg y si tientas los ratoncitos que están a su lado tendrás hijos. Eso cuenta la tradición popular, lo que no dicen es que te pasa si metes la cabeza dentro del mono. Alguno la metió. Entendí la misteriosa silueta que adornaba un espejo de la habitación del hotel. 

Vimos de pasada el elegante puente viejo de Carlos Teodoro, con sus nueve arcos, reconstruido en 1947, después de la guerra, pues los alemanes lo volaron cuando los americanos estaban a las puertas de la ciudad. Heidelberg fue sede americana en Europa durante la ocupación.

Y la lluvia comenzó a caer ya con mas ganas. Era hora de comer, esperamos al otro grupo para dirigirnos al restaurante donde debíamos estar a las 13:45h. Se trataba de una pequeña cervecería local cercana, Vetter’s Braustube, con buena cerveza. La llenamos. Desde fuera, por la ventana se veía una mesa vacía y fueron varios turistas los que picaron, tuvieron que irse pues faltaban algunos del grupo y no había sitio para nadie más.  De menú, ensalada y platazo variado con escalope, pastel de carne, salchichas y patatas riquísimas. Postre de crema con frutas. Demasiado para mi estómago de pajarito. Tuve la suerte de compartir mesa con el padre Mauricio, le conocimos un poquito mas hablando de lo humano y lo divino.

Tras la comida dispondríamos de tiempo libre para compras, café y temas varios. Algunos queríamos volver sobre nuestros pasos para comprar los chocolates de los besos de estudiante y explorar una tienda de bolas de navidad que vimos en la calle principal, Hauptstraße.

Conseguimos los chocolates en la chocolatería Knosel famosa por sus besos de estudiante, aunque no le quedaban los estuches baratos; conseguimos también las preciosas bolas en Inge-Glas, la mayoría carísimas pero muy bonitas y luego nos refugiamos en el café Romantic. Se estaba la mar de calentito, además, al otro lado de la calle,  había  una tienda enorme de recuerdos para turistas. Nos tocó una camarera súper agradable, chilena, eso nos vino de lujo: conseguimos los cafés en condiciones. Al rato pasó por la calle una manifestación pro-Palestina, imagino, por las banderas y pañuelos que asomaban aquí y allá.

Luego las señoras nos fuimos a gastar euros. Desde calcetines a licores, la tienda era un batiburrillo… todas picamos. A las 18h nos acercamos a la iglesia católica jesuita del Espíritu Santo. Allí estaban ya todos sentados esperando. 

Se trata de una gran iglesia barroca, luminosa, blanca por dentro, situada en la plaza de la Universidad. Perteneció a los jesuitas que llegaron durante la Contrarreforma, hasta que el papa Clemente XIV los eliminó de un plumazo.  En esta plaza se encontraba el antiguo convento de los agustinos del que ya solo queda el nombre de la calle, donde Lutero expuso sus tesis protestantes.



 El altar estaba cubierto por un ligero paño morado de tul al igual que las imágenes y crucifijos. David presidió la primera celebración de esta peregrinación y con mucho arte, vestidos de "lolailos", dio la bienvenida oficial a todos los renganchados, incluida una figura extraña, parecida a una bruja, sentada sobre la puerta de cristal de la entrada. Arte poco convencional. 


Acabamos tarde, una Eucaristía preciosa amenizada por la voz del padre Alberto al que oí mejor que nunca, que sirvió para reconfortar animas y aunar al grupo después del tiempo pasado.  Hubo recuerdo para los que se quedaron, en especial para los que andan "estropeadillos". Ojalá pronto los tengamos otra vez dispuestos para la guerra.

Un detalle recordado por el diario de mi comadre, la iglesia nos pedía 100€ por el servicio, así que decidimos dar 3€ por barba aunque muchos, habitualmente dejamos más. Es una de las normas no escritas.

Teníamos la cena en el hotel a las 20h, había que apresurarse para llegar al bus y por el camino, algunos se perdieron. Siguieron rectos por la calle principal,  les pegamos esquinazo sin querer y no se dieron cuenta. Durante todo el recorrido, el castillo nos regaló unas imágenes nocturnas preciosas.
Una vez reagrupados, volvimos al Atlantis a comer otra vez sin ganas, con estos horarios europeos las comidas se suceden con poco intervalo. 
La sopa de tomate aunque estaba fuerte me encantó y las albóndigas con espinacas y puré, yo que ya estoy en el club del yogurt no me he saltado una cena estos días. Como siguiera así, me volvía con dos o tres kilos más.
Por poner alguna pega al hotel, excepto la cerveza, que también, todas las bebidas fueron carísimas. La copa de vino a 14€ y tampoco era un caldo para hacerle palmas, un chupito de limoncello que nos pedimos algunas, a 8 €, de las bebidas espirituosas mejor ni hablar. 
Hablamos con la mêtre y nos pedimos las copas en la mesa, el pub estaba a tope y no nos iban a dejar entrar. Echamos el rato hasta la hora de irnos a la cama, andábamos un poco cansados. Si llega a estar doña Carmen allí, no se acuesta nadie, por lo menos hasta las 3 de la mañana.


Marta nos pasó la hojilla del día siguiente, sería una jornada tranquila de traslado para llegar a Offenburg. Cambiábamos de hotel y ciudad. 
El primer día en Alemania resultó muy bien, Heidelberg nos encantó, el tiempo aguantó mas o menos, y la compañía fue inmejorable. ¿Qué mas se puede pedir?


PHOTOS DE HEIDELBERG
pinchando en el enlace.


martes, 31 de marzo de 2026

SELVA NEGRA 1.- DE CEUTA A HEIDELBERG 20.03.2026

 Perú, apuntaban rumores allá por la semana santa del 25 tras la aventura de Vietnam y Camboya. Tan seguros estaban algunos aspirantes a peregrinos que solicitaron plaza a un padre David sin planes de  futuro inmediato, casi que no sabía ni de que le estaban hablando.

Tuvimos que esperar que entrase bien el otoño para conocer el siguiente destino: la Selva Negra. Mucho tuvo que ver el deseo de recuperar antiguos integrantes temerosos de países exóticos y lejanos, yo entre ellos. Pegarme 24h viajando de avión en avión no me seducía nada y menos las comidas, calores húmedos y bacterias estomacales de aquellas lejanas tierras, aunque fuera un viaje soñado durante bastante tiempo, me llegaba unos 10 años tarde.

Pilar, responsable de la agencia Destinos de Fe, se dejó ver en Ceuta unos días antes del señalado para la partida, a fin de presentarnos la ruta y aclarar dudas. La conocimos, nos encantó  y entendimos porqué David y el resto la consideraban ya parte del grupo.  

38 almas peregrinas: algunos novatos del año anterior que repetían experiencia,  arrepentidos de aquel peregrinar que nos reenganchamos en este y algún otro que abandonó tras el COVID por motivos de salud que consiguió plaza. Tres ausencias muy sentidas por lo inesperadas: Fito, Antonio y Tere. En el próximo nos veremos, seguro, si no antes.

La Selva Negra se nos presentaba como un viaje sencillo, fácil, con un par de grandes urbes como Frankfurt y Estrasburgo y varias pequeñas ciudades llenas de encanto e historia, además de un entorno natural de gran belleza por sus bosques tupidos, lagos helados y cascadas. Seguramente las temperaturas serían bastante frías, llovería e incluso podría nevar. Tuvimos de todo un poco. 

Prometía ser un viaje cómodo, sin grandes madrugones, diseñado casi  para descansar y disfrutar de los compañeros. Así ha sido, según a quien pregunte, aunque empezó "al borde de un ataque de nervios". 


Comenzábamos andadura el viernes en el ferry de las 10.30h Passió per Formentera, el lento de Balearia , el día anterior se metió un tremendo temporal de Levante. Tan tremendo que cortaron todos los barcos menos este y porque viajaban los del Ceuta que iban a jugar a Leganés (5-2 😒) así que el barco salía si o si, aunque echáramos la primera papilla. Como teníamos nuestras tarjetas de embarque, andábamos tranquilos. Con todo y con eso nos fuimos prontito al puerto, "fuera a ser".... Lo que fue, fue que aquello estaba abarrotado y encima salimos con dos horas de retraso,  a las 12.30h. Si no había mas inconvenientes, llegaríamos al aeropuerto de Málaga a las 15.30h, justos para  enlazar con el avión de Lufthansa a las 17h que nos trasladaría a Frankfurt


Hubo que embarcar a pie por la bodega, el meneíto del oleaje no permitía el uso de las pasarelas. Desde las 10 de la mañana estuvimos guardando cola en pie pues no hay donde sentarse en la zona de embarque, esperando que llegara el barco, desembarcaran  coches y pasaje y soldaran no se que cosa en la rampa del garaje. 

No se cuanto se habrá gastado el consistorio en reformar la estación marítima, ni quiero saber cuantos millones de euros han costado las infraestructuras para que pasaje y naves estén mas cómodos y sean mas eficientes. Tampoco tengo idea de quien ha diseñado todo esto. Lo que si se es que nos han dejado prácticamente sin zona para que los particulares vayamos con nuestro vehículo a dejar o recoger viajeros y que este señor o señora no tiene ni idea de lo frecuente que son los temporales que impiden, a veces, el uso de las pasarelas de embarque. Cuando el pasaje de a pie debe acceder al barco por la bodega, tal como está hoy en día la estación marítima planteada, es necesario bajar desde la primera planta al muelle por una escalera de hierro volada, estrecha y empinada, arrastrando maletas de mas de 20 kilos y con prisas, porque suele haber mucha gente y van con muchísimo retraso. Ya podrían ingeniar una sencilla rampa mecánica después de tanto derroche.

Llegando a Mijas el bus se paró, un atasco no le dejaba avanzar. Mr. Google nos informó de un accidente y obras que estrechaban la calzada. Anunciaba 25 minutos de retención. ¡¡¡Bufff!!! ahora si que se complicaba la cosa. Anye, Luis y Pilar andaban pendientes del grupo, no quitaban ojo a los mensajes del Wasap. En el bus, silencio tenso. 

Dando las 16h entrabamos en el aeropuerto de Málaga. Nos reunimos con nuestros tres peregrinos peninsulares que llevaban horas esperándonos, pensando que lo mismo había que buscar una alternativa: Mina, la madre de David, procedente de Palencia, nuestro peregrino choquero de raíces caballas, el padre Emilio y el padre Mauricio, madrileño, que se unió al grupo el año anterior y muchos conocíamos nada mas por las fotos.

Los chicos de los mostradores de la compañía Lufthansa con mejor o peor humor se aplicaron en la facturación y en menos de 15 minutos estábamos todos  pasando un control atestado de viajeros, la cosa prometía, lo mismo nos daba tiempo a comer algo. 

El embarque ya había comenzado cuando llegamos a la "gate", la mas lejana del aeropuerto no podía ser de otro modo un día como este. 

Entre prisas e  idas al baño, poco tiempo dio a comprar algo que llevarse a la boca, algunas mas espabiladas ya se lo traían cocinado de casa. En mi mochila llevaba un par de plátanos, algunas nueces y un paquete de almendras además de un par de bocatas que mi love pudo conseguir en el aeropuerto y que por supuesto cayeron enteritos. En el avión solo dan una pequeña botella de agua, el resto pasando por caja y aun así se agotaron hasta las papas fritas. 

 El vuelo duró exactamente 2,5h aunque los papeles indicaban 3, salió con puntualidad alemana.

Serían  poco mas de las 8 pm  cuando nos encontramos con Marta, nuestra acompañante para la siguiente semana que nos esperaba a la salida. Una chica polaca de Cracovia, agradable en distancias cortas, bastante preocupada por cumplir programa y horarios (lo que siempre nos ha importado un pepino), con un idioma español muy "indi", donde los artículos y las preposiciones desaparecían por arte de magia además de estar bastante marcado con las errrrressss. Sus expresiones nos han dado para un diccionario propio, paragüeses (paraguas), bares (barras de carga de los auriculares), sacristiano (sacristán), sol líquido (lluvia), sol helado (nieve)... y algunas mas a cual mas ingeniosa. 

Nos llevó caminando hasta el bus que debía estar en la otra punta de Frankfurt pues cruzamos el aeropuerto de lado a lado y eso que era el parking mas cercano a las "llegadas". Allí conocimos a "Máchin" (Martín) el responsable del bus de la compañía RAFTRANS para los próximos 7 días, un señor también polaco ya versado en tierras alemanas aunque con poca idea de "espagnolo", que  nos vendería el agua embotellada a 1€.

Después del saludo y la bienvenida, una vez en camino, Marta nos pasó una hojilla con el plan para el día siguiente. Esta seria la tónica habitual para los siguientes días, así tendríamos por escrito horarios y visitas.


A una hora de Frankfurt nos esperaba una cena fría en el hotel Atlantic de Heidelberg. y tan fría. En la nevera de la habitación un par de bocatas alemanes helados, rellenos de lechugas y pavo aguardaban nuestra llegada. Hambrientos como leones, los devoramos enteritos. Yo por lo menos. Luego saqué suficiente ropa de las maletas para los próximos dos días y nos fuimos en busca del bareto prometido.

El hotel es nuevo, un par de años lleva en el mercado. Se localiza cerca de la estación de trenes de Heidelberg pero en las habitaciones no se oye ruido alguno. Son de buen tamaño y muy cómodas, con plato de ducha en el baño, mejor. La recepción se encuentra en el primer piso, no en la planta baja, un poco extraño y en el ático localizamos el comedor y un pub que por lo visto está muy de moda entre los locales pues aquello estaba llenito. La encargada del 15 High, que así se llama, no nos dejaba pasar si no había sitio para sentarse. Tuvimos suerte pues Mercedes y Paco ya se iban y el padre Emilio andaba por allí sentado así que no le hicimos ni caso a la señorita, nos colamos  y algunos de pie y otros sentados cayeron un par de birras. A las once o´clock los nativos empezaron a abandonar dejando despejado el bar. Desde la terraza aun estando oscuro se ven vistas magníficas del pueblo, castillo incluido. Aunque hacía un friooooooo.....


Poco menos de la medianoche nos retiramos prudentemente a nuestras respectivas estancias. Comenzaba  así la decimosexta peregrinación,  número once para mi con los peregrinos agustinos de Ceuta.